Lejos de la exuberancia garagera y del power pop fronterizo que durante décadas ha definido buena parte del cancionero de The Krayolas, Barbed Wire Road se mueve en otra dirección. Más seca. Más nocturna. Más cercana al polvo de las carreteras secundarias texanas que a la inmediatez de los viejos singles vitaminados con aroma sixtie. El grupo de los hermanos Saldana no abandona sus raíces, pero sí las desacelera hasta convertirlas en una especie de americana chicana de tono crepuscular.
El tema titular marca el tono desde el inicio. «Barbed Wire Road», la canción, funciona como declaración estética y también narrativa. CAsi parece un tema de los Eagles. Hay memoria rural, desgaste sentimental y una melancolía que conecta tanto con el Dylan más fronterizo como con ciertos discos tardíos de Joe Ely o Steve Earle. No es casual que el álbum insista tanto en la idea de carretera, distancia y regreso. El grupo ha madurado y eso ha marcado su evolución.
El disco gana profundidad gracias a la presencia de figuras históricas del sonido tex-mex como Flaco Jiménez y Augie Meyers en su última grabación. Ambos aportan textura cultural y emocional. El acordeón de Flaco en «Under One Roof» convierte la canción en un pequeño himno humanista de fronteras abiertas, mientras los teclados de Meyers, presentes en varios temas, conectan el álbum con toda la tradición del sonido Sir Douglas Quintet. Ellos han crecido y nosotros también. Su evolución no consiste en modernizarse, sino en profundizar en aquello que siempre los hizo distintos. Y siguen siéndolo.
Eduardo Izquierdo






