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Joaquín Pascual – Heliogàbal (Barcelona)

 

 

Condujo cinco horas entre llamadas y paisajes hasta caer rendido en un hotel, un hotel a secas. Me gusta pensar que aquella siesta fue normal, replicable, pero lo cierto es que nadie salvo Joaquín iba a despertar tocando “Con toda la fuerza”, canción que, como un incendio televisado o una chimenea eléctrica, se hacía mirar.

Así, entre tantas llamas y chispas imaginarias, nos costó creer las quejas de un calor real, procedentes además del escenario; menos mal que tres cervezas los salvaron.

Con No hay nada que hacer por el romanticismo se abrió por tanto la noche, para sorpresa y timidez de quienes aún no lo habían escuchado. A “Con toda la fuerza”, le siguió “El caos”, “La felicidad” —cuya frase si soy feliz pienso en mi muerte azotó sin previo aviso a un hombre— y “La ventana”, hasta que se coló “Lo bueno” con su estela ya trazada. Volvimos al disco, esta vez encariñados con “Medio Desnudo”, canción que le pudo haber dado nombre e incluso portada, aunque sin el prometido destape: “llevaba una camiseta de sport de mi padre”.

Mora y Mani, al bajo y a la batería, respectivamente, ponían a veces fines abruptos a canciones como “Domingo por la mañana”, a modo de puntos y aparte que hinchan cualquier cover de personalidad; otras, en cambio, sostenían los temas en el tiempo hasta llegar a zonas insólitas, como en “Un ritmo caliente”, donde la conexión entre los tres provocó la reacción más normal: “no sé qué ha sido eso, pero me ha gustado”.

Joaquín abandonó entonces su nueva forma de ser, más social y salvaje, para regresar al ánimo introspectivo de La Frontera, con algunos temas como el anterior que mencionábamos, “Vivir por vivir”, “La perspectiva” o el ausente “Hotel Romántico”, por estar demolido ya. El aparente descenso hacia etapas anteriores fue tomando forma de conversación, al punto que “Tenías que elegir”, por ejemplo, dio paso a la última e inesperada “Lo que dicta el corazón”, como a una sentida respuesta.

Claro que el corazón dictó seguir tocando y, tachán: la gente bailó. Quien sabe si felices de ser solo gente o de fantasear qué harían por el romanticismo (robar pequeñeces, sacar a Rafa de casa, enloquecer…) de no vivir cronometrados. Qué bonitas son las verbenas, constató Pascual. Y tras su Venga! entendimos que otro viaje le esperaba.

 

Texto: Sara Moa

 

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