
Casi todas las localidades vendidas para la nueva visita del inclasificable Anohni. Lo que provocó que hubiera una sobrexcitación por parte del público que en ciertos momentos llegó a provocar ciertas situaciones un poco ridículas.
Con cierto retraso sobre la hora prevista los tres músicos acompañantes se acomodaron en sus posiciones para empezar a crear texturas musicales que arroparon la entrada en escena del esperado Anohni. Con sobrado carisma escénico pero a la vez mostrándose mayestático e hierático estrenó en directo una estremecedora y minimalista «You Are My Enemy» que mostró a las primeras de cambio la garganta privilegiada del protagonista de la velada. Una voz única que tuvo el acertado respaldo de un trío acompañante (piano, guitarra y batería) que tejieron un fascinante y expansivo telar sonoro que iba desde el pop de cámara a la cacofonía, de las percusiones a la Tom Waits al pop, y de la experimentación a pasajes oníricos.

La personalísima voz de Anohni, la trabajada instrumentación, un sonido sin mácula y el imponente marco arquitectónico nos llevaron en volandas a través del recital que alcanzó un momento surrealista por parte del público cuando Anohni acometió el «Perfect Day» de su amigo Lou Reed. Surrealismo por parte de la más que efusiva audiencia que la recibió con la más sonada ovación de la noche, más que cualquier tema propio de la cantante, lo que llegó a provocar cierta mirada de extrañeza del protagonista. Cuando además la revisión del clásico del góspel «Sometimes I Feel Like a Motherless Child» no tuvo la más mínima repercusión. El concierto siguió hacia adelante con una intensísima y extensa «It Must Change» que empezó en la intimidad más absoluta para irse expandiendo hasta un final casi cacofónico con el respaldo de una iluminación pluscuamperfecta. Con «What Can I Do» que comentó que no interpretaba en directo desde 2009 se encaró la recta final del concierto, en la que Anohni se mostró mucho más interactivo con la audiencia, ya que hasta entonces el contacto había sido nulo.
Habló sobre la marginación de las mujeres y especialmente del colectivo trans a lo largo de la historia mezclándolo con pasajes musicales, todo bastante teatral. Incluso tuvo que pedir al público que no aplaudiera durante esta performance tan personal y sentida. Se llegó al final con «Hopelessness» con un Anohni emocionada y contenta de un trabajo tan bien hecho. No hubo bises, noventa minutos tan intensos como íntimos por parte de un artista que ha hecho de lo diferente un estilo propio.
Texto: Xavi Martínez






