Encuentros

Emilia, Pardo y Bazán, canciones a 24 latidos por segundo

 

 

 

Nos calaron a la primera con “El mal de la juventud” (21) y su lirismo fresco, crudo e irónico, más un extra de melodías, eclecticidad sin complejos y distorsiones a quemarropa; para terminar de consolidar la identidad de la banda con “La fiesta que me prometiste” (24).

Emilia, Pardo y Bazán (Sergio Sanguino, voz y letras; Paula García, bajo y coros; Ada Martínez, batería y coros; Pepe Sánchez, guitarra y teclados; y Carmen Giménez, teclados y coros), vuelven más cinematográficos que nunca, reconquistándonos con “Qué ha sido de los planes que hicimos anoche cuando estábamos borrachos” (26), frase que pronuncia Gary Oldman en la “Parthenope” de Paolo Sorrentino y que nos persigue durante más de una mañana de resaca.

Si miráis por el retrovisor, ¿cómo ha sido esa búsqueda de voz e identidad de la banda? ¿Tuvisteis claro siempre hacia donde queríais dirigiros o ha sido un proceso de “prueba y ensayo”?  

La verdad es que no solemos mirar atrás, no estamos pendientes de lo anterior. Vamos haciendo según se presenta el día. Inevitablemente, como decía Neruda: “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos” y en algo se nota. Seguimos haciendo las cosas que nos laten más fuerte, abordamos en las canciones lo que nos rodea, la cotidianidad, con todo lo que eso conlleva: el hastío, el desacuerdo, la visión amarga de ver como las expectativas van cayendo como fichas de dominó que alguien (o nosotros mismos) empujamos dejándolas caer. No sabemos nunca qué será lo próximo. Con estas nuevas canciones, de forma natural, ha salido un álbum con una luminosidad más cercana a las raíces, pero no estaba previsto. Nada está previsto en Emilia, Pardo y Bazán, salvo el juego y la jarana.

Habladnos un poco del proceso creativo de “Que ha sido de los planes que hicimos anoche cuando estábamos borrachos” (26) y de esa conceptualidad cinematográfica de latidos rotos que, en este disco más que en ningún otro parece unificar sus surcos.

Ciertamente, las canciones fueron compuestas en un tiempo breve, con cierta continuidad, eso confería al álbum un aire de una sola canción que transitaba de un sitio a otro. Guille Mostaza así lo entendió al escuchar la propuesta y, prácticamente, grabamos el disco en directo. Guille propuso un disco que no fuera una agrupación accidental de canciones, sino una sola historia que sin buscarlo cumplía con los principios de los cuentos: Fantasía (siempre que se aborda el pasado o se escribe sobre él hay una dosis enorme de invención), peligro, resolución y consolación. Son varios relatos dentro del mismo, dentro de una misma vivencia.

Siguiendo con ese pulso cinematográfico que suelen tener muchas de vuestras composiciones, contadnos esa unión especial que tiene Emilia, Pardo y Bazán con el cine. ¿Qué películas diríais que han podido marcar de alguna manera este nuevo disco?

El encuentro con el cine tampoco fue algo que buscáramos, nació de forma natural. Quizá porque al componer, el pasado vuelve a veces en 35 milímetros, probablemente en un intento por mejorarlo o hacerlo más solemne, más digno, más hermoso. El cine es algo que nos rodea, no sabemos si el cine emula la cotidianidad o si es la cotidianidad la que nutre al mismo. Igual aprendimos a besar viendo películas. Como banda nacimos en la puerta de un cine, al igual que con la música que escuchamos somos muy heterodoxos con el cine que consumimos, desde “La Dolce Vita” de Fellini a “Fast & Furious”, de las pelis de Eloy de La Iglesia a Carla Simón, nos interesa todo. Todo no, casi todo. La cúspide de nuestra carrera sería que hicieran una peli sobre nosotros, un detestable biopic de esos en los que dulcifican los problemas, la tensión, el abuso de sustancias, el tedio y la desesperación que acompañan a cualquier banda (risas). Solo de pensarlo nos hace gracia. Los biopics nunca acaban de molar del todo y el nuestro desembocaría en dos cosas terribles: nuestro círculo cercano se enteraría de cosas que no saben ni sabrán nunca y, lo peor, sería un fracaso de crítica y público

Centrándonos en las canciones, pero siguiendo esos “24 fotogramas por segundo”, hacemos una parada en Antón Martín, bajamos por la calle Santa Isabel y entramos en el madrileño Cine Doré, donde están proyectando una peli francesa subtitulada… “Tú tan rubia y yo tan tonto”.

