
Quince años después de Hard Times and Nursery Rhymes, y tras superar una dura batalla contra el cáncer, Mike Ness vuelve a ponerse la chupa de cuero, afilar la Telecaster y recordarle al mundo por qué Social Distortion siguen siendo una de las bandas más respetadas del punk rock americano. Born To Kill, ya disponible a través de Epitaph Records, no es solo el octavo disco del grupo californiano: es una declaración de supervivencia con olor a gasolina, sudor y bares abiertos hasta el amanecer.
Lejos de sonar acomodados, Social Distortion entregan once canciones musculosas, humanas y profundamente honestas. Born To Kill no busca reinventar la rueda: la hace derrapar otra vez. Y por el clamoroso entusiasmo en las redes sociales, parece que su actuación –el 20 de junio como cabeza de cartel del Azkena Rock Festival– va a ser algo realmente histórico.
El álbum llega precedido por los adelantos “Born To Kill”, “Partners In Crime” y “The Way Things Were”, tres canciones que funcionan como mapa emocional del disco: himnos callejeros, nostalgia de juventud salvaje y esa mezcla de rabia y romanticismo macarra que Ness lleva perfeccionando desde finales de los setenta. Hay referencias confesadas a Lou Reed, Iggy Pop o David Bowie, pero también ecos del mejor Social Distortion de Somewhere Between Heaven and Hell o White Light, White Heat, White Trash.
Coproducido junto a Dave Sardy y grabado entre Sunset Sound y Hillside Manor, el trabajo cuenta además con invitados de lujo como Lucinda Williams y Benmont Tench, teclista histórico de Tom Petty & The Heartbreakers. Incluso se atreven con una nueva lectura de “Wicked Game” de Chris Isaak, llevándola a su terreno de cicatrices sentimentales y rock de carretera secundaria.
Texto: J.F. León






