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Cam Cole – Razzmatazz 3 (Barcelona)

El británico es un artista que ejemplifica a la perfección el loco mundo en que vivimos. Actuaba en las aceras como un músico callejero más, pero los vídeos filmados y subidos a las redes sociales por algunas de las personas que se detenían a verlo comenzaron a hacerse virales, acumulando centenares de miles de reproducciones. Y así, de pronto, se encontró con un eco mediático inesperado que, junto a una aparición en la serie de TV Ted Lasso, terminó de consolidar su meteórica ascensión hacia la profesionalización.

En la ciudad condal no logró llenar del todo la sala, ante un público compuesto a partes iguales por locales y turistas ingleses. Artista y séquito se presentaron ataviados como una troupe circense, incluido el técnico de sonido, una imagen que encajaba a la perfección con la destartalada furgoneta aparcada a las puertas del recinto: un vehículo que bien podría haber salido de la película Sirat, viajando de rave en rave por el desierto. Todo ello acompañado por una escenografía digna de un teatrillo del Soho londinense, con baúles, quinqués, gramófonos, farolillos luminosos y un gran hipnodisco girando al fondo para crear una sugestiva ilusión óptica. Queda claro que no ha perdido de vista de dónde viene.

Musicalmente funciona mejor, en mi opinión, cuando se aferra a lo más básico: a las crudas raíces del blues, con la guitarra mojándose en aguas del Delta y el aparato percusivo de pie marcando el compás, pura esencia one man band. Ahí es donde realmente resulta atractivo, rugoso y crudo, capaz de hacer que tan venerable género conecte con generaciones más jóvenes. No ocurre lo mismo cuando abandona el barro para acercarse a otros estilos: canciones más relajadas con briznas de pop o riffs pesados de escuela stoner. En esos momentos, las composiciones se vuelven más previsibles, provocando un menor impacto en la audiencia —el volumen de las conversaciones subía varios tonos— y perdiendo parte de su magnetismo.

Aun así, incluso en sus momentos menos inspirados, tiene algo que cada vez resulta más difícil de encontrar: autenticidad. Porque, más allá del artificio y de la viralidad que han catapultado su carrera, su propuesta es honesta y parece conectar con el público durante buena parte del concierto. El tiempo dirá hacia dónde encaminará musicalmente sus pasos y lo lejos que pueda llegar.

Manel Celeiro

Fotos. Marina Tomas Roch

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