
Siempre he sentido curiosidad por las bandas y artistas de blues nacidos en localizaciones, cuanto menos, inopinadas. Del Delta, de Chicago, de Memphis, Detroit y de muchos otros rincones de la geografía yanki, no sorprende que surjan nuevos talentos con mayor o menos asiduidad. Del Reino Unido y otras zonas de influencia anglosajona, tampoco. Pero de vez en cuando se encuentra uno con nombres nacidos en latitudes de los que uno espera cualquier cosa, menos blues. O blues rock, tal es el caso.
Kaleo, peculiar y poco intuitivo nombre tomado del hawaiano, surgieron en 2012 en Mosfellsbær, un pueblo de la costa suroccidental de Islandia, a unos 17 kilómetros al este de Reikiavik. Y uno, que todo lo que conoce de Islandia a nivel musical se reduce a Björk y Sigur Rós, no pudo en su momento más que sentirse intrigado por esa banda que, tras un primer disco homónimo, atrajo la atención de y se vio fichada por nada menos que Atlantic Records; reubicados en Austin, Texas, allí grabarían AB en 2015, un compendio de su mejor material hasta la fecha. Poco prolíficos en estudio a partir de ahí, a este le seguirían Surface Sounds en 2021 y Mixed Emotions el año pasado.
¿Y qué tiene todo este rollo de novedad y/o actualidad?, se preguntará el lector. Así de entrada, poca cosa es cierto. Pero la excusa para este texto es el reciente lanzamiento de AB en su edición de décimo aniversario, Deluxe con añadidos y la mandanga de rigor. Una ocasión perfecta para redescubrir a una banda que se mueve en ese territorio entre Black Keys y Jack White -salvando las distancias, obvia apuntarlo- en cuanto insuflan cierta frescura y desparpajo a un género, muchas veces, canónico en exceso. Desde las iniciales «No Good», «Glass House» o «Hot Blood» (si la primera les suena, es porque la escucharon en Vinyl, la de HBO), musculosas y contundentes, hasta el country blues de «Automobile» o ese pequeño hit que fue «Way Down We Go», las diez canciones de la edición original se ven ampliados en la presente con una versión “desnuda” de esta última, dos temas extra y cinco más en directo en unas salas que, por el nombre impronunciable, han de estar en Islandia sí o sí.
De nuevo, y como muchas veces ocurre en esta sección, se podrá aducir que parte de lo presentado, de blues tiene poco. Evidentemente, de eso va la cosa, básicamente. Y en el caso de Kaleo, aunque el blues juega un papel más que significativo, la diversidad es la que le da el punto más atractivo. Valga, como muestra al respecto, esa joya titulada «Vor i Vaglaskogi», una canción tradicional islandesa, rescatada de su álbum de debut para AB y responsable de conseguirles su primer contingente de seguidores en casa. Su escucha independiente soslaya el género que nos motiva, pero -como decíamos- su inclusión entre el resto de material aporta una lógica variedad que añade interés a una base ya de por sí más que atractiva.
Eloy Pérez






