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De menos a más: Alice Cooper (Parte 1)

 

Foto: Jenny Risher

Al hablar de Alice Cooper (Vincent Damon Furnier; 04/02/1948) se procede a lanzar un puñado de alabanzas y etiquetas encomiables que le convierten en realeza absoluta del rock & roll: “icono”; “cabecilla de la tercera generación del rock”; “rey del shock rock”; “genio inconmensurable”. El hombre merece todo tipo de ensalzamientos, no solo por ser único en la especie, sino demostrar, año tras año, que sigue siendo un valor seguro en directo. Como, con toda probabilidad, volverá a demostrar en su inminente visita azkenera el próximo 19 de junio en Vitoria:  https://azkenarockfestival.com/ 

Asistir a un concierto de Alice Cooper asegura una buena dosis de rock and roll (a veces excesivamente cerca del hard pasado de distorsión), una entrega total por parte suya y de la banda, un cancionero conservador, pero inteligentemente efectuado a base de las canciones que la mayoría quiere oír, así como unos trucos escénicos tan vistos ya como sugerentes: la camisa de fuerza, la guillotina, los bastones y sombreros de copa, escenario de terror clásico, los globos gigantes rellenos de confeti, etc.

Lo sorprendente no es el atrezo o si en una gira añade cierta canción de Love It To Death o de Flush The Fashion, lo inusual es ver lo bien que le sienta la vejez, la elegancia con la que pasea a su monstruo y el enorme carisma que sigue radiando. Es mucha la gente que se sigue sumando a la experiencia en vivo de Alice, año tras año, después de que su posición se haya establecido entre la de uno de los tipos a los que hay que ver una vez cada dos o tres primaveras.

Porque recordemos que hace unos años The Coop no lograba agotar las entradas en la barcelonesa Razzmatazz (con aforo para dos mil personas) y en Ciudad Real apenas conseguía reunir a seiscientas personas en un campo de futbol. Y eso que hablamos de una época en la que la banda y el disco que presentaba eran de órdago. Él, por supuesto, estuvo en un nivel muy, muy alto. Hablamos de 2005, los días de Dirty Diamonds… Tampoco es que entonces en el resto del mundo le fuera excesivamente bien, dicho sea de paso.

A sabiendas de todo esto, es cierto que su carrera discográfica ha ido de un lado a otro en no pocas ocasiones. Exceptuando todo lo que hizo con la banda original de mismo nombre, y que tendrá su propio De Menos A Más en un futuro próximo, los discos de Alice han concurrido entre lo fantasmagórico, lo conceptual, lo que imperaba en cada momento en la escena, ya fuera hard pop, mor, new wave o garage, y han corrido suertes muy diferentes entre sí. Si eres fan del hombre y tienes la mente abierta, su obra es tan inclasificable como adictiva y atractiva. Si te gusta esto o aquello tendrás que escarbar. Eso sí, hay un sonido conductor: el sonido de las guitarras, alto y duro. Y, por su puesto, su voz, rasposa y cinematográfica. Sin olvidar esas letras, que como bien apuntaba el productor Bob Ezrin, deberían ser asignatura de universidad.

En nuestro análisis incluimos los dos discos de Hollywood Vampires, la banda paralela a su carrera solista en la que forma equipo junto al actor Johnny Depp y Joe Perry de Aerosmith. ¿Motivo para andar por aquí? Fue un proyecto que impulsó el propio cantante para homenajear a un puñado de colegas de correrías que habían desaparecido. Ninguno de ellos era colega de Depp o de Perry. Así que 24 discos en total, ninguno en directo. Que empiece la pesadilla.

Nota: A veces nos referimos a los OG’s sin dar otra referencia. Bien, los OG’s son los miembros originales de la banda Alice Cooper. Es decir, Dennis Dunaway, Neal Smith y Michael Bruce, aparte del propio Alice o el fallecido Glen Buxton.

