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Lucifer – Sala Upload (Barcelona)

 

La perseverancia exige la capacidad de mantenerse constante en un objetivo, de articular las distintas partes con sentido y coherencia para afianzar los resultados obtenidos y avanzar, en definitiva, hacia una mejora continua.

Aplicado a Lucifer, este concepto actúa como puente entre el primer tramo de su “tercera venida” y la aventura de las doce fechas programadas en Sudamérica. Nos encontramos así ante un show que suponía, por un lado, el reencuentro de la banda como puesta a punto personal y, por otro, la presentación de un nuevo concepto y reconfiguración de la formación ante los asistentes.

 

Si miramos a un pasado no demasiado lejano, previo a esa tercera venida ya mencionada, la figura de un líder o jefe —que en ocasiones ni siquiera estaba presente sobre el escenario— tenía un peso excesivo, y la banda se gestionaba más como una empresa que de forma colaborativa y creativa. En la actualidad, todo transmite una sensación de gestión transversal. Es evidente que Johanna lleva la voz cantante, pero lo hace cediendo el espacio necesario para que todo fluya de manera natural. Su papel de diva, con aire de protagonista de película de terror de serie B alemana, lo interpreta de forma sofisticada, lo que provoca que atraiga inevitablemente todas las miradas.

Sin embargo, y aunque las intenciones de esta nueva reestructuración de la banda eran buenas, a la hora de la verdad se evidenció que la falta de rodaje fue un hándicap difícil de gestionar. Se dieron varios factores que jugaron en contra: falta de ritmo y la sensación de una banda con ganas, pero a la que le faltaba una marcha más. A todo ello hay que sumar que Johanna no tenía la voz en sus mejores condiciones; por momentos susurraba más que entonaba, abusando del eco y, en definitiva, apoyándose más en la presencia escénica que en la calidad vocal que se le presuponía.

Otro indicio difícilmente justificable fueron los poco más de sesenta minutos que se mantuvieron sobre el escenario, posiblemente porque, a día de hoy, Lucifer es un proyecto de puerta giratoria para Johanna, lo que complica mantener una estructura continuada. A nivel de setlist, sí conviene valorar el intento de establecer una conexión con las distintas etapas de la banda: recurrieron a un 62 % del repertorio (8 temas de un total de 13) perteneciente a sus dos últimos trabajos, dejando claro cuál es el sonido que mejor se adapta a esta nueva reencarnación en cuanto a configuración musical.

Como aspecto positivo, y justo cuando más parecía sufrir Johanna, llegaron los mejores momentos del concierto, marcados por el cierre de la primera parte del set con “California Son”. Aunque fueron instantes aislados, el bis ofreció un buen final con “Bring Me Is Head” y el ya clásico “Fallen Angel”, precedido por una visita a “Going Blind” de Kiss: una forma delicada de hacer referencia a sus influencias, curiosamente a través de un tema que los cuatro maquillados nunca llegaron a tocar en tiempo real de su edición.

 

Texto: Oscar Fernández Sánchez

Fotos: Fernando Ramírez

Un comentario

  1. Totalmente de acuerdo en dos cosas: La voz de Johanna, que no se le llegaba ni a entender cuando se dirigía al público y la escasez en la duración del concierto. Cada vez hay más grupos que raspan una hora y para casa y sin teloneros, que es la mejor manera de descubrir nuevas bandas.
    Acabas el concierto pensando: estuvo bien, pero…

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