
Escenas de dudoso gusto —cuerpos arrugados y musculados tomando el sol, jardineros de mirada desviada, coches tuneados, cheerleaders bailando en funerales ficticios, serpientes, motocicletas de motocross quemando rueda, tarántulas entre manjares o perros rabiosos— forman parte del imaginario visual de la banda de Baltimore. Todo ello ya los convierte en una rara avis por sí mismos, y más aún dentro de una escena como la del hardcore.
A este universo hay que añadir su propia estética: enfundados en pantalones de chándal Adidas, camisetas Fred Perry y gafas de sol más propias de un crucero de jubilados, junto a dentaduras repletas de oro, trenzas mexicanas y tatuajes, dejan claro que aquí no hay reglas que cumplir. Al contrario, el objetivo es precisamente salirse de la norma.
En directo, todo lo anterior se traduce en inmediatez: una propuesta que vira hacia lo esencial, pero aplicada bajo sus propios códigos, sus esquemas personales y donde todo pasó muy rápido. La banda afronta en 2026 su paso por el viejo continente con apenas ocho fechas repartidas entre festivales y salas, siendo la del club milanés —con más aspecto de discoteca de tarde y ubicada en un callejón de extrarradio industrial— la primera de todas ellas.
Como es habitual en este tipo de eventos, se genera un concepto de comunidad en el que se da cabida a varias bandas locales para ampliar el cartel y, en definitiva, buscar la máxima repercusión y beneficio para todas las partes implicadas. En este caso, los turineses Rope abrieron la noche aplicando un estilo distintivo, claramente influenciado por aquella vuelta de tuerca al género que en su momento llevaron a cabo bandas como Glassjaw o The Blood Brothers, y que funcionó a la perfección para generar las primeras sensaciones.
Desde algo más cerca de Milán (Cinisello Balsamo), Aurevoir Sofía simplificaron las formas con un sonido más metalizado y letras en italiano, apostando por estructuras más coreables, aunque con un vocalista que buscó aportar cierto punto de excentricidad.

Si una banda pertenece a la escudería de Revelation Records, es garantía de género. Speedway forman parte de este sello, y su álbum A Life’s Refrain llega desde Estocolmo. Desarrollaron un show rápido, quizá excesivamente ceñido a los parámetros del estilo: corto, directo y efectivo, provocando los primeros pogos entre el público. Eso sí, destacó la implicación de todos sus miembros y los solos de corte metalizado que extrajeron de sus guitarras Charvel.
Algo que quedó patente en Angel Du$t fue la sensación de estar ante una banda situada claramente en una liga superior a la media: seguros de sí mismos y plenamente conscientes de encontrarse en su “prime”, en ese punto donde solo tienen que dejarse llevar para demostrar su valía. Su nuevo material lo respalda, y en algo más de cuarenta y cinco minutos lograron dejarnos altamente satisfechos, estructurando un set en tres bloques diferenciados, separados por breves introducciones y samplers, y alternando temas de toda su discografía.
Intro. De manera suave, ubicándonos en contexto, DU$T pasó de la calma a la acción de inicio. Sonó como debería, es decir a uno de sus mejores temas, claro indicador de por dónde transitaría el concierto: Toxic Boombox, al que siguieron Space Jam, Take My Love, Headstone y The Knife, desembocando en The Beat, una pieza clave donde se imponen los giros estilísticos. Sin un instante de respiro ni una sola bajada de intensidad, la banda controlaba por completo una sala entregada en todos los aspectos.
SAX sample. Un colchón de sonido grabado de saxofón, con aroma de música de ascensor, sirvió para afinar y tomar aire. Justice Tripp aprovechó para recordar que tenían nuevo álbum y dar paso a un segundo bloque con el tema que le da título, Cold 2 The Touch. A este le siguieron Love Slam, Brand New Soul —con esa mezcla de furia y pop—, I’m The Outside, On My Way y un contundente cierre con Set Me Up, seco y directo.
NEY MAN sample. Dejando a un lado el material más reciente, la mirada se fijó en el retrovisor para recuperar la faceta más directa y básica de la banda. Así enlazaron Turn Off the Guitar, Bad Thing, Let It Rot, Sippin’ Lysol, Stay y Stepping Stone, completando una de esas noches en las que todo encaja: sonido sólido, denso y aplicado sobre un repertorio de canciones altamente adictivas en todas sus facetas.
Todo ello me lleva inevitablemente a recordar a formaciones como Snot o 311, que llevaron esta fórmula un paso más allá. Ahora entiendo cómo estos últimos sonaban en emisoras de rock clásico americano durante el viaje que hice hace un par de años por Texas.
¿Estamos ante uno de los álbumes del año con Cold 2 The Touch (2026)? Evidentemente, sí.
Texto: Oscar Fernández Sánchez
Fotos: Sonia Eireos Gallarin






