
La sala pequeña del Antzoki (llamada Kutxa Beltza, Caja Negra, en el piso de arriba y espacio cerradito) es un coto casi exclusivo para los muy cafeteros. Ya nos entendemos, los que siempre están porque van a formar parte de la liturgia rockera sin más intención que disfrutar de la electricidad.
Y mucha hubo con la visita de los suizos The Jackets. El trío, perfectamente uniformado con camisas negras de botonera blanca y cuellos de otra década, ofreció un espectáculo acorde a lo esperado. Garage infeccioso, con un toque punk acelerado y ganas de agradar con un set intenso, sin pausa y bordeando los setenta minutos, lo bueno si breve, dos veces bueno. Jack Torera (Jackie Brutsche es su nombre real, una polifacética artista, que le da a todo, música, cine, teatro… se notó) salió a escena con unas gafas de sol que firmarían los Toy Dolls y se las quitó rápido para mostrarnos sus ojos maquillados al estilo Alice Cooper (el de la banda setentera, no en solitario), ese estilo que bien copiaron Turbonegro.

Pero en la apuesta musical de The Jackets no hay mucho Alice Cooper, más bien tiran hacia la velocidad garagera, el fuzz infeccioso y una actitud maravillosa. No parar, como los Ramones, con un rollo teatral muy al estilo Screamin´ Jay Hawkins (“Coco Loco” fue el máximo exponente) y con una simpatía contagiosa de la líder, que sólo tuvo dos malos momentos, una queja a un fan en primera fila que estaba más concentrado en grabarlo todo con su móvil (“No cámara grabando, más gente bailando” vociferó la guitarrista y vocalista) y un encontronazo con uno que le tiró cerveza cuando se aproximó al público para pedir que le auparan para tocar por encima de ellos. Bonito mosqueo y bien justificado, es que hay gente que… en fin.
Pero respecto a lo musical, que es lo que más nos gusta, el arrollador comienzo con “Keep yourself alive” y “Be myself” fue una declaración de intenciones, no se toman prisioneros y hemos venido a patear culos. Tremendos, con un bajo que marcaba el ritmo de locomotora (Torera pidiendo más volumen, poesía) y moviendo a las primeras filas a base de caña. “Dreamer” y “Crossing Streets” mantuvieron a todo el mundo enchufado y la mencionada “Coco Loco” mutó la velocidad en fiesta ye ye, antes de caer una versión de The Wailers, “Hang up”, larga, intensa y que acabó con Jackie disparando al resto de la banda cual Lemmy con su guitarra.

Fin de fiesta, se mezclaron entre el público un minuto para tomar fuerzas y bis de dos temas (lo acortaron porque en principio era de cuatro, igual no estaba la vocalista muy contenta por el incidente anterior), finalizando con “Rock & Roll Band”, que es lo que realmente son. Y una banda así, real, de las que viven lo que tocan, es un lujo tenerla enfrente.
Texto: Michel Ramone
Fotos: Dena Flows






