Encuentros

Dash Rip Rock, crunchy guitars, humor desafiante y resistencia sureña

Desde New Orleans, y con más de tres décadas pateando escenarios, Dash Rip Rock ha sido una anomalía feliz dentro del rock americano. Demasiado punk para el country ortodoxo, demasiado sureño para la ortodoxia indie, siempre fieles a una fórmula de power trío que combina guitarras crujientes, humor insolente y una identidad profundamente louisianesa. Ahora regresan con A Song In Everyone, un disco directo al hueso producido por Bobby Matt Patton (Drive-By Truckers, The Dexateens), que captura como pocas veces la electricidad salvaje de sus conciertos. Hablamos con su líder, Bill Davis, sobre humor desafiante, big pharma, versiones desatadas y esa fe inquebrantable en el rock’n’roll como forma de resistencia.

 

A Song In Everyone suena como Dash Rip Rock reducidos al hueso. ¿Fue una decisión consciente dejar las canciones en guitarras crujientes, bajo sucio y batería directa al mentón?

Cuando tocamos en directo eso es exactamente lo que hay. Tres tipos exprimiendo los instrumentos al máximo. Pero capturar eso en cinta no es tan sencillo como parece. Bobby Matt Patton y los ingenieros de sonido que reunió consiguieron dar con el sonido adecuado. Henry Barbe, Clay Jones y Starlin Browning tuvieron mucho que ver. Había muchísimo talento en aquella sala. Basta mirar sus Discogs. Clay ha trabajado en proyectos que van de Buddy Guy a Modest Mouse. Henry ha participado en trabajos de Drive-By Truckers y de Laura Jane Grace. Starlin tiene un oído increíble para las mezclas. Además, en Dial Back había equipo vintage alucinante colgado de las paredes y lo aprovechamos al máximo.

 

Lleváis mezclando country y punk desde mucho antes de que alguien hablara de “alt-country” ¿Cómo se mantiene viva esa fórmula después de quince discos sin caer en la nostalgia?

No tengo ninguna fórmula y nunca he tocado un solo tipo de música. Nací en Nueva Orleans y he vivido toda mi vida en Luisiana, salvo unos años en Nashville. Mi madre era de Georgia, así que tengo acento sureño. Rock, cowpunk o lo que sea que haga… el acento aparece y enseguida la gente te llama alt-country. Es verdad que Dash fue una de las primeras bandas haciendo versiones aceleradas y punk de cosas como «Jambalaya» o «White Lightning». Eso venía de crecer soportando toda la mierda de Luisiana y de la iglesia baptista mientras descubría el rock, la new wave y el punk desde muy joven. Y mi padre adoraba el country de verdad.

 

Desde que empecé nunca he dejado de escribir canciones nuevas. Rock, cowpunk, baladas indie, jangle pop o lo que salga. Y sobre la nostalgia, Dash nunca ha dejado de girar ni de grabar. No hay tiempo para mirar atrás cuando estás ocupado tocando, escribiendo y cargando la furgoneta. La música honesta y emocionante nunca pierde fuerza para mí. En Nueva Orleans ves músicos increíbles que envejecen haciéndose todavía mejores. Cuando era joven pensaba que los veteranos eran los más cool. Me imaginaba convertido algún día en un pistolero curtido como Bo Diddley o Carl Perkins. Una vez fui a recoger a Bo Diddley al aeropuerto y tuve que cargar con su guitarra. Ha sido una de las cosas más increíbles que he me han pasado en mi vida.

 

El disco está producido por Bobby Matt Patton, de Drive-By Truckers ¿Qué aportó al estudio alguien que también viene de una banda con una identidad sureña tan marcada?

Bobby Matt viene del mismo lugar mental de punk sureño que yo. Lo conocí cuando tocaba en los Dexateens. Nos curtimos en algunos de los mismos garitos, festivales, fiestas caseras y antros inmundos, aunque en épocas distintas. Sí llegamos a coincidir una noche en el Nick de Birmingham antes de que entrara en Drive-By Truckers. Matt entiende perfectamente nuestro humor desquiciado, conoce la historia del grupo y está familiarizado con nuestros discos. Es un músico-productor. En Dial Back tenía clarísimo qué quería sacar de este álbum y nos llevó justo hacia ahí. Habla poco y tiene esa educación sureña que hace que incluso sus indicaciones suenen amables. Y además es jodidamente divertido con ese humor seco tan suyo. Confiamos completamente en su criterio.

