
Hubo un tiempo en el que el indie español todavía olía a fotocopias, maquetas de cassette y programas nocturnos de Radio 3. En aquel paisaje en construcción aparecieron Inoxidables, dúo formado por Míkel y Ángel, dos universitarios salmantinos que decidieron mezclar la melancolía ibérica de Golpes Bajos con las sombras elegantes de New Order, The Chameleons o Echo & The Bunnymen. Más de tres décadas después, siguen empeñados en demostrar que algunas canciones no envejecen: simplemente aprenden a respirar más despacio.
El próximo capítulo de esa historia se titula El mapa de la herida, quinto álbum de una formación que regresó inesperadamente en 2018 tras un larguísimo letargo iniciado después de Azul (1996), aquel disco de culto que los llevó a compartir cartel con bandas como Los Planetas en plena explosión alternativa noventera.

El nuevo trabajo ya ha dejado varias pistas en el camino. Primero llegó “La danza de la muerte”, una reinterpretación contemporánea de las danzas macabras medievales envuelta en pulsión pop. Después apareció “No es mi guerra”, y ahora presentan “Lucanor”, probablemente una de las piezas más refinadas de esta nueva etapa: technopop elegante, melodías cristalinas y ese gusto por las atmósferas emocionales que siempre ha distinguido al grupo.
Lejos de la nostalgia hueca, Inoxidables siguen defendiendo una independencia casi artesanal, trabajando a distancia entre Asturias y Córdoba, ajenos a modas y algoritmos. Su música continúa moviéndose entre la épica contenida, las guitarras etéreas y la electrónica delicada. Como si el tiempo, en realidad, jamás hubiera conseguido oxidarlos.
Texto: Carlos López
https://drive.google.com/file/d/1a1fQ0rifmc8e5W7eHaGVIO_kwsQ69EPC/view






