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LOVE (with J. Echols) – La Deskomunal (Barcelona)

Cuenta la paradoja clásica del Barco de Teseo que hubo un momento en el que, tras muchos años de progresivo deterioro, poco a poco, todas sus tablas habían sido reemplazadas, cosa que hacia dudar de la genuinidad de la embarcación totalmente restaurada. Algo similar es lo que a día de hoy uno puede sentir cuando se encuentra ante algunas bandas de rock con solera.  Me vienen a la cabeza Sweet, Dr. Feelgood, Dictators o la que aquí nos ocupa, Love, para ilustrar con ejemplos concretos lo referido, dado que son formaciones que parecen tener la licencia homologada para interpretar las canciones de la banda en cuestión, así  como para utilizar su nombre a modo de marca registrada, aún cuando pocos, o directamente ninguno, de sus componentes fue miembro original de ella.

En esta ocasión, el nombre «LOVE, with Johnny Echols» ya nos alerta, con su reveladora extensión, de la posible confusión, generando un cierto recelo inicial, y advirtiendo entre líneas que la figura de Echols, única tabla original del barco, quizás no será capaz de compensar el vacío dejado por los malogrados Arthur Lee y Bryan MacLean.

Sin embargo, a veces es bueno dar oportunidades y ser positivo, desterrar decepciones preconcebidas y desoír peroratas de enteradillo de lo evidente. En definitiva, dejarse llevar por el momento y disfrutar de lo poco bueno (o mucho, según se mire) que una realidad irrevocable nos ofrece, y quizás así las cosas pueden llegar a fluir.

Algo parecido a esto es lo que me sucedió el viernes pasado en La Deskomunal con los ya mencionados LOVE (with J. Echols): asumí la inevitabilidad de la obviedad, superé la rigidez del purismo rockero más elemental, y sorpresivamente la magia del amor apareció, y el concierto, debido a las buenas intenciones (y maneras) de los músicos combinadas con la nostalgia ajena de muchos de los asistentes (la mayoría no habíamos ni nacido cuando LOVE publicó sus tres primeros Lps), se convirtió en un acto colectivo de devoción a un grupo mítico y a su imbatible cancionero.

En este acto, Echols no ejerció de maestro de ceremonias, ni tan siquiera tuvo un especial protagonismo, incluso pareció mostrarse algo ausente desde el rincón derecho del escenario y desde su propia vejez, de una pasividad frágil y entrañable, pero su presencia catalizadora sí que fue la excusa que facilitó que la magia sucediera.

Decir que el centenar de asistentes se emocionó escuchando «Alone again…», «My little red book» o «Seven and Seven is» está de más… igual que lo está insistir en el hecho de perogrullo de que Arthur Lee está muerto desde el 2006 y que por tanto los LOVE originales ya nunca volverán. Pero afirmar que el concierto fue una pequeña lección de vida, no lo está, porque, al final, el Barco de Teseo sigue navegando, no por la pureza de sus maderas, sino por la memoria compartida de quienes lo reconocen y deciden, aunque sea por una noche, seguir creyendo en él.

Texto y fotos: Fernando Bermejo

 

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