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Marcos Valle – La (2) Sala Apolo (Barcelona)

Es curioso como Marcos Valle, un tipo que empezó grabando discos en los sesenta, sigue sonando en el 2026 más fresco que gran parte de la programación del típico festival de domingo diurno patrocinado por cerveza artesanal. Y es que, el concierto de Barcelona no se basó en la nostalgia (que algo había de eso, claro), ni tampoco estuvo dedicado a los coleccionistas de vinilos brasileños (que también un poco), ni estuvo dirigido a la población brasileña de la ciudad condal que quiere escuchar a uno de sus ídolos. No, lo de su concierto en el Apolo fue, directamente, una fiesta.

Desde el instrumental inicial con el que comienza a calentar su banda ya quedó del todo claro por donde iban a ir los tiros: mucho groove, teclados cálidos y ritmos cariocas. Después cayó “Água de côco” y Valle, al piano, empezó a recordar que sus canciones tienen una virtud bastante rara: nunca parecen antiguas. “Wanda Vidal”, con los coros de Patricia Alvi (su mujer y colaboradora habitual), funcionó precisamente por eso. Porque Marcos Valle ha entendido algo que muchos artistas veteranos jamás terminan de aceptar, y es que los temas viejos hay que saber reactivarlos, pero preservando su color original.

Recuerdo una vez anterior en Barcelona, compartiendo escenario con los legendarios Azymuth, con quienes mantiene una conexión natural más allá del país de nacimiento. Las líneas de teclado, los desarrollos jazzeros del trio y la gracia para alargar los temas ya estaban en el universo de Valle desde hace décadas, solo que en su caso aparecen cruzados por una intuición pop muy poco común. Ahí está parte de su valor: temas viejos que no necesitan modernizarse porque sobreviven a las modas por sí solos. No por nada sus canciones llevan décadas siendo reivindicadas no por capricho de coleccionista, sino porque siguen teniendo uso. Y es que detrás del repertorio soleado hay uno de los más grandes compositores de Brasil, que domina el virtuosismo a la perfección.

“Não tem nada não”, la coreada “Samba de verão”, “Que bandeira” o “Mentira”, seguramente uno de los momentos con más rollo de toda la noche, dan buena fe de ello. Luego está lo de “Estrelar”, un tema gigantesco, hipersampleado hasta el infinito, con una letra bastante ligera incluso para sus propios estándares, pero imposible de resistir.  Con “Bicicleta” llegó otro de los momentos más celebrados. No por casualidad la imagen de la mítica portada recibía al público en la entrada del recinto. Quizá no sea su mejor canción, pero sí una de esas piezas que ya funcionan casi como patrimonio cultural.

El bis con “Os Grilos” dejó una sensación muy concreta: esto se hizo cortísimo. También porque es difícil cansarse de un concierto que entendió perfectamente que se gana mucho cuando haces bailar al personal. Marcos Valle lo hace con una naturalidad insultante.

 

Texto: Álvaro Rebollar

Fotos: Marina Tomás Roch

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