 

Dash Rip RockLa revista UNCUT habla de vuestro “humor desafiante” como una forma de esconder una visión cansada pero generosa del mundo. ¿Escribir canciones te ayuda a seguir riéndote de todo o simplemente evita que acabes harto de todo?

Supongo que soy una persona cínica pero esperanzada. El mundo es tan extraño ahora mismo que casi necesitas el humor para compensar la realidad horrible. Siempre he visto las ironías de las cosas. No creo que escriba canciones como terapia. Las letras y las melodías simplemente aparecen en mi cabeza. A veces me siento y escribo, pero muchas otras una frase surge de golpe. Me encanta tocar canciones ingeniosas en directo y sentir la reacción inmediata. Me gustan las bandas que parecen divertirse y que están gastando bromas constantemente sin decirlo de forma explícita. Wade Hymel, nuestro batería, es un escritor increíble y también tiene esa mezcla de cinismo y esperanza. Su canción «2 Much 2 Do» en este disco es rarísima y muy intensa.

 

«Pain Pills Never Expire» dispara contra las farmacéuticas y la religión organizada ¿La canción nace de la rabia, de la ironía o simplemente de ver repetirse siempre la misma historia en Luisiana?

El estribillo salió de una discusión sobre si cosas como el Tylenol, la salsa picante o los pepinillos caducan o no. A partir de ahí creció el resto. Es un himno para seguir rockeando pese a todo. Habla de la absurda tragedia de tanta gente siendo estafada por predicadores corruptos, farmacéuticas, las miserables condiciones de vida o incluso por ellos mismos. Tiene un punto de vista de adicto rural a las pastillas y de cómo las cosas siempre pueden ir a peor. Va sobre mirar toda esa estupidez, odio y mezquindad… y seguir adelante igualmente. Grabarla con Bobby Matt fue perfecto porque entendió enseguida la esencia del tema. La línea sobre Rush Limbaugh fue idea suya y nos encantó. Y no habla solo de Luisiana o del Sur. Toda esa basura y esos engaños están por todas partes en Estados Unidos y en el mundo.

 

Dash Rip Rock siempre ha sabido ser político sin sermonear ¿Crees que burlarse del poder es más efectivo que señalarlo directamente?

Yo expreso mi visión del mundo en mis canciones. A nadie le gusta que le den lecciones. Me encanta la gente y conectar con ella en los conciertos, pero en Estados Unidos he pasado mucho tiempo sobre escenarios viendo a personas lanzarse botellas unas a otras. He tocado varias veces en Europa y adoro al público de allí. Nuestro viejo amigo y productor Jim Dickinson tenía una expresión para el rock and roll universal. Lo llamaba “world boogie”. Creemos que ya va siendo hora de una gira europea de buena voluntad para reconstruir puentes después de terminar estas fechas en Belice y Honduras. Así que ya sabéis, llamad al 1-800-DASHKICKSASS si necesitáis una banda de Luisiana lista para volar cabezas.

 

Desmenuzáis «Mean Mr Mustard» como si los Beatles hubieran crecido tocando en honky-tonks perdidos en carreteras secundarias ¿Qué os atrae de llevar canciones ajenas a vuestro propio universo?

A The Beatles les encantaba la música de Nueva Orleans. Eran fans enormes de Fats Domino, Clarence ‘Frogman’ Henry y Allen Toussaint. Empezamos a tocar «Mean Mr Mustard» como si Huey P. Smith & the Clowns se hubieran apoderado de ella. Tiene ese boogie de jukebox sesentera que siempre hace salir a bailar a la gente. La original de Abbey Road era apenas un fragmento escondido dentro del medley de la cara B. Con el tiempo me aficioné a la demo de Lennon en Anthology, que incluía un estribillo. Así que recuperamos el estribillo y yo metí un solo incendiario. Se convirtió en una bomba fiestera muy costa del Golfo. Nos encanta experimentar con canciones de otros.

