
We Are Mono llevan más de dos décadas resistiendo desde Barcelona, a su manera y sin perder el pulso de las canciones. Tras un largo paréntesis discográfico entre 2012 y 2021, la banda ha reactivado definitivamente la maquinaria y encara ahora una nueva etapa con Fantástico, su próximo álbum, previsto para finales de primavera.
Como adelanto, ya han dejado dos pistas claras: «Solo hace falta una canción» y «Aún nos queda voz», dos temas que funcionan como declaración de intenciones, entre la épica emocional, el estribillo inmediato y esa vocación de conectar con el público más allá de modas o algoritmos. Hablamos con Óscar Moon, voz del grupo, sobre presente y pasado, cambios de piel, supervivencia y esa fe intacta en la canción como motor de todo.
Antes de entrar en materia: ¿quiénes conforman hoy la foto de We Are Mono? En otras etapas os hemos visto como una formación más amplia, pero la última vez que os vi funcionabais como un trío.
El núcleo siempre fuimos Álex Gutiérrez a la guitarra y Óscar Moon a las voces desde hace muchos años… Las fotos han sido un respeto a quien nos acompaña en cada disco y en cada fase de We Are Mono. Ahora tenemos una gran solidez en eso, con lo que respecta a la formación. Hoy en día hay grandes músicos, pero sobre todo mejores personas, sobre todo para aguantarme a mí.
Volvéis con «Solo hace falta una canción» y «Aún nos queda voz», dos adelantos que suenan a arranque de ciclo con bastante convicción. ¿Sentís que estáis ante un nuevo capítulo, o se trata de una reinvención total?
El nuevo disco es otra sesión en esta “serie” que llamamos vida. Son dos CANCIONES, así, en mayúsculas. Son gritos para ser mejores humanos, y sobre todo que arranquen un sentimiento de esperanza tanto a nivel personal como global.
En los dos adelantos sobrevuela una idea clara: canciones como reacción frente al ruido, el cansancio y cierta deriva tóxica del presente. ¿Ese tono más frontal y esperanzado salió de forma natural o hubo una voluntad consciente de escribir temas con vocación de himno optimista?
Ha sido puramente de corazón y alma. Surgiendo incluso de la rabia, con letras que mezclan lo cotidiano, la nostalgia personal y sobre todo querer un futuro bonito, sin putadas tan grandes como las que vivimos. No somos salvadores de nada, pero esta es nuestra pequeña aportación, es nuestro grano de arena.
¿Qué os vais a permitir en Fantástico que quizá no os habíais permitido en discos anteriores?
Nos hemos permitido hablar y decir lo que nos daba vergüenza, lo que quizás no nos atrevíamos a gritar en otras ocasiones. El álbum es luz dentro de un pasaje del terror.
Venís de una trayectoria larga y habéis atravesado varias mutaciones, pero una de las más visibles fue el paso del inglés al castellano. Viéndolo con perspectiva, ¿qué os dio ese cambio a nivel de identidad, composición y conexión con el público? ¿Sentís que fue una decisión acertada?
La mejor decisión de todas fue ésa, sin duda alguna. Sentir y saber que hasta tus padres o abuelos saben lo que decimos, ¡es genial! ¡Jajaja! Fuera bromas, nuestro idioma es maravilloso. En cambio, cantar en inglés era más limitado para nosotros. Queremos pasar la barrera del corazón en casa.

A menudo se os sitúa cerca de nombres como Love of Lesbian, Sidonie o Arde Bogotá. ¿Os reconocéis en ese marco o sentís que venís de otro sitio?
‘Estimats’, ¡para nada! Y es algo que, con todo respeto y amor hacia ellos, bebemos más de rock de fuera de la península que dentro de ella. Pero claro, el idioma habla y las tendencias también.
Montar una banda es relativamente fácil, pero sostenerla durante 24 años ya es otra cosa. ¿Qué habéis tenido que sacrificar para que We Are Mono siga existiendo en 2026?
¿Sacrificio? ¡Únicamente dinero invertido! ¡Jajaja! Es fácil montar una banda, pero el amor por algo así hay que regarlo, o no crecen las flores de las canciones, que es lo que nos gusta. Grabarlas y que lleguen hacia donde quieran ellas, y donde las dejen florecer, cosa que cada vez es más difícil, ya que ahora solo se ven números y no canciones.
Entre 2012 y 2021 hubo un paréntesis discográfico largo y, sin embargo, ahora vais camino de encadenar tres discos en poco tiempo. ¿Qué cambió ahí? ¿Se trata de estabilidad interna, de método de trabajo, de una necesidad renovada de volver a decir cosas…?
Es un cóctel de todo lo que dices. Quizás también con la necesidad de hacer un reseteo y darle a la bola del pinball más fuerte.
Desde fuera da la sensación de que cada vez hay más visibilidad para ciertas bandas, pero a nivel de circuito la escena de salas sigue pareciendo durísima, con muchos locales cerrando. ¿Cómo lo vivís a la hora de cerrar fechas y salir a tocar? ¿Qué salas, ciudades o pequeños circuitos siguen sosteniendo para vosotros el rock de club?
Ahora mismo está claro que en ciudades más pequeñas, sobre todo en el norte de España, tienen más presente el cuidado de la escena local y underground de sala.

Mirando un poco hacia atrás, me llamó la atención vuestra versión de «Dakota». ¿Qué os atrajo de esa canción en concreto? ¿La entendisteis como un homenaje, una declaración de principios o como una forma de reivindicar una determinada manera de entender la canción pop-rock?
Fue una canción que nos gustó en su día. Simplemente queríamos hacerla en directo, y suena más que bien. Así que la incluimos en el disco El cielo está en todas partes. Ahora mucha gente canta nuestra versión cada vez que pinchan la original por ahí ¡y eso hace que me parta el culo!
En un momento en el que muchas bandas parecen obsesionadas con el algoritmo, ¿seguís creyendo en esa vieja idea de la canción grande y redonda, de las que entran a la primera, pero se quedan durante años? Algo que, por cierto, también tiene «Dakota».
Es una canción muy directa y emotiva, eso la hace cancionaka, así sin más. Bonita, directa al corazón y con mucha intención y épica. Ojalá «Aún nos queda voz» e incluso «Sólo hace falta una canción» se conviertan en montañas, y no sólo en un granito de arena dentro de este mundo tan distorsionado.
Texto: Borja Figuerola






