Encuentros

Manuel Álvarez Trío, jazz porque sí

 

 

 

 

El reconocido contrabajista barcelonés Manuel Álvarez presenta en el Festival Mas i Mas, de Barcelona, el próximo viernes 08 de mayo en Jamboree y junto a su nuevo trío, su último disco: «What we are here for». Para saber más sobre su nueva formación, junto a Ignasi Terraza al piano y Mark Taylor a la batería, conversamos con el músico.

En los últimos años has estado acompañando principalmente a Ray Gelato de gira, entre otros artistas ¿cómo has vivido estos últimos años girando con otros músicos?

Me fui a vivir a Londres en 2010 y en 2013 un poco por un golpe de suerte y también por recomendación de varios colegas músicos empecé a tocar ocasionalmente con Ray, hasta que en 2016 ya entré a trabajar con él a tiempo completo, en todos sus proyectos. Yo venía del mundo del jazz más staightahead y Ray hace más swing y R’n’B por lo que al principio era un proyecto que musicalmente no comportaba mayor complicación… aparentemente! Ha sido con el paso de los años que he ido comprendiendo la dimensión artística de Ray y he comprendido con profundidad la mezcla de estilos que  hace. Visto desde la perspectiva actual, 13 años después, a menudo siento que lo que he aprendido en esa banda es insustituible y me siento totalmente privilegiado de poder seguir tocando en ella, viajando constantemente por el mundo y haciendo una música que realmente conecta con el gran público sin perder un ápice de autenticidad.

Además de jazz, también has incursionado en otras músicas como el folk, el flamenco o la música latina, ¿qué dirías que han aportado a tu musica todos estos proyectos paralelos?

Como ya te habrás dado cuenta los músicos de jazz podemos ser un poco frikis del jazz, supongo que porque es un género que requiere mucho estudio y mucha dedicación. Eso hace que a menudo perdamos el mundo de vista y no seamos capaces de apreciar otros géneros. Pues bien, ese no es realmente mi caso y, aunque he pasado por momentos de más intensidad en relación al jazz -y precisamente ahora estoy en uno de ellos-, yo siempre he escuchado un poco de todo, aunque sobre todo escucho géneros que son afines al jazz, aunque probablemente no en el sentido más amplio del término. Me siento muy identificado con el jazz mainstream.

Es una música que lleva 40 años acompañándome y que he ido descubriendo y conociendo pero no es la única música que siento cercana. El flamenco, por ejemplo, aunque es una música que he tocado poco, desde luego mucho menos que el jazz, es una música que siento muy próxima y que realmente me «toca», que realmente entiendo de qué va, de qué emociones me habla. Eso mismo me pasa con el jazz. Es como un hechizo del que no puedes escapar. Aunque reconozco que no me pasa con todo lo que hoy en día llaman jazz. Me cuesta muy poco tener ese sentimiento con la música con la que crecí. En cambió me cuesta mucho más con cosas que son más actuales ya que no acabo de encontrar ningún punto de unión. Digamos que hay músicas que literalmente me abren todos los chakras, y cuando conoces esa sensación, lo que no te abra los chakras ya no te vale.

En una entrevista reciente dijiste que no es necesario ser un entendido para apreciar el jazz, ¿crees que todavía siguen existiendo algunos prejuicios al respecto de esta música?

De hecho lo que quise decir es que «no se DEBERÍA TENER QUE ser un entendido para apreciar el jazz». Para mi eso va en relación con lo que comentábamos en la pregunta anterior. O la música te abre los chakras o no te los abre. Y eso no tiene que ser necesariamente igual para todo el mundo, claro. Yo lo encuentro con unas melodías, unos ritmos y unas emociones determinadas. Otra persona lo encontrará con otras emociones, otras melodías. También hay momentos en la vida para todo. Pero yo busco eso y pienso que es la mejor manera de disfrutar la música. Sí que es cierto que la música, sea cual sea, hay que conocerla, y que cuando más la conozcas posiblemente más la apreciarás, pero la emoción siempre tiene que estar ahí. Yo no creo que haya prejuicios, los había más en el pasado. Lo que hay quizás es desconocimiento, y falta de dedicación. También es cierto que vivimos en un momento en el que la mayoría de las cosas se crean para ser consumidas instantaneamente sin que requieran dedicación alguna. Eso no ayuda para nada.

En los últimos seis años has estado viviendo en Menorca, cuéntanos por qué te estableciste allí y cómo ha sido tu relación con la escena local durante este tiempo.

Fui a parar a Menorca por la pandemia. En 2016 tuvimos la suerte de poder comprar una casa de pueblo antigua que con el tiempo hemos ido rehabilitando y cuando surgió lo de la pandemia estábamos en Londres y nos pareció que era una oportunidad única para poder estar unas cuantas semanas en Menorca. Luego  mi pareja perdió el trabajo que tenía en  Londres  y coincidió que nuestro hijo acabóla escolaridad y como de todos modos no habían bolos  decidimos quedarnos en Menorca… que en realidad era nuestro sueño de toda la vida. Luego las cosas se fueron recuperando y yo ahora estoy viajando por conciertos constantemente, pero muy feliz de poder compartir esos dos mundos: el mundo real y Menorca.

En Menorca también he conocido muchos músicos -es una isla muy muy musical- y tengo varios proyectos. Uno de ellos es con un grupo de folk que se llama Figues d’un altre paner.  Recuperamos canciones tradicionales,  principalmente menorquinas pero también de las otras islas y las actualizamos, las reharmonizamos, les ponemos ritmos más actuales y a veces retocamos un poco las letras o añadimos letras nuevas. Salvando mucho mucho mucho las distancias es como lo que hizo el Paco de Lucía Sextet con el flamenco. He de decir que muchas de estas músicas recuerdan mucho al flamenco aunque debido al aislamiento muchas de ellas  han evolucionado muy poco.

