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The Hangmen + The Lizards – Razzmatazz 3 (Barcelona)

 

«Si no has visto a The Hangmen en directo, deberías darte una patada en el culo».

Por mucho que la frase haya sido repetida y ampliamente documentada en su momento, la descripción que Mike Ness hizo de The Hangmen no ha perdido ni relevancia ni veracidad; más bien al contrario, encaja plenamente en el contexto actual de los angelinos. Es más, puede afirmarse que ambos cantantes se han retroalimentado en distintos momentos de sus respectivas trayectorias. Ness produjo In the City (2007) como fan declarado de la banda y admirador de la forma de componer de Bryan Small, y también como gesto de reciprocidad, después de que este último lo cubriera en una serie de conciertos en 2006, cuando Ness se rompió un brazo.

Lo cierto es que esa aura de serenidad —junto a la conciencia de haber sabido construir una carrera desde la sinceridad y la fidelidad a sus ideales— juega claramente a su favor. Probablemente a ello contribuya la lealtad de sus seguidores, que les transmiten la sensación de ser uno de los suyos. Sin embargo, ese mismo vínculo les impide acomodarse en una zona de confort: les exige mantenerse en constante movimiento, ofreciendo nuevas referencias que sigan cumpliendo las expectativas. Todo ello bajo un denominador común reconocible, pero incorporando distintas capas que se adaptan a cada momento vital y creativo de la banda.

La actual gira se articula en torno a la celebración del cuarenta aniversario de la banda, o, dicho de otro modo, cuatro décadas de pura supervivencia. Un recorrido que, teniendo en cuenta unos inicios marcados por el filo constante de los excesos y por parones de reajuste en todos los sentidos, se antoja casi un milagro. Todo ello para mantener viva la llama del sleazy rock en todas sus posibles derivados y caminos, siempre bajo sus propios criterios, mostrándose como auténticos supervivientes de estilo.

The Lizards

Como invitados especiales, la noche la abrieron The Lizards. Carla, Judith y Edgar trasladan al formato power trío toda la actitud necesaria para captar la atención desde el primer momento. Poco a poco, logran enganchar al público, ya sea con temas recientes como The Older I Get, The More Punk, de su nuevo disco Below the Surface (2026), como con algunos de sus clásicos, sin olvidar su particular homenaje al legado de Johnny Cash, llevado a su propio terreno. La suma de todos estos elementos dio como resultado un directo dinámico y sólido, perfecto para generar la tensión inicial que requería la noche.

Valorando la extensa gira que ya llevaban a sus espaldas, cuyo tramo peninsular concluía en Barcelona, el posible cansancio podría haber supuesto un hándicap. Sin embargo, el efecto fue justo el contrario: nos encontramos con una banda especialmente motivada.

Bajo el denominador común del característico sonido de guitarra slide, este recurso sirve para dotar de una actitud muy marcada a Small. Sin necesidad de grandes alardes sobre el escenario, se presenta como un frontman al que le basta una mirada, escondida tras sus gafas de sol, para dominar la escena. Eso sí, el apoyo de Jimmy James (guitarra), Angelique Congleton (bajo) y Jorge E. Disguster (batería) resulta básico. Entre todos evidencian una camaradería casi pandillera, que se traduce en una compenetración especial y en un sonido propio y perfectamente reconocible.

La banda no duda en alternar sus clásicos con algún tema nuevo como Real Blues, que se mueve dentro de los mismos parámetros y encaja perfectamente, ya sea situado tras Loners, Junkies & Liquor Stores o precediendo momentos especiales como Rotten Sunday. Fue precisamente en este último donde Small agradeció la asistencia del público, destacando su presencia allí en lugar de estar pendientes de un partido de fútbol decisivo que se jugaba a esa misma hora en otro punto de la ciudad.

Sin duda, uno de los momentos más destacados llegó con Downtown, un tema que podría considerarse definitivo dentro del repertorio de la banda y que marcó el camino de todo lo que vino después. En directo funciona como un auténtico punto de inflexión, activando definitivamente el show antes de encarar el final de su parte principal. Como cierre, visitan Russian Roulette, versión del clásico de The Lords of the New Church y que la banda lo ha tomado como propio.

Analizando el set de la noche, se evidenció que, pese a encontrarse inmersos en la gira con la que celebran sus cuatro décadas de trayectoria, el repertorio se apoyó principalmente tanto en sus orígenes como en su etapa más reciente.

En cambio, se prestó poca atención a trabajos como Lotería (2002) e In the City (2007), discos que probablemente representan su fase más pandillera y correosa. Aun así, las canciones escogidas de estos álbumes —Train y Blood Red— se reservaron para abrir el bis y cerrar el concierto, respectivamente, lo que evidencia su importancia dentro del set.

A nivel personal, considero que estos trabajos deberían haber tenido una mayor presencia en algunos de los pasajes más valle del concierto, ya que habrían contribuido a compactar y equilibrar mejor el recorrido por su historia.

Como apunte final, y si has llegado hasta aquí, cabe destacar que cuando Small se despojó de su chaqueta denim Levi’s y de la camisa western, dejó al descubierto una camiseta vintage de Circle Jerks, concretamente del álbum Group Sex (1980). Sin duda, una excelente excusa para volver a ese clásico.

 

Texto: Oscar Fernández Sánchez

Fotos: Marina Tomás Roch

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