 

«Shakin’ Out The Days» ya está siendo señalada como una de vuestras mejores canciones ¿Qué tiene ese tema para destacar incluso dentro de vuestro repertorio?

Un par de DJs del programa Underground Garage de Little Steven empezaron a pincharla. Palmyra Delran y Manfred son músicos de garage, así que me alegra mucho que conectaran con ella. Tiene melodías y armonías muy divertidas, guitarras súper crujientes y además está la línea de bajo totalmente desquiciada y melódica de Izzy Grisoli.

El disco captura muy bien la energía salvaje de vuestros conciertos. ¿Grabáis pensando en el escenario o ese impacto es simplemente una consecuencia natural de cómo escribís?

Hemos aprendido a grabar tocando todos juntos en la misma sala. Nos apretamos, hablamos cara a cara y todo fluye de forma natural. No funcionamos bien con las técnicas clásicas de estudio basadas en separación y esterilidad. Es muy difícil capturar en un estudio el poder real de Dash en directo. Mucha de la energía cruda de A Song In Everyone viene de las paredes, los micrófonos y los tipos moviendo potenciómetros.

 

Definitivamente escribo canciones para tocarlas delante de un público. Pero incluso nuestros discos en vivo a veces no consiguen trasladar esa enorme aura del power trio. La sala de Dial Back fue lo más cercano a un entorno perfecto que hemos tenido jamás. Paneles de madera vieja, portadas de discos, bombillas desnudas, arte popular y la silla de T-Model Ford.

 

Después de tantos años, ¿qué te sigue empujando a escribir canciones y salir de gira como si todavía hubiera algo que demostrar?

Grabo y salgo de gira por amor a la música. El tiempo sobre el escenario es un regalo, una pequeña burbuja de amor y energía. Y escribo porque las ideas siguen apareciendo en mi cabeza. Alimenta a la bestia del directo. Hoy hay miles de millones de compositores lanzando ideas, talleres, pitches y promociones constantes. Las canciones están perdiendo poesía, significado y fuerza mientras más y más gente intenta ocupar los oídos del mundo. Yo sigo haciendo música porque Dash me da una plataforma increíble para llevar canciones a públicos felices.

 

Dash Rip Rock siempre ha sido un trío, casi una banda construida desde la resistencia. ¿Qué os da ese formato que no tendría un grupo más grande y “cómodo”?

Podemos alcanzar un nivel de compenetración en el que prácticamente nos leemos la mente. Es una máquina de rock compacta y sin peso extra que enturbie las cosas. Batería, bajo y guitarra es la fórmula perfecta del rock, diga lo que diga cualquiera. Es matemáticamente impecable. Con los músicos adecuados, un trío puede hacer todo lo que hace una banda de ocho miembros pero con una perfección despojada de adornos. Nunca he tenido la tentación de ampliar la formación. Siempre ha sido exactamente lo necesario. Nos resistimos a ser limpiados, procesados y metidos en una caja.

 

El título A Song In Everyone suena casi optimista ¿Crees realmente que todo el mundo lleva una canción dentro o es más bien una declaración de intenciones rock and rolleras?

El título es optimista. Hay algo bueno en todo el mundo y también una canción dentro de cada persona. Pero en el contexto de «Taking You On», que es de donde sale el título, la industria musical es un negocio lleno de puñaladas por la espalda y las canciones terminan convertidas en armas. Yo creo que la música es espiritual. Está en la naturaleza, en el aire. Hay música en el viento y en la lluvia. Los seres humanos pueden comportarse de forma horrible o maravillosa, pero la música siempre está ahí acompañándolo todo. Así que sí, creo que cada persona escribe su propia canción y la lleva dentro de la cabeza. Al principio es algo inocente. Luego, en cuanto la lanzas al mundo, el negocio puede ser brutal. Pero la necesidad de crear y tararear melodías forma parte de la naturaleza humana. Y en ese instante de creación, la canción todavía es completamente tuya.

 

Eduardo Izquierdo

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