 

24.- HOLLYWOOD VAMPIRES (2015/ Universal)

La historia original de este proyecto me la contó el propio Alice en su camerino en Carcassonne (Francia), en 2012: “Vamos a rendir homenaje a todos los amigos que murieron y que formaban parte de mi club de bebedores, los Hollywood Vampires. Así que será un disco formado por versiones de esos artistas y canciones propias”. Sin entrar en detalle, los Hollywood Vampires originales estaban formados por Alice (presidente), Keith Moon, John Lennon, Ringo Starr, Harry Nilsson y Micky Dolenz de los Monkees. Para cuando salió este insulso disco el club se había ampliado a gente que ni remotamente se había acercado a la formación original de bebedores: Led Zeppelin, Small Faces, Arthur Lee, Badfinger, Marc Bolan… Y luego está lo de los Vampires, la banda, a la que se sumaron Joe Perry de Aerosmith y Johnny Depp. En el disco colabora todo bicho viviente, desde Brian Johnson (AC/DC) a Paul McCartney o Perry Farrell. Lo mejor, la voz de Christopher Lee en la introducción del álbum y la original «Raise The Dead».

 

23.- ALONG CAME A SPIDER (2008/ SPV)

Intento fallido de poner al día la música de Alice. Recuerdo un comentario sobre el álbum del productor Greg Hampton, previo a la salida del disco, en el que venía a decir que ACAS era un puente entre Billion Dollar Babies y Brutal Planet. Dios, ¿existen dos mundos más alejados el uno del otro? Y así le fue al disco, que parece un retal de otro retal pegado en otro retal. Del metal oscuro de «Vengeance Is Mine» a la balada más babosa de la carrera de Coop, «Killed By Love»; nada parecía casar con nada. Para atraer a los viejos fans, el disco sigue una línea argumental, la de Spider, un asesino en serie que acaba revelándose en Steven, la pobre criatura de Welcome To My Nightmare. Por acabar, el estribillo de «I’m Hungry» es una copia descarada del de «Hell Hole» de Spinal Tap y «The One That Got Away» sí justifica lo que vale el álbum.

 

22.- HEY STOOPID (1991/ EPIC)

 

Disco insulso de hard rock convencional en el que se encuentran un puñado de artistas invitados (Slash, Ozzy, Steve Vai, Satriani y Nikki Sixx y Mick Mars de Mötley Crüe) y unas canciones que intentan imitar el modelo de las de Trash, pero sin el elemento pop. El tema título funciona, «Feed My Frankenstein» es divertida y la épica «Might As Well Be On Mars», co escrita con Dick Wagner, recuerda a glorias muy pasadas. El resto, paja.

 

21.- ROAD (2023/ EARMUSIC)

Algunos de los fans más recalcitrantes de su carrera solista, durante años, le pidieron un disco confeccionado y tocado por los miembros de su banda regular de carretera. Pues bien, este es el disco: genérico, con riffs que suenan a otros riffs y alguna canción olvidable del todo. Cuando lo mejor de un álbum es una canción, «Road Rats», que se grabó originalmente en un trabajo de 1977, es que la cosa no da para mucho. Afortunadamente, para su siguiente aventura discográfica, Alice se olvidó de inventos y trajo de vuelta a los OG’s para grabar uno de los discos definitivos del rock and roll de esta década: The Revenge Of Alice Cooper. A veces, lo viejo gana a lo nuevo.

 

21.- RISE (2019/ EARMUSIC)

Los Hollywood Vampires fueron capaces de funcionar como banda de estudio (en directo lo han hecho muy bien desde el primer día) con un disco repleto de buenas intenciones, con ese rock afilado y melodías infecciosas. «I Want My Now» es una canción impecable para el inicio, «Who’s Laughing Now» hubiera encajado en cualquiera de los buenos discos de Alice de este milenio y «Mr. Spider» sería estupenda para marcar la senda de un hipotético tercer álbum. ¿Qué hace caer tan bajo a este álbum en la puntuación? Las versiones, nefastas hasta decir basta. Afortunadamente, solo hay 3 y no las canta el Coop.

