
El rock & roll, el de verdad, siempre guarda sorpresas. Ya habíamos visto a Miguel Ríos en esta gira, el pasado noviembre en el Liceu Barcelonés. Así que esperábamos algo muy parecido, conocedores de que sería bueno y que él sigue aguantando el tipo, pese a que los 82 años le llegan el próximo 7 de junio. El repertorio, además, aguardó pocos cambios.
Pues bien, tal y como la buenísima banda saltó a escena y segundos después lo hizo Miguel, se notaba que había mucho más brío, más cohesión y todos estaban menos encorsetados. Es cierto que la gira ha rodado, que la banda está apretada como un puño, pero es que ahora esta banda está preparada para lo que haga falta. Claro, que es él la estrella del espectáculo, hablando de esa forma tan natural entre canción y canción, mostrando un tipo envidiable y, sobre todo, cantando como dios.
En los últimos años se le había ido algún gallo, alguna nota fallida aquí y allá que era lo justificable que pudiera justificarse a un hombre de esa edad, pero la exhibición del pasado sábado en Tarragona quedará escrita en los anales de la historia de los conciertos que ha visto esa ciudad. Sin cintas pregrabadas, sin más barrera con su público que el metro de distancia hasta la primera fila de asientos, solo con el portento de voz que dios le ha dado y que él ha mimado con estilo, elegancia y poca nicotina desde hace años.

Un momento: cuando paró la increíble «Todo a Pulmón» a su mitad porque él creía no estar haciéndole justicia. “Luis, para y vamos de nuevo desde arriba”, le dijo a su excelente pianista. Para después ofrecer la mejor versión que le he escuchado de esa gema. Momento glorioso. Como cuando perdió la amabilidad y le recriminó a un guarda de seguridad cómo estaba coartando la libertad de quién se levantaba de sus asientos para bailar en el tramo final del concierto: “Deja que la gente haga lo que quiera, esto es un concierto de rock & roll y ya no vivimos en los tiempos del franquismo. Me cago en dios”.
Aquello no era un paripé, ni una bromita, era un tipo comprometido con su gente y su oficio que no evitó ponerse colorado por haber protagonizado un momento que no fue agradable. Pero a ver, era “sábado en la noche”, habíamos sido “bienvenidos”, rezamos a “Santa Lucía” y nos bañamos “en el rio”. Ningún currante con ínfulas de querer ser el más top entre los miembros de seguridad, iba a aguarnos el festín. Me pregunto qué debió pensar el pobre tipo cuando Miguel se puso el pañuelo palestino y clamó contra los que golpean a la democracia día sí y día también.
En fin, fue, ya saben, una de aquellas noches. Eterno Miguel Ríos.
Repertorio:
- Bienvenidos
- Mientras el cuerpo aguante
- Oro Irlandés
- No estás sola
- Si pudiera parar el tiempo
- Vuelvo a Granada
- El río
- No es la tierra, estúpido. ¡Eres tú!
- Año 2.000
- Generación límite
- Estoy gordo (Luis Prado a la voz)
- Todo a pulmón
- El último vals
- El blues del autobús
- Insurrección
- Rock de la cárcel/ Johnny B. Goode/ Sábado a la noche
- Santa Lucía
- Oración / Himno a la alegría
Texto: Sergio Martos
Fotos: Alberto Belmonte






