
Comentaba el presentador del evento que en el mundo del vibráfono no solo consta Sasha como regeneradora del instrumento en el jazz, dentro de la escena actual, pero que ella lo hacía de una forma diferente y por ese motivo su posición en la escena era vital.
No es el vibráfono el instrumento al que persigo cuando me introduzco en la búsqueda de nuevas caras y sensaciones, pero si llega, bienvenido es, como me sucedió con la música de la californiana Sasha.
Lo que ella aporta es genial, la sensación de formar parte de un pack en el que no hay elementos destacables, aunque todo gire en torno a lo que ella extrae del vibráfono. Hay, incluso, un elemento en el directo demasiado clasista, en el sentido de que sus discos aportan algo más de modernidad al momento. Por así decirlo, muy pocos momentos solistas de foco alumbrando al interprete, y sí todos remando en la misma dirección. Pero todo caminaba con una facilidad pasmosa, cada pieza hermosamente lubricada y cada uno aportando a la composición en detrimento del lucimiento personal.

El británico contrabajista Freddie Jensen y el holandés Jamie Peet a la batería, aportaban estabilidad y un caminar excitante, pero mi favorito fue el pianista danés Rasmus Sørensen, capaz de agregar tesituras cinematográficas, atmosferas nada convencionales y sí muy estimulantes para un miércoles previo a los días fuertes de semana santa. ¿Sasha? Excitante, bella y ejerciendo de líder con simpatía y mucha mano izquierda. La próxima con trombón y saxo, tal y como se aprecia en algunas piezas de sus discos.
Texto: Sergio Martos
Fotos: Alberto Belmonte