 

19.- BRUTAL PLANET (2000/ SPITFIRE)

Alice llegando tarde al nu metal y al rock industrial y avisando de los peligros de extinción de la raza humana bajo el prisma de otro disco conceptual. Empieza bien, con el potente tema título y la adictiva «Wicked Young Man», pero es tal el intento de parecerse a otra cosa que la calidad de las composiciones baja hasta el punto de que algunas de las canciones incluidas aquí quedan entre lo peor que ha despachado nunca el artista, caso de «Pick Up The Bones» o «Pessy-Mystic». Hay quien, con el tiempo, ha alzado las virtudes del disco hasta convertirlo en una obra maestra. A ver, ni de broma.

 

18.- DRAGONTOWN (2001/ SPITFIRE)

Segunda parte de Brutal Planet, con muchos matices de diferencia que vienen dados por el odio de Alice a quedarse estancado en un mismo lugar durante más de 24 meses; es decir, es oscuro y la temática es pesimista, pero hay espacio para canciones con nervio («Triggerman»), experimentos bien resueltos («Sex, Death & Money»; «Sister Sara»), buen pop («It’s Much Too Late», dedicada a su colega Lennon) y una de sus mejores canciones en el nuevo milenio, que lamentablemente ha pasado muy desapercibida: «I Just Wanna Be Good». El resto del álbum, un poco más olvidable que lo mencionado.

 

17.- TRASH (1989/ EPIC)

Alice alcanzó el punto culminante de su segunda juventud con este invento de hard pop meloso que poco, o muy poco, tiene de… ¡Alice! El invento funcionó muy bien; reciclaron a Desmond Child para confeccionar el álbum, producción y co-composición de las canciones, metieron a músicos que andaban pendientes de la rabiosa actualidad de entonces (pronto sería “desfasada actualidad”) y el disco alcanzó un éxito mundial que los dos anteriores no habían logrado, aun siendo esos dos los del regreso oficial de Alice al mundo de los vivos. Con Trash, el cantante le dio a Epic, subsidiaria de la todo poderosa Sony, un motivo para que creyeran en él de todas todas. El éxito del single «Poison» le puso de moda entre la chavalada y nos alegramos de verle reinando en las cubiertas de la mayoría de revistas dedicadas a la música. Pero echábamos en falta al viejo Alice, el que no se parecía a nadie ni cuando lo pretendía.

16.- CONSTRICTOR (1986/ MCA)

El genio había caído en los abismos en 1983 y, tres años más tarde, este disco debía situarlo en el mapa a lo grande: nuevo contrato discográfico, la aparición del fuertote Kane Roberts como compañero de aventura, maquillaje clásico y boa constrictora luciendo en la caratula, banda renovada y contratación de uno de los productores del momento, Beau Hill, gracias a su trabajo con Ratt. Es un disco de rock bobo, en el sentido del juicio de sus canciones: estrofa, estribillo, estrofa, estribillo, puente, solo de guitarra de Kane y estribillo. Poco misterio. ¿Funciona? Si eras un adolescente entonces este era tu disco, pues al final el rock también tiene ese lado bobo que es totalmente adorable. Los títulos hablan por sí solos: «Thrill My Gorilla», «The World Needs Guts», «The Great American Success Story», «Teenage Frankenstein»… Solo «He’s Back (The Man Behind The Mask)», con ese aire gótico/ new wave, ha acabado siendo un clásico de tercera. El resto, pues bueno, ahí está.

