Encuentros

Michael Weston King, escribir para sobrevivir

Marcado por una tragedia imposible de encajar, el regreso en solitario de Michael Weston King se convierte en uno de los trabajos más dolorosamente honestos de toda su carrera. Nothing Can Hurt Me Anymore nace tras el asesinato de su nieta y transforma el duelo en un cancionero de enorme carga emocional, pero también atravesado por la necesidad de seguir viviendo. Conocido igualmente por su trabajo junto a su pareja Lou Dalgleish al frente de My Darling Clementine, Weston King construye aquí un disco donde conviven la devastación, la rabia, la reflexión política y algunos destellos de calma. Hablamos con él, ampliando la entrevista que puedes encontrar en nuestro número de mayo. Lo hicimos sobre cómo la escritura terminó convirtiéndose en refugio, sobre la exposición mediática del dolor y sobre un álbum que, lejos de recrearse en la oscuridad, busca también una forma de curación.

 

El álbum nace de una tragedia personal devastadora ¿En qué momento escribir canciones se convirtió en una necesidad más que en una elección?

Escribir canciones ha sido una necesidad para mí durante la mayor parte de mi vida, incluso desde finales de mi adolescencia. Corazones rotos, finales de relaciones, divorcios, separaciones familiares, la muerte de mis padres… siempre he escrito canciones para documentar lo que me ocurría. Es lo que hago. Así que era inevitable que también acabara escribiendo sobre esta tragedia.

 

Has comentado que tanto Lou como tú necesitabais procesar el duelo por separado ¿Qué diferencias ves entre vuestros procesos creativos en este contexto?

Trabajar con tu pareja, y además que esa pareja sea tu esposa, tiene sus propios retos y también implica cierto grado de compromiso. Yo no quería comprometer absolutamente nada en este disco. Estas canciones tenían que sonar exactamente como me sentía y expresar mi visión personal de todo lo ocurrido. No solo respecto a Bebe, también sobre el momento vital en el que estoy ahora, entrando en los sesenta, y sobre todas las emociones que me atravesaban entonces. No quería compartir ese trabajo ni alterar esa visión con la opinión de nadie. Creo que ha funcionado. Sé que para Lou también será positivo. He escuchado las canciones de su nuevo disco y son increíblemente poderosas. Las ha escrito completamente sola, sin mi interferencia. A veces necesitas esa claridad absoluta y no tener ninguna otra voz alrededor, para bien o para mal. Y creo que en este caso ha sido claramente para bien.

 

«The Golden Hour» mezcla la pérdida personal con una mirada hacia las reacciones sociales y políticas ¿Fue difícil equilibrar lo íntimo y lo público?

No realmente. Simplemente escribí algunos de los acontecimientos de aquel día terrible y de las semanas posteriores. Eso incluía recuerdos personales, pero también comentarios sobre el comportamiento de otras personas.

 

El disco se abre con un tono épico que recuerda por momentos a Springsteen ¿Buscabas deliberadamente esa sensación de amplitud para una historia tan dura?

No lo planeé así. Cuando terminamos las once canciones sentí que «The Golden Hour», con esa introducción tipo “Thunder Road”, era la apertura perfecta. Además, con un tema tan delicado, quizá la gente esperaba que el álbum empezara con algo mucho más sombrío, pero yo no quería establecer ese tono desde el principio. Este disco habla de dolor, claro, pero también de curación, de la belleza de la vida y de la alegría que todavía existe.

 

La canción que da título al álbum tiene un aire oscuro, casi gótico ¿Qué te llevó hacia esa estética cercana a Nick Cave?

La verdad es que yo la escucho más cerca de Townes Van Zandt que de Nick Cave. Es un blues menor, algo que Townes utilizaba muchísimo en canciones como «Waiting Round To Die» o «Marie». Él siempre ha sido una gran influencia para mí y creo que, sin pensarlo demasiado, terminé escribiendo dentro de ese estilo suyo. En cuanto a Nick Cave, entiendo las comparaciones porque ambos hemos atravesado pérdidas terribles y hemos utilizado la música como una forma de catarsis. Sé que escribir me ha ayudado a sanar y, por lo que he leído, a él también.

 

«Die of Shame» pone el foco en el tratamiento mediático de la tragedia ¿Crees que la prensa cruzó ciertas líneas?

