Papel

Kae Tempest – Paral·lel 62 (Barcelona)

 

 

Coincidiendo prácticamente con el lanzamiento de su colaboración con Kneecap, Kae Tempest visitó España para presentar su última novela, Una vida buscando (Random House). En su segundo acto en nuestro país tras el de Madrid, primero de los dos previstos – al día siguiente habría otro en la Llibreria Finestres – en Barcelona, se contó con la colaboración de la escritora Virginie Despentes. El inglés y la francesa aparecieron sin demasiada ceremonia y, enseguida, desplegaron un ejercicio cómplice de preguntas y respuestas: “Si no te gusta esta, pasamos a la siguiente, tengo muchas más”, llegó a decirle la segunda en un episódico momento de titubeo de su interlocutor. La autora de Vernon Subutex se expresa de manera directa y la conversación desde un inicio se aleja del mero acto promocional para trasladarse a un diálogo más personal y desde luego mucho más interesante centrado especialmente sobre la creación artística.

Vergüenza y fragilidad son conceptos a los que se aludirá en más de una ocasión, también el de herida: la herida como desencadenante del proceso creativo, pero también como el destino de ese mismo proceso: “Sabía que quería escribir sobre la herida y que, si lo hacía, habría cosas a las que sabía que me tendría que enfrentar, aunque no sabía exactamente a cuáles en el momento de empezar”. Con respecto a los personajes que habitan la novela, Tempest se encontró con una sorpresa, reveladora posiblemente de su madurez como escritor: “Pongo a los personajes en unas escenas, imagino su mundo, les hago hablar… pero en un momento dado ya deja de ser tu propia voz, el misterio parece habitarlos y empiezan a hablar con su propia voz. Nunca me había pasado”. En cuanto al miedo a la página en blanco evocado por Despentes, el británico fue tajante: “No existe el bloqueo creativo, solamente el miedo a escribir mal” Y otra frase, con la que este cronista se identifica plenamente: “Los plazos de entrega son lo que me hace escribir. ¡Si no hubiera plazos de entrega, no sé lo que haría”!

Finalmente, Tempest, despide a la novelista francesa “¡Como amo a esta mujer!” exclama, provocando que la marea de aplausos que empezaba a remitir se embravezca nuevamente. Después, silencio, hasta que una vez que ha encontrado la concentración necesaria Kae se lanza al recitado de un fragmento de su última obra: su voz sostiene toda la tensión. Hay algo hipnótico, sí, pero sobre todo hay precisión: las pausas, los silencios, el peso de cada frase. No es una lectura, sino una forma de ejercicio físico, de fusionar cuerpo y texto. El público responde con una atención cercana a la devoción, hierático. Finaliza el acto, ovación cerrada de un público entregado. Una vez recobrada la calma, recordamos el consejo que el escritor daría a su yo joven y que querría hacer extensivo a los adolescentes trans y a sus padres: “Seguid adelante, por favor. Siempre adelante. Continuad viviendo lo suficiente, continuad viviendo porque al final las cosas pasan. Las cosas pasan. Estamos aquí. Seguid adelante” Keep going.

 

Texto: Cristóbal Cuenca

Foto: Damiá Bosch

 

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