 

15.- RAISE YOUR FIST AND YELL (1988/ MCA)

Las letras son más creíbles, el ritmo es afilado como un cuchillo y, en líneas generales, es un disco mejor parido que su hermano mayor, Constrictor, aunque solo por puntos. Eso tampoco lo convierte en gran cosa. Ciertamente, ambos han quedado muy trasnochados en todo: tocada, concepción y composición. Los años tampoco han jugado a favor de la labor de composición de Kane Roberts, pues las comparaciones son odiosas, pero a Roberts hay que compararlo con Dick Wagner o Ryan Roxie, y el pobre pierde por goleada. Su mayor logro (y el de Alice) en el álbum es la trilogía final de canciones: «Chop, Chop, Chop», «Gail» y «Roses On White Lace».

 

14.- DETROIT STORIES (2021/ EARMUSIC)

Una de las cosas que mejor se le dan a Alice es su interpretación del rock and roll de Detroit, más cerca del cascarón de los primeros discos de Bob Seger y de los Amboy Dukes que del viaje psicotrópico de los Stooges. La cosa viene de lejos, con Love It To Death y Killer como primeras espadas. La diferencia obvia: el sicodrama, el picante, el embrujo y el terror. Detroit Stories es un disco de rock and roll de Detroit, con sus historias y sus invitados especiales, pero sin esos cuatro elementos. Lo cual, de nuevo, lo acerca más a un disco del primer Bob Seger que a los suyos propios. El álbum peca de largo y fuera se podían haber quedado cosas como la horrible «Hanging On By A Thread – Don’t Give Up» o «Shut Up And Rock». Pero en líneas generales es divertido, un disco para mover los pies y la cabeza y ser oído al once. Los OG’s aparecen en el cañonazo «Social Debris» y en la delirante «I Hate You». Luego Alice se marca un buen blues en «Drunk And In Love», hace el punk en «Go Man Go» y el guay en «$1000 High Heel Shoes». El álbum apareció cuando la pandemia andaba en una de sus zonas grises (febrero del 21) y su salida fue un rayo de sol en medio del desconcierto. Así que gracias, amigo.

13.- PARANORMAL (2013/ EARMUSIC)

Esta preciosa anomalía debería ir más arriba en la escala numérica de cualquier otro artista, pero es de Alice Cooper de quien estamos hablando, cuya discografía es cosa seria. Así que Paranormal queda aquí en este número 13, sagrado para la cultura maya, temeroso en la nuestra. Colaboran Roger Glover (Deep Purple), Billy Gibbons (ZZ Top), Steve Hunter (viejo conocido aquí) y Larry Mullen Jr., el baterista de U2, que aparece en todas las canciones en las que no toca Neal Smith, y hace un trabajo impecable. Produce Bob Ezrin, por si acaso. «Fireball» (original de Dennis Dunaway) es un viaje alucinante de intensidad y de mística, «Private Public Breakdown» es power pop de alto voltaje, el tema título es teatral, una obertura fantástica para el álbum… Y luego están los temas en los que aparecen los OG’s (siendo mi favorita «You And All Of Your Friends») y la fantasmagórica «The Sound Of A», que el propio Alice compuso en el 67 y su amigo Dunaway recuperó para la ocasión.

 

12.- THE EYES OF ALICE COOPER (2003/ SPITFIRE)

The Eyes supuso un bálsamo después de dos años de experimentos industriales. Era la idea que Alice tenía de competir con Jet, The Hives o Hellacopters. Aunque, a decir verdad, y dado que los valederos creativos del álbum son Eric Dover, Chuck Garric y Ryan Roxie (los tres, entonces en la banda del Coop), lo que quedó plasmado es un disco de hard rock potente, con alguna arista punk en el sentido de que podamos considerar punk el magnífico único álbum de Neurotic Outsiders. La tripleta inicial es de órdago, pero es que el nivel del álbum es muy alto durante sus tres cuartos de hora de duración. Ian Fortman le dio cinco estrellas en el classic rock inglés y yo lo alcé a disco del mes en mi antigua revista. Su poder todavía resiste.

