
Con el Antzoki a reventar, con esas colas antes de abrir puertas que las ves de lejos y piensas que ahí regalan algo, se presentaba Robert Jon & The Wreck en la primera fecha de la parte de su gira que recala por aquí en su parte hispana, un total de seis fechas, y como las restantes sean de la misma intensidad que esta, prepárense y no se lo pierdan porque menuda manera de empezar. Consultar fechas restantes en el cartel de gira al final de la crónica.
Local reventado de ese público que sabe a lo que va, cero postureo, cogiendo sitio desde media hora antes, vamos, expectación y ambiente eléctrico, aullando ya cuando sonaba como intro el tema “Cocaine Country Dancing” de Paul Cauthen, perfecta manera de comenzar con la liturgia eléctrica. Y un servidor, que esperaba quizás algo más de melancolía sureña aunque ellos sean de Orange County (California), se vio abrumado por la aplastante actuación del quinteto, realmente apisonadora sónica y con una actitud sublime, respirando rock´n´roll y sudándolo, que es lo más importante.

Inicio con “The Devil is your only friend” (me da que quienes asistimos a estos conciertos comulgamos con la idea) y subir la intensidad con “Blame it on the Whiskey” (la exhibición de Henry James Schneekluth a las seis cuerdas fue digna de enmarcar. Un émulo físicamente de Phil Lynnot pero guitarreando, algo hipnótico) y “Back to the beginning again”, donde el que se lució fue el teclista Jake Abernathi. Impresionante también fue su duelo con su compañero guitarrista en “Better of me”, mientras Robert Jon les miraba sonriente, sabedor de que se rodea de unos músicos superlativos.
La hora y media pasada del recital tuvo otros momentos también muy altos en cuanto a nivel musical como “Arroyo”, “Don´t let me go” o la más blusera “Rescue Train”. Pero el momento más intenso llegó con (la esperada) “Oh, Miss Carolina”, coreadísima, con pausa dramática para meter aún más si cabe al público en la atmósfera de un tema soberbio y perfecto hasta para cantar a capela, algo que el amigo Robert hizo, disfrutó e hizo disfrutar a un público tan encantado como entregado.
Y de la delicadeza de este tema a la caña infinita de “Cold Night”, con más duelos entre cuerdas y teclas y el bis con la acelerada “Rager”. Tres temas perfectos para abandonar el local sintiéndonos parte de algo que no tenían los de fuera, comunión y hermandad bajo un paraguas eléctrico demoledor. Porque así fue la noche, no tengo otra manera mejor de definirla que haber vivido hora y media de una mezcla constante e imparable entre “Free Bird” y “Highway Star”.
Texto: Michel Ramone
Fotos: Dena Flows