«What we are here for» es tu segundo álbum y, en él, has tratado de salirte del mainstream jazz y abrir tú música a otras experiencias. Cuéntanos cómo ha sido la grabación del álbum y la elección de los diferentes standards que lo componen.

El primer disco que hice a mi nombre fue un tributo a Ray Brown en 2008. Desde entonces he grabado para otros artistas pero yo no he hecho nada a mi nombre, y no por falta de ganas. Supongo que tenía el «síndrome del contrabajista»: estás tan dedicado a servir lo mejor que puedes a la música de los demás que acabas perdiendo un poco la noción de quien eres tú. La verdad es que me sentía muy perdido y no sabía por donde empezar. Paradójicamente fue el hecho de estar en Menorca, donde a veces tengo un poco más de tiempo para mi que el que tenía cuando vivía en Londres y, sobretodo, el hecho de darme permiso a mi mismo para no hacer un disco de jazz, que empezaron a venirme las ideas y acabé haciendo lo que más o menos se hacer, que es jazz. Fui escogiendo standarts de jazz que me gustaban, o que en algún momento me habían tocado por alguna razón especial, y escribí algunos arreglos, por lo general bastante sencillos, para hacérmelos más míos y tocarlos como a mi me apetecía.

Tenía también muy en mente mis contrabajistas favoritos. Fue una época de escuchar mucha música y ver como hacían las cosas los músicos que me gustaban y de ahi fui cogiendo cosas de aquí y de allá. Luego le pedí a Gunther Kurmayr, que es el pianista con el que hice la grabación y con quien hemos tocado juntos durante quince años, que también está en la banda de Ray Gelato, que acabara de pulir los arreglos, también para hacerse los temas más suyos, y la verdad es que fue todo muy fácil y muy fluido. Luego le pedí a Mark Taylor, a quien había conocido recientemente en una gira por el Reino Unido y con quien enseguida nos entendimos muy bien si quería participar en el proyecto y dijo que sí. La grabación fue rapidísima. Yo había reservado dos días de estudio pero el primer día en seis horas ya lo teníamos casi todo grabado. El resultado es un disco que, yo creo que tiene mucho jazz pero al mismpo tiempo tiene muchas otras cosas y realmente lo siento como muy mío.

¿Cuál dirías que es la mayor diferencia entre tocar con otros artistas y liderar un proyecto propio?

El viernes pasado presentamos el disco en el Menorca Jazz Festival. Era el primer concierto que hacíamos con este proyecto y no tuvimos prácticamente tiempo de ensayar y aunque probablemente el público no lo llegó a notar hubieron algunos errores, pequeñas cosas sin realmente demasiada importancia que no acabaron de salir como las habíamos grabado o como yo las había escrito. Recuerdo que después del concierto Mark Taylor me dijo que él no estaba muy contento con su propia actuación y a mi me sorprendió porque Mark es un musicazo como la copa de un pino y me hizo pensar: me di cuenta de que cuando hago de sideman yo también estoy preocupado por los pequeños errores que es inevitable que se produzcan pero, en cambio, como lider yo estaba super feliz porque yo quería transmitir una idea musico-emocional muy concreta y eso es exactamente lo que hicimos.  La respuesta del público fue buenísima y eso está muy por encima de cualquier error o cualquier desajuste que pueda haber en la música.

El público es siempre quien acaba dando sentido a la música, ¿qué esperas a este respecto del público que venga a veros al festival Mas i Mas? Y, sobre todo, ¿cómo ves tu reencuentro con tu ciudad, Barcelona?

Sí, eso viene de un juego de palabras con el tema de Duke Ellington «What Am I Here For?» que es uno de los temas del disco y  que me inspiró para poner el nombre al disco: «What We Are Here For» …que se presta a mucha interpretaciones. Una de ellas es precisamente esa, que la música sin el oyente no tiene ningún significado y es cada oyente el que le pone su propia interpretación, que a veces puede estar realmente alejada de lo que el compositor quiso decir en su momento. Eso es importante porque significa nada más y nada menos que la música somos todos. En cuanto a lo otro, yo hace casi 25 años que no vivo en Barcelona, y en los últimos quince creo que he tocado unas cuatro o cinco veces, pero desde 2010 nunca con mi propio proyecto. Estoy seguro de que vendrán muchos amigos y mucha gente que conozco y eso siempre hace mucha ilusión pero al mismo tiempo impone bastante respeto. Tampoco soy ya el mismo músico que cuando me fuí, yo me siento muy diferente, he aprendido muchas cosas por el camino, creo que he madurado un poquito y tengo muchas ganas de compartirlo.

Tocar en el Jamboree va a significar también un reencuentro con Ignasi Terrasa, a quien conoces ya desde hace varias décadas, ¿cómo vives este reencuentro?

Si, aunque con Ignasi, especialmente en los últimos cuatro o cinco años nos hemos ido viendo y a menudo toco en su trío en algunos proyectos. La verdad es que con Ignasi hemos vivido unas cuantas aventuras musicales y nos conocemos mucho, con lo cual, aunque siempre impone respeto y hay que estar con los oídos bien abiertos, siento que nos conocemos mucho y tenemos muchos códigos comunes, y eso facilita mucho las cosas.

Texto: José de Montfort

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Contacto: jorge@ruta66.es
Suscripciones: suscripciones@ruta66.es
Consulta el apartado tienda