
Hay festivales que sirven para pasar el rato y otros que parecen una grieta abierta en mitad del mapa cultural. Andalucía Salvaje pertenece claramente a la segunda categoría. El próximo 15 de mayo, la sala Paral·lel 62 de Barcelona volverá a convertirse en epicentro de esa Andalucía futurista, mestiza y orgullosamente rara que mezcla raíz y vanguardia sin pedir permiso a nadie.
Tras una primera edición que dejó claro que aquí no se venía a vender postales de feria para turistas, el festival regresa con un cartel tan heterodoxo como sugerente: desde la leyenda viva de Lole Montoya hasta el viaje psicotrópico de Cervatana, pasando por las sesiones mutantes de DJ Karpin, Wará y restinga.
La presencia de Lole no es precisamente anecdótica. Hablar de ella es hablar de una artista que ayudó a dinamitar las costuras del flamenco junto a Manuel Molina, abriendo caminos que todavía hoy siguen explorando nuevas generaciones. Y precisamente ahí encaja Andalucía Salvaje: en ese territorio donde la tradición no se conserva en formol, sino que se retuerce, se samplea y se lanza hacia delante.
Especial atención merece Cervatana, proyecto compartido por miembros de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba y Kelia, que mezcla kraut, techno, ambient y pulsión sureña en una especie de western espacial pasado por ácido.
Entre beats rotos, folklore mutante y cultura club, Andalucía Salvaje sigue consolidándose como uno de los espacios más estimulantes para entender hacia dónde puede caminar la música de raíz cuando pierde el miedo a ensuciarse las manos. Y bendita suciedad.
Texto: Carlos López