 

11.- WELCOME 2 MY NIGHTMARE (2011/ UNIVERSAL)

Reconozco que la idea me pareció una patochada en la época. A ver, el Nightmare original fue una obra de arte integral, así que era innecesaria una secuela; a Townshend no se le ocurrió darle una segunda oportunidad a Tommy y Picasso no pintó dos veces El Guernica. La idea, sobre el papel, hubiera tenido más sentido de haberse efectuado, no sé, en 1978. Pero ¿36 años más tarde? El caso es que las canciones, por su eclecticismo principalmente, sorprenden y han envejecido de maravilla. Diría que, incluso, es más encomiable hoy día la escucha que entonces. Fue el disco con el que Bob Ezrin volvió al equipo para quedarse (era su primera obra para Alice desde Da Da) y también la primera colaboración junto a los OG’s en décadas, de quienes destaco la sobrenatural «When Hell Comes Home». Hay muy buen material aquí, al margen de la historia del pobre Steven y sus incursiones en las pesadillas, con más sobresaltos a sus espaldas a estas alturas que conciertos ha efectuado el mismísimo Coop.

 

10.- LACE AND WHISKEY (1977/ WARNER)

Es el disco defenestrado por excelencia en la carrera de Alice. Puedo entenderlo si viviste la época; vienes de dónde vienes con los OG’s, luego aparece Nightmare, después Goes To Hell, ya con alguna incursión en la música disco y el rollo cafetero, y ahora el tipo se reconvierte en un detective privado alcohólico rebautizado como Maurice Escargot y en la gira aparecen personas disfrazadas de gallina (a lo “caponata”) y cargando metralletas tipo Tommy Gun. El disco es pomposo, grandilocuente, cabaretero y, aún y con todo, orgánico. Las letras, de 10. La banda, encabezada por los inmensos Steve Hunter y Dick Wagner, de altura. «King Of The Silver Screen», «My God», el tema título, «Road Rats»… No dejes que te engañen, es un disco magnánimo.

 

09.- GOES TO HELL (1976/ WARNER)

Abre con el tema título, con ese alucinante ritmo hipnótico que parece imitar el contoneo de una serpiente, para llevarnos al mundo casi disco de «You Gotta Dance», seguir con el jazz de nicotina de «I’m The Coolest», regalarnos una de las perlas escondidas de su discografía (lo que hoy llaman en el mundo anglosajón “deep track”), «Didn’t We Meet», y cerrar la primera cara del difícil segundo disco solista con una de las baladas rompecorazones por excelencia, «I Never Cry». La segunda cara es menos espectacular, pero aun así contiene la épica «Going Home», la rockera «Guilty» y la versión de «I’m Always Chasing Rainbows» (canción que ya hizo Judy Garland en el 41), recientemente redescubierta al aparecer en la tercera parte de la saga Los Guardianes De La Galaxia. A Goes To Hell se le supone una secuela de Welcome To My Nightmare, pero es un disco con mucha vida propia.

 

08.- DADA (1983/ WARNER)

De como esta fricada ha acabado siendo uno de los favoritos de los fans recalcitrantes, habiendo sido un disco olvidado que recibió nulo apoyo de Warner y con una de las canciones-intro más largas e inquietantes de la historia (casi cinco minutos), podríamos hablar largo y tendido. Resumiendo, es un disco con un encanto evidente, por cómo suena, por la tenebrosa historia detrás de sus armonías, por la cutre orientación del sonido, pues aun habiendo sido producido por Bob Ezrin, el álbum parece la bso de una peli de terror italiano; y también, por esas melodías casi infantiles que Alice se saca de la manga. Pasen y escuchen: «Enough’s Enough», «Dyslexia», «I Love America», «Fresh Blood» … Y luego está «Pass The Gun Around», una canción sobre la depresión y el alcoholismo que podía haber estado en el mejor álbum de Alice. Dada, con esos misteriosos personajes en la cubierta, extraídos del cuadro de Dalí, Mercado De Esclavos (con aparición del busto invisible de Voltaire), merece una versión extendida en box set. Con él finalizó su trayectoria en Warner y también su etapa de ceguera, que va del 80 al 83. El artista no recuerda haber grabado los cuatro discos de esta era debido a su adicción al crack.

