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The Sword + Earthless – Razzmatazz 2 (Barcelona)

 

The Sword 

Partiendo de la premisa de reevaluar su propuesta con el paso del tiempo para volver a ponerla en circulación y sostener el interés, la banda retoma una etapa, estilo o idea previa con el objetivo de reinterpretarla o reactivarla. En este caso, no se trata de generar una nueva perspectiva, sino de recuperar el punto en el que lo dejaron.

Al tratarse de un periodo de inactividad relativamente breve, no han caído en la nostalgia; de hecho, ni siquiera puede hablarse de un retorno, sino más bien de una reubicación dentro de su propia escena. Lo más relevante es que el público no solo no se ha olvidado de la banda de Austin, sino que, lejos de eso, la mantiene en una especie de culto reducido pero fiel.

Antes de comprobar si las expectativas de los asistentes se cumplían, desde San Diego, Earthless ofrecieron un show que, como es habitual, se adentró en ese terreno de “café para muy cafeteros”. Una propuesta que, aunque pueda parecer sustentada en desarrollos improvisados, revela un engranaje perfectamente ensamblado entre sus miembros, quienes, pese a sus incursiones en proyectos satélite (OFF!, Golden Void, etc.), mantienen intacta su formación como trío desde 2001.

Earthless 

En un formato de loop continuo, los temas se desplegaron en ciclos que comienzan y terminan en el mismo punto, repitiendo esquemas con fluidez y apoyados en dinámicas hiperconsolidadas. En esencia, una jam infinita, casi telepática y sin pausas, que atrapa al espectador sin que apenas lo perciba, envolviéndolo en su telaraña instrumental, incluido un guiño a Iron Maiden y solo se vio interrumpido por la normalidad con la aparición de las voces en la interpretación final de Cherry Red.

Proceder de una ciudad como Austin conlleva una carga cultural y sonora muy concreta, pero también abierta y con un punto de hiperactividad. Precisamente, los primeros temas elegidos por The Sword para abrir el show pertenecían a esa etapa en la que la banda decidió arriesgar y salir de su zona de confort: Empty Temples, Tears Like Diamonds y Mist & Shadow, de High Country (2015), junto a Sea of Green, de Used Future (2018), sirvieron para despachar de inicio ese periodo, como si quisieran quitárselo de encima cuanto antes para pasar a la pantalla de las guitarras afiladas y los choques de espadas.

Con el foco puesto en su debut Age of Winters (2006), el concierto se articuló en torno al culto al riff, desde esas raíces de hard rock americano que definen a la banda, moviéndose en un terreno de doom más ligero. Sin embargo, se echó en falta algo más de volumen y empaque. A pesar de resultar altamente disfrutable y ejecutado con precisión, ese terminó siendo el punto débil del show: la sensación de que podían haber ofrecido algo más, aplicando todas sus virtudes de una forma menos lineal.

Sería un pecado no rendirse ante interpretaciones como Tres Brujas, Iron Swan, Freya o Lawless Lands. Pero también lo fue dejar fuera del repertorio un tema como Night City, con un estribillo contagioso que habría invitado a moverse. Nos quedamos, en cualquier caso, con lo que sí sonó: un espectáculo estructurado por bloques según las distintas etapas de la banda, una idea que, aunque sobre el papel funciona, quizá habría ganado más combinando esos periodos de manera más natural.

Esto abre un interrogante: ¿seguirán apostando por la innovación en futuros trabajos o, por el contrario, volverán la vista atrás para recuperar las sonoridades de sus primeros pasos?

Texto: Oscar Fernández Sánchez

Fotos: Marina Tomás Roch

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