Papel

Emmanuel Carrère – Koljós (Anagrama)

 

 

 

Aunque tiene novelas recomendables (El bigote, de corte kafkiano, o Una semana en la nieve) y una estupenda biografía sobre Philip K. Dick (Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos), es en el terreno de la narrativa de no ficción donde Emmanuel Carrère (París, 1957) ha encontrado su muy fecundo terreno literario. Y aquí tenemos libros excelentes como El adversario, Una novela rusa, De vidas ajenas o el desgarrador reportaje V13, sobre los atentados de París en 2015. Pero seguramente su obra cumbre sea Limónov, la biografía novelada del controvertido y prolífico escritor ruso Eduard Limónov (merece la pena leer Soy yo, Édichka o Historia de un servidor, por ejemplo).

El nuevo libro de Carrère, Koljós, pertenece a esta categoría de no ficción o autoficción, y podría considerarse una continuación de Una novela rusa, pues vuelve a entrelazar historias de su familia con la Historia en mayúsculas de los últimos 100 años (la revolución bolchevique de 1917, la descomposición de la Unión Soviética o la guerra de Ucrania), con especial énfasis en la vida de sus padres. De lectura adictiva, Koljós contiene multitud de situaciones y personajes, como la increíble la historia del piloto afgano que casi secuestra a su madre para poder casarse con ella. Pero en esencia es una especie de larga carta de amor y despedida (con luces y sombras) dirigida a su madre, Hélène Carrère d’Encausse. Ésta, de origen ruso y especialista en temas soviéticos, se disgustó tanto con la publicación de Una novela rusa que estuvo distanciada de Emmanuel durante dos años. Su padre, Louis, amenazó con suicidarse cuando descubrió que su esposa tenía un amante.

Emmanuel, por su parte, confiesa haber acudido al psicoanalista unos 30 años (!) para hacer frente tanto a los demonios familiares como a los suyos propios y a su perenne sensación de no encajar en sociedad. A este respecto, sobre su participación en el jurado del festival de Cannes (Carrère también ha dirigido películas, como la muy interesante Ouistreham), comenta: “No trabo vínculo con nadie, no dejo ningún recuerdo en nadie: un escritor francés huraño, torpe, que quizás escribe buenos libros, a saber, pero que no te deja la menor impresión en la retina”. Además de descubrir tardíamente su trastorno bipolar (tema que abordó en Yoga), que también sufrió su abuelo Georges, Emmanuel habla de sus inseguridades hasta el punto de confesar: “Creo que soy un buen padre y un amigo pasable, pero en pareja, tarde o temprano, llega la debacle […] Siempre llega un momento en el que ya no saben a quién tienen delante (ni yo mismo lo sé). O, mejor dicho, sí lo sé, lo sé muy bien: soy el rostro de mi madre que se aleja sin remedio, soy la angustia sin fondo de mi padre”.

 

Texto: Jordi Planas

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