Una canción muy confesional, una relación cuyos ladridos resuenan de lejos como un perro a quien alguien ha encerrado y se escucha por la noche sin dejarte pegar ojo. Bueno, un intento más de conquistar la capital y con ella a un tinte del número 8. Ver películas en el Cine Doré y salir creyendo que eres Jean-Paul Belmondo es una sensación que se esfuma cuando te reconcilias con tu yo real, el del pueblo, el que si ama algo profundamente es que no se lo merece.

Los surcos giran y los temas bailan alrededor de una hoguera, cerca de una playa, una piscina o un río, en la herida abierta de par en par. Melancolía sonora resplandeciente que araña y sana al mismo tiempo, con letras que nos llevan a ese verano del que nunca salimos del todo…

Todos los años vuelve julio y agosto, pero el verano no. El verano solo existe cuando hace calor y eres feliz… y la putada existencial es que mientras la felicidad te acompaña, no sabes que está a tu lado o quizá nunca esté. Pero en el recuerdo la metes en la ecuación. Ni idea. El verano es un momento maravilloso, a veces. Si viajas, si tienes aire acondicionado, si alguien te extiende la crema y pinta con ella su nombre en tu espalda (risas). No sabría explicarlo, cada verano en una esperanza de que todo salga bien y a veces acaba y solo tienes fotos en las que no te gusta como sales. El verano da para mucho, de hecho el invierno se inventó para dar tiempo a la humanidad para planificar el verano perfecto.

Pero no todo va a ser buen tiempo, “No hay nada más triste que una Navidad sin ti”, un “Acto de vanidad” que se convierte en el no villancico de la banda.

Es que la Navidad es la etapa más cruel, neoliberal, triste y perversa del año. Celebra quién puede, quién tiene recursos para hacerlo, quién puede regalar y tiene regalos al despertarse ese día… Pero mientras sucede toda esta impostura consumista, los bombardeos, el hambre y la tristeza siguen latiendo en otra parte del mundo, sin mencionar a gente que está sola o sin hogar. Desde hace algunos años (desde que “reina” Isabel) Madrid se ha vuelto una ciudad fallida y hostil, si a eso le sumas cortilandia y que ponen “Love Actually” en la tele todo el tiempo, dan ganas de volver al pueblo. Si tienes pueblo al que volver, claro.

Para terminar, primero “pido perdón por la Navidad pasada y el verano que viene”. No tenemos remedio, ¿no? Al final siempre terminamos pidiendo perdón… Y en este “Pido perdón” hasta se pide “alegremente” y por adelantado. Con regusto, por cierto, al Nacho Vegas más juguetón y amargo.

Nacho Vegas siempre en nuestro cora. Pedir perdón, disculparse está bien, pero es un recurso obsceno y que parece ser suficiente. Aquí jugamos con la ironía de lo insustancial de esas palabras. Pedir perdón es un acto que apenas arregla algo. Mañana pide perdón el genocida de Netanyahu y ¿qué hacemos?, ¿le perdonamos? O imagina que Francisco Franco después de 40 años de terror aparece un día como entelequia y presenta sus disculpas a todos los muertos que todavía están en las cunetas, o los maltratadores a sus víctimas bajando la cabeza en gesto lastimero, como el perro que destroza la casa y luego pone ojitos. Esa canción es pura ironía. Hay cosas que pueden perdonarse, otras… Ni olvidó ni perdón.

Y cierre con luminosos teclados, pero la oscuridad de las guerras sentimentales y la herida a flor de piel en “Mariposas”.

Muy de herencia sentimental italiana, con esa imagen de las mariposas o las polillas… tendemos a confundirlo cuando se trata de amor. Es como el canto del cisne del disco, cuando va a morir es cuando se pone hermoso de verdad.

Antes nombre a Nacho, del que ya me dijisteis en veces anteriores que hablamos que era uno de los referentes de la banda, y que a mí siempre me resuena en vuestras canciones ¿Para cuándo colaboración entre Emilia, Pardo y Bazán y Nacho Vegas? Desde Ruta la aprobamos completamente y nos ofrecemos como celestina si fuera necesario.

Cuando el guaje quiera ponemos nuestro savoir faire a su servicio. No solo es referencia, en Nacho Vegas se advierten muchas líneas, como la protesta en las canciones y una herencia mexicana al hablar de amor, con José Alfredo Jiménez apareciendo y desapareciendo en sus versos, y nosotros rezamos a José Alfredo Jiménez y a toda una herencia lírica mexicana que creo que compartimos con el asturiano. La colaboración, por favor, que sea en México, sentados en una mesa del Tenampa y ¡tequila para todos! A ver quién tumba a quién. Nacho, si estás leyendo esto, acepta el desafío, ¡una noche en Plaza Garibaldi!

Texto: David Pérez Marín

 

 

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