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Zé Ibarra – La Nau (Barcelona)

La nueva música brasileña vive un momento de gran calidad (aunque claro, ¿cuándo no lo ha hecho la música de este país?). En concreto, lo que hace unos años podía parecer una anomalía luminosa alrededor de Bala Desejo se ha convertido en una constelación de nombres cada vez más sólidos, con Dora Morelenbaum, Julia Mestre o el propio Zé Ibarra ocupando un lugar central en la actualización de la MPB. Y lo de la otra noche de Ibarra en la Nau dejó bastante claro que es, probablemente, uno de los músicos más completos de toda la escena.

También el público decía bastante del asunto. Había muchos brasileños y portugueses en la sala, bastante gente cantando los temas y hasta Sílvia Pérez Cruz, detalle que no deja de tener sentido en un concierto como este: refinado, cálido y lleno de matices.

El concierto, donde un Ibarra vestido de blanco se hizo acompañar de una banda completa, arrancó con “Segredo”. Absolutamente todo lo que vino a partir de aquí sonó a Brasil, pero no a ese del tópico simpático de la postal tropical, sino a esa tradición que va desde Caetano Veloso y Milton Nascimento hasta Chico Buarque, y que entiende la canción popular como algo sofisticado y rico.

Junto a estas referencias, por momentos Ibarra parecía una especie de Father John Misty carioca, contemporáneo e internacional, del que podría recoger el punto de crooner moderno, elegante y algo teatral. Puede ser que la comparación suene algo raro, pero en el directo tenía sentido. Y es que sabe moverse y manejar el escenario muy bien.

Pero, desde luego, si hay que quedarse con algo, es con lo impresionante de su voz. Cuando se queda solo con la guitarra, el concierto entra en otra dimensión porque entiende el espacio y el silencio a la perfección. Esto quedó claro, por ejemplo, en “Da Menor Importância”, mientras que en “Infinito em nós” directamente se salió en su faceta más escénica. Es verdad que el sonido tuvo algún momento mejorable justo en los pasajes más expansivos, pero ni eso logró apagar una canción que funcionó como uno de los grandes picos de la noche.

También hubo espacio para una cercanía bastante simpática. Intentó hablar en una mezcla de portugués y español (¡portuñol!), pero aguantó lo justo y terminó pasándose al portugués, lo que acabó generando algunos momentos ciertamente simpáticos, como cuando presentó “Transe” explicando que nació después de meses de ghosting.

Cayeron también “Olho D’Água”, “Comanche” de Bala Desejo, “Ponto Final” y una versión de “Dos cruces” del laureado Clube da Esquina. “Hello”, de Sophia Chablau, quizá no fue el tema más redondo musicalmente, pero sí uno de los más aplaudidos por su carga política contra Trump y Estados Unidos.

Uno de los regalos de la noche fue “O Último Vôo”, tema nuevo del próximo disco que entrará pronto a grabar. Sonó realmente bien con una parte intermedia de teclados que parecía salir de Azymuth y una mezcla de suavidad y sofisticación. Si ese es el camino del nuevo material, hay motivos para estar bastante atentos.

Para el bis se presentó él solo con la acústica, acercándose a la tradición de João Gilberto, antes de despedirse con una versión desnuda de “Baile de Máscaras”, de Bala Desejo. Un final digno de todo lo anterior y que sirvió como perfecto resumen de las grandes dotes del de Río de Janeiro.

Texto: Álvaro Rebollar

Fotos: Meritxell Rosell

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