Absolutamente. Pero siempre lo hacen. El dolor ajeno no les impide perseguir una buena historia. Son buitres. En realidad, esa canción no fue escrita para este disco. Mi amigo, el escritor Mark Billingham, había publicado una novela titulada Die Of Shame que iba a convertirse en serie de televisión y pensé en escribir un tema principal para ella. Finalmente eligieron adaptar otro libro suyo y aquella canción quedó incompleta y sin destino. No encajaba en un disco de My Darling Clementine, así que estuvo guardada durante años. Después de todo lo ocurrido en 2024, especialmente con el acoso de los paparazzi y las cosas terribles que llegaron a hacer para conseguir información personal, comprendí que podía reutilizarla. Gran parte de la letra ya era oscura y giraba alrededor del asesinato, como suele ocurrir en las novelas de Mark. Con algunos cambios terminó reflejando mi propia experiencia con esos buitres.

 

En «La Bamba In The Rain» hablas de identidad, banderas y discurso político ¿Sientes que el clima actual del Reino Unido ha influido directamente en tu escritura?

No necesariamente el momento actual. Me he vuelto más político con los años y eso se ha reflejado claramente en mis canciones. Llevo más de veinte años escribiendo temas con contenido social. En mi disco The Struggle ya había canciones protesta y en 2011 grabé un álbum entero centrado en eso, I Didn’t Raise My Boy To Be A Soldier. Siempre me ha interesado esa vertiente. Uno de mis grandes héroes como compositor es Phil Ochs. Pero sí, toda esa tendencia reciente en Reino Unido hacia el nacionalismo de bandera, la intimidación hacia migrantes y refugiados y el auge de la extrema derecha es exactamente de lo que habla esa canción.

 

Video Premiere: Michael Weston King “The Golden Hour” – Americana UK«Sally Sparkles» es probablemente uno de los momentos más íntimos del disco ¿Cómo fue enfrentarte a una canción tan personal?

Fue la primera canción que escribí tras perder a Bebe. Apenas dormía, como puedes imaginar. La escribí muy temprano una mañana y prácticamente salió entera de una vez, en unos veinte minutos. Todo fluyó desde el momento en que imaginé que la presentaba sobre un escenario para actuar, algo que a ella le encantaba hacer.

 

Pese al peso emocional del álbum, también hay momentos más luminosos como «A Field of Our Own» ¿Sentías la necesidad de dejar espacios para respirar dentro del disco?

Muchísimo. Después de las tres primeras canciones, que son bastante intensas a nivel lírico, sentí que el cuarto tema debía cambiar el ambiente y dirigirse hacia algo más sereno y reflexivo. Distribuí deliberadamente las canciones sobre otros asuntos a lo largo del álbum, ya fueran el hecho de mudarnos al campo, encontrar una nueva forma de felicidad, el envejecimiento o los recuerdos sobre mi madre. Quería que el disco tuviera variedad emocional y musical.

 

Musicalmente has dicho que no es exactamente un disco de country ni de americana. ¿Cómo definirías su sonido?

Desde luego no es un disco de country y la verdad es que estoy bastante cansado del término americana. Es un álbum de cantautor con matices de pop, rock y folk. Un disco de historias, pero también muy centrado en la melodía y en una aproximación clásica a la composición. Es un álbum para cualquiera que disfrute de la música de Leonard Cohen, Nick Cave, Townes Van Zandt, el primer Springsteen, Bacharach & David, Elvis Costello, John Hiatt, Squeeze, Ron Sexsmith, John Barry, Anthony Newley y Leslie Bricusse, Bobbie Gentry o Judy Sill.

 

Has trabajado con varios músicos y con Colin Elliot en la producción ¿Qué aportaron a un disco tan personal?

Produje el álbum junto a Clovis Phillips en algunas canciones y junto a Colin Elliot en otras. Evidentemente ambos conocían mi situación y creo que emocionalmente también les resultó difícil trabajar con este material. Especialmente a Colin, que además mezcló el disco y tuvo que escuchar estas canciones una y otra vez. Los dos son padres y entendían perfectamente la dimensión de la pérdida que estaba atravesando. Pero también son músicos extraordinarios. Aportaron muchísimo talento, sensibilidad y comprensión al resultado final.

 

Después de una obra tan marcada por la pérdida, ¿sientes que este disco cierra una etapa o que seguirá influyendo en todo lo que escribas a partir de ahora?

Es difícil saberlo. Voy a sentir esta pérdida el resto de mi vida, pero no sé si seguiré escribiendo sobre ella. He compuesto algunas canciones nuevas recientemente y, de momento, hablan de otros temas. Tal vez ya he escrito todo lo que necesitaba escribir sobre esto y me parece bien si es así. Estoy muy satisfecho con el trabajo que he hecho para documentar todo este proceso. Aunque imagino que en momentos más silenciosos o más bajos, cuando vuelva a pensar en Bebe, quizá aparezcan más canciones del estilo de «Sally Sparkles».

 

 

Eduardo Izquierdo

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