Los belgas Boogie Beasts se acercan a la figura de R. L. Burnside con un respeto que esquiva la imitación fácil y apuesta por capturar el espíritu. Su disco, concebido como tributo en torno al centenario del maestro del hill country blues del norte de Mississippi, entiende bien que ese estilo no se copia, se respira. Ritmos hipnóticos, repetición casi ritual y una guitarra que marca el pulso sobre el que todo gira vuelven a aparecer aquí filtrados por la personalidad del grupo.
El álbum se apoya además en una nómina de colaboradores con pedigrí, empezando por Duwayne Burnside, hijo del propio Burnside, y siguiendo con nombres como Luther Dickinson, G.Love o Kenny Brown, piezas clave para entender la continuidad de este sonido. Esa conexión directa con la tradición aporta autenticidad sin convertir el conjunto en un ejercicio arqueológico. Lejos de intentar reproducir al detalle las grabaciones originales, los Boogie Beasts optan por adaptar las canciones a su propio lenguaje. Ahí está la clave. Temas emblemáticos como «Jumper on the Line» mantienen su magnetismo mientras se abren a una lectura contemporánea que respeta la esencia sin quedar atrapada en ella. Esto acaba convirtiéndose en un disco sólido, disfrutable y, muy, muy honesto. Una puerta de entrada ideal para quien quiera adentrarse en el hill country blues y, al mismo tiempo, una reivindicación de que el legado de Burnside sigue vivo cuando se aborda con inteligencia y pasión.
Eduardo Izquierdo






