
Quizá la fecha no era la mejor (un domingo de Semana Santa y en víspera de la tradición de la mona en Cataluña), pero al final eso no fue un hándicap: la sala presentaba un buen aspecto y sobre todo un ambiente propicio, en parte gracias a los músicos.
Empezando por Cesc Sansalvadó, un músico callejero (aunque a primera vista no cumple conel prototipo) y muy entusiasta (un videoclip suyo el día de su boda se hizo viral en redes) que contagia con una sonrisa que está lejos de la del cantautor atormentado. A Cesc le gusta comunicar y goza de una voz poderosa, es capaz de atacar el “Hard Sun” de Eddie Vedder y empalmarlo con un estribillo de una canción de Sopa de Cabra. Con una guitarra y un pedal que le hace de bombo, el músico barcelonés desgrana las canciones de un reciente EP que, a la larga, y tras editar alguno más, convertirá en un disco.

Así que, tras este pase, la excusa por la que nos habíamos movido esa tarde a una sala que suena de maravilla programando cada vez más y mejor. Steph, con esa teoría suya de que quien va a uno de sus conciertos tiene que reír, llorar y bailar, hace una salida cuanto menos diferente: se marca una tremenda introducción de carácter instrumental con su guitarra. De primeras, una realidad: la australiana toca como los ángeles. El sonido es limpio y muy potente, combinado con una voz dulce pero con garra que adapta a cada momento y canción.

“Gratefully” (actualmente en el número 2 en listas en su país), “Devil Woman” o una “Three Wishes” con la que juega con un público receptivo, son razones de peso, todas ellas en su debut Feel alive. A destacar su rol como storyteller, te cuenta cómo dejó la fisioterapia para hacerse músico, el encuentro con una bruja llamada Layla en medio de la nada y que, su espíritu, es el de una artista independiente pero con una ambición que no conoce límites. La próxima vez quiere tocar en sitios más grandes. Y seguro que lo logrará: en esa hora y media de actuación ella te atrapa con su presencia y un gesto siempre positivo. Toca la guitarra como si formase parte del dúo Rodrigo y Gabriela, tiene algo del anti-folk de Ani DiFranco y cuando habla de alguno de sus favoritos, John Butler es uno de los escogidos. Y, finalmente, una constatación: estuvo media hora larga en el puesto de merchandising firmando discos y vendiendo tote bags. De un concierto suyo, sales renovado. De eso trata la música.
Texto: Toni Castarnado
Fotos: Meritxell Rosell






