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Eric Clapton – Palau Sant Jordi (Barcelona)

 

Esa primera vez frente a uno de tus referentes que siguen en pie y, por lo constatado en esta gira, en más que buena forma, que te quedaban por escrutar en directo. Uno de esos momentos en los que transitas entre el respeto casi sagrado hacia el artista con el solo de “Double Trouble” de “Just One Night” en mente, y el temor racional hacia el hecho de que pueda habérsete pasado el arroz.

Se abre el cajón de los deseos cuando suenan las primeras notas de “Badge”, para permitirnos comprobar que tras casi sesenta años del Goodbye de Cream, el tema sigue sonando vigoroso y convincente y los dedos pulsando con octogenario acierto. Paso a Big Bill Broonzy y su llave de la autopista brillando segura y con la luz del airbag encendida, y un “Hoochie Coochie Man” inmaculado, y de manual antes de afrontar la de los Wailers logrando asomar por momentos aquella sombra del sheriff que Marley convirtió en amenaza y leyenda.

Las digitaciones continúan funcionando con una precisión admirable, pero arrancan aplausos lentos como cuando cambiaba las cuerdas entre canciones en su época con Yardbirds (de ahí Slowhand), porque todo suena educado y en su sitio, sin alzar la voz, exactamente como debe, pero sin filo o la sensación de que algo pueda romperse en cualquier momento.

 

Máximas pulcritud y prestancia goteando solo emoción en proceso de destilación, salvo para aquellos que saben no tirar de recuerdos o de la oportunidad de volver a tener de cara al tipo más de veinte años después. Porque claro que impresiona y que sigue existiendo algo enorme en la sola presencia de Clapton sobre un escenario, que la historia pesa incluso antes de tocar una nota…

Tiempo de recrear el Unplugged de la MTV en un pase central acústico entendible, pero también el momento en el que te das de bruces con la ineludible realidad de que no es posible reducir un Palau Sant Jordi ordenado y domesticado a un Jukejoint de Clarcksdale MS, cuando suenan los primeros compases de la primera que caerá de Robert Johnson. “Golden Ring” suena más tediosa que un disco entero de Knopfler y “Tears in Heaven” obtiene a la par lagrimillas y bostezos.  Antes, “Layla” había llegado laid-back pero algo cansada, aun conscientes como éramos de que el riff eléctrico quedó encerrado bajo llave hace años e imaginando a Harrison pensar sin acritud al escucharla que “All things Must Pass”

Vuelta al enchufe con la inocua “Holy Mother” y dos más de Johnson con lucimiento de Stainton al piano y Carmon al órgano, profesionales con nombres que suenan ya a marcas de teclados para una labor honesta y pluscuamperfecta, aunque sin mugre ni polvo ni nada maligno, porque en el cruce de caminos no queda rastro del peligro.

Un pase tan medido y sobrado de oficio, rutinario incluso a ratos en sus noventa minutos escasos, que, durante algunos de estos, llegas a transportarte inevitablemente a una oficina a la hora de la siesta y sin lanzamiento de carpeta de disco que acorte la jornada laboral, hasta que “Cocaine”, rocosa y vibrante, te devuelve a la realidad.

 

Desde luego no hay reproches a la previsibilidad del guión, no hay decepción posible cuando uno entiende que acaba de agenciarse un trozo de leyenda supurando genialidad, y asume que el propósito del encuentro no consiste ya en incendiar nada, sino en contemplar de cerca una pieza fundamental de la historia antes de que desaparezca definitivamente. Porque el privilegio existe, y pesa.

 

Texto: Frank Domenech

2 Comentarios

  1. Sanfreebird

    Bien Frank. Respeto a una leyenda. A un grande. Fue un concierto magnífico. Salut.

  2. Ramón LopeZ

    Fui con mi hijo de 26 años al concierto; su universo musical es otro pero ha “mamado” rock desde su infancia y estuvo en el Sant Jordi para presentar sus respetos ya que es consciente y entiende a quien tenia encima del escenario…
    Disfrutamos enormemente con su música y yo muy emocionado de compartir el momento con mi hijo…un privilegio siempre
    Frank, la última parte de tu artículo es el
    resumen perfecto que da respuesta a por qué hemos ido al encuentro de Eric Clapton el pasado día 10 de Mayo….
    Tal y como comentó un compañero tuyo hace unos días “.. y el póster se descolgó de la pared y se plantó en el escenario”

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