 

07.- ZIPPER CATCHES SKIN (1982/ WARNER)

Zipper me recuerda a un disco que apareció meses antes a este, el Reactor de Neil Young, en el sentido de que fue vapuleado por la prensa y muchos fans y parece un disco afectado por todo lo que los músicos estaban consumiendo tras la pecera, lo que lo convierte, tanto a uno como a otro, en un disco decibélico, sin cabeza y casi estúpido. ¿Y bien? ¿No debe conservar el rock and roll un poco de esa ingenuidad e inocencia hasta convertirla en estupidez aun llegando a través de los estupefacientes? Alice le canta a su mascota muerta, a E.T. y se mete en el personaje del Zorro porque sabe “a donde quiere ir”. La banda toca al límite y es un disco de rock and roll speedico con un tono arty en algunas canciones que convierte el global en algo muy atractivo. Hay que amar a Zipper y a todos los involucrados: Dick Wagner, Alice, John Nitzinger, Flo & Eddie, Erik Scott, Mike Pinera, Patty Donahue de los Waitresses…

 

06.- FLUSH THE FASHION (1980/ WARNER)

Tenían que volver a la “credibilidad callejera” y darle pulso al tema después de la ristra de baladas que convirtieron a Alice en el héroe de las amas de casa que no se hubieran acercado a él ni con un palo antes del 75. Para esa misión llamaron a Roy Thomas Baker, que llegaba fresco de producir a los Cars, y se enarbolaron en la bandera de la new wave y el post punk: X, Devo, Talking Heads, Gary Numan, etc. La facilidad de Alice para asumir cualquier corriente musical y convertirla en rock viperino es asombrosa. Y así lo demuestra el disco con el que los periodistas más puristas del universo volvieron a abrazar la fe Cooper. «Pain», «Clones (We’re All)», «Grim Facts», «Model Citizen»… Recuerdo la reseña del disco en Creem: Alice Cooper 1- Nueva década 0.

 

05.- SPECIAL FORCES (1981/ WARNER)

Todo lo bueno que había en Flush The Fashion estaba aquí multiplicado por diez, pero con un grado de peligro, velocidad y filo del que aquél carecía, porque Special Forces es mucho más rock and roll que ningún otro disco de Alice desde School’s Out. Puede que la banda (los Pinera, los Hitchings o los Scott) clavara los aullidos de espanto del jefe, pero es que esta es la época de la crisis de los rehenes en Irán y otras tensiones que tenían alerta al cantante, patriota fiel y amante del orden. El disco debió llamarse peligro, por lo que desprende, pero se llama Special Forces, porque Alice vendrá a tu rescate con sus secuaces a golpe de rock y guitarras estridentes. No puedo destacar un tema por encima de otro. El álbum entero es un viaje apocalíptico que merece ser disfrutado una vez cada trimestre.

 

04.- DIRTY DIAMONDS (2005/ NEW WEST)

Juré que no oiría más este disco hasta que realmente le echase en falta, pero aquí me tienen, cantando «Sunset Babies All Got Rabies» a grito pelado, mientras intento ejercer de rock critic. Dirty Diamonds era la secuela rock/garage de The Eyes, porque al artista le encanta hacer las obras de dos en dos: Nightmare/ Hell; Brutal Planet/ Dragontown; Flush The Fashion/ Special Forces; Trash/Hey Stoopid y Constrictor/ RYFAY. Pero le salió otra cosa, muchísimo más ecléctica, sin dirección, pero con un sonido poco trabajado y casi de sala de ensayo que ensambla las canciones de forma magistral.  Producen dos tipos, Steve Lindsey y Rick Boston, que entre ambos forman un cv que tira de espaldas, aunque a ninguno te lo podías imaginar produciendo a Alice.  Sin embargo, dirigen de maravilla un puzle en el que tiene cabida el hard directo («Woman Of Mass Distraction)», el rock teatral (el tema título), country elegante y divertido a partes iguales («The Saga Of Jesse Jane»), una balada con aroma a Lennon («Six Hours») y aire vudú a lo New Orleans («Zombie Dance»), entre muchas otras cosas. Alice sufría por mantener su carrera a flote, pero nadie le podía discutir que su sacrificio por el arte era total. Lo amarás hasta la muerte…

03.- THE LAST TEMPTATION (1994/ EPIC)

Al cantante se le dan de maravilla los discos que abren una puerta a otra dimensión y canciones que van en busca del tercer acorde. Así que cuando anunció esta obra conceptual sobre la trastienda del circo de lo absurdo donde la gente nunca se hace adulta (con Steven como protagonista, cómo no), algunos dimos palmadas con las orejas. El resultado es una obra compleja, adulta, perfecta en la ejecución y adoptada en su aroma general tanto para los amantes de los viejos sonidos (bautizados entonces ya como classic rock) como a los que entonces alucinaban con Screaming Trees o Soundgarden (el mismo Chris Cornell coescribe la inmensa «Stolen Prayer» y, en solitario, «Unholy War»; colabora en ambas). No le sobra una sola coma; desde los temas mencionados a «Sideshow», pasando por «Bad Place Alone», el single «Lost In America» o el épico final con «Cleansed By Fire», donde el cantante se deja el alma en una interpretación vocal totalmente cinematográfica. Tras el disco, no le renovaron el contrato con Epic porque las ventas habían bajado, pero salió de la compañía matando.

 

02.- FROM THE INSIDE (1978/ WARNER)

Obra conceptual sobre la estancia de Alice en un sanatorio neoyorquino para curar su alcoholemia. Ya ven, entonces no existían las clínicas de desintoxicación como el famoso centro Betty Ford, que se inauguró en el 82. Alice, con la ayuda de Bernie Taupin (el socio de Elton John) en las letras y Dick Wagner en la música (salvo cuando colabora en esa tarea el bueno de Steve Lukather), basó su relato en los personajes que había conocido en su estancia ahí, embelleciendo las historias o partiendo de cero desde la apariencia de los “inquilinos” del sanatorio. Con ello se imaginarán un disco oscuro y teatral, pero nada más lejos de la realidad, es un disco de rock soft, alcanzando en muchos puntos lo que se conoce como mor (middle of the road), genero del que los Carpenters fueron abanderados. No es una exageración, salvando «Serious» o la final «Inmates (We’re All Crazy)», que fácilmente es la mejor canción del disco, las tonadas hacen justicia a los que le acusaron de haberse vendido al mercado más comercial. ¿Y? El disco es absolutamente bello, inédito en algunas texturas y del todo atrayente. A veces, la cordura en el universo Cooper no tiene cabida y funciona lo inesperado. Por eso lo amamos. Quien busque una línea clara que se vaya a otra parte.

 

01.- WELCOME TO MY NIGHTMARE (1975/ ATLANTIC)

Debe ser complicado basar todo un álbum, su debut como solista tras la etapa gloriosa junto a los OG’s, en una pesadilla y los distintos elementos que pululan en ella, no caer en lo paródico y, además, crear destellos icónicos por todos lados: la narración de Vincent Price al final de «Devil’s Food» (después birlada por Michael Jackson para su famoso «Thriller»), el ritmo proto heavy de «Black Widow», la crítica al maltrato a la mujer en la majestuosa «Only Women Bleed», el drama en «Steven», la tonada para caja de juguete sorpresa con tinte siniestro que es «Years Ago», el inicio fantasmagórico con el tema título… Es, ya saben, uno de esos discos que marcan una época. Remember the Coop, uh?

Texto: Sergio Martos

 

Un comentario

  1. ¡Comparto la adicción del Dirty Diamonds! Es un disco que se escucha en bucle. «Perfect» es LA canción, sin desmerecer el resto, por supuesto!

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