
Desde que vivo en Texas me he metido de lleno en la escena de lo que solemos denominar heavy-stoner-doom-psych-desert rock, lo que en realidad constituye escenario musical difuso y grave, marcado por riffs pesados, paisajes sonoros psicodélicos y una estética a caballo entre el blues y Mad Max 2, podríamos decir que no es más que aquello que hacemos los que nos quedamos atrapados alguna vez en nuestra vida en el Master Of Reality de Black Sabbath, cada cual con nuestra propia experiencia vital. Si soy honesto, un porcentaje abrumador de estas bandas, algunas de ellas incluso legendarias, no brillan por esos matices y, empujan este movimiento hacia el metal monótono. Rara vez das con algo que de verdad llama tu atención, pero cuando lo encuentras, la sensación es maravillosa. Hace unos meses descubrí a un dúo mexicano llamado Gran Moreno formado por los hermanos Ricardo y Christian Rodríguez. Afincados en Austin, Texas, su estilo es único, algo así como Adrián Quesada meets Mario Lalli. En el presente artículo reseño su primer disco y el concierto que tuve el placer de disfrutar en Fort Worth, Texas, junto a los grandes High Desert Queen.
EL DISCO. Gran Moreno – El Sol (Independiente)
Si tienes un oído educado en los caminos del blues, Gran Moreno son toda una revelación. Bajo la psicodelia y el fuzz de su rock moderno hallamos un ritualismo que lo mismo te traslada al desierto mexicano como a la tumba de Junior Kimbrough. La forma en que Ricardo ataca las cuerdas tiene una honestidad brutal, una urgencia que recuerda que el blues, en esencia, siempre fue una música de supervivencia. Su primer disco, El Sol, producido por ellos y Ray García, se aleja del formato de dúo estricto para convertirse en una «orquesta de dos» que invita a colaboradores clave. La producción es expansiva; el fuzz ya no es solo una pared de sonido, sino una textura que respira. La mezcla y el máster de Seiji Rafael Hino logra algo complejo: mantener la mugre necesaria del rock psicodélico mientras da espacio a vientos y percusiones.
Desde el primer acorde de Las Montañas, el trabajo tiene una profundidad cinematográfica. Guitarras limpias que hacen evocar un amanecer desértico antes de que explote un groove con un denso sonido «fuzz». La voz de Ricardo entra con una cadencia casi mística. Es el límite entre su pasado en la Ciudad de México y su presente en Austin. Es un trozo de rock progresivo con disfraz de psicodelia pesada. El segundo corte, Aztlan, es una patada en las tripas. El título se refiere al mítico hogar del que los azteca migraron a Tenochtitlan, dotando, lo que entiendo como una declaración de la identidad y las raíces del dúo. Aquí la batería de Christian es particularmente técnica, dejando que la guitarra de Ricardo explore texturas disonantes sin perder el gancho rítmico. Es el corazón “Moreno” del disco junto con Huracán, que también es el momento de introspección del álbum. Comienza con una nota melancólica para luego convertirse en una experiencia de rock con emociones a flor de piel. Destaca la incorporación de Akin Francis al pedal steel y las voces de apoyo de Sofía Isabel Flores (SoDés), que le dan un aire de “acid western” o psicodelia vaquera que conecta a la perfección con el paisaje tejano. Su tema principal, “Temple of Fire”, es un ejercicio de puro stoner rock con riffs cíclicos que tratan de inducir a un estado de trance. La letra trata de la purificación por fuego, un tema que los hermanos Rodríguez desarrollan a menudo dentro de la simbología solar. El tema más directo y “punk” del disco es La Mentira. A un ritmo más rápido, habla de la desilusión y el engaño, como un puente con energía pura antes del último tramo, más experimental. Aquí es donde llega una canción ambiciosa: OAXACA / Please Don’t Cry. Con este corte, Gran Moreno rompe sus propias etiquetas, integrando una sección de metales (Juan Pantoja en saxo y Emmanuel “Chobby” en trompeta) junto a percusiones de Elias Ramírez. Es una fascinante fusión de son cubano, rumba y psych-rock. Es una oda a la herencia afrolatina y representa el rechazo total de Ricardo a las fronteras creativas. El cierre es épico con HIKURI, título que hace referencia a un cactus sagrado de México con propiedades psicoactivas utilizado ancestralmente por los huicholes (wixaritari), que conocemos comúnmente como peyote, para la conexión espiritual y la sanación, posee efectos alucinógenos que alteran la percepción, además de potencial terapéutico para adicciones y depresión. Esta es la primera canción de Gran Moreno que me atrapó, comienza con un vulnerable rasgueo acústico que de pronto es aplastado por un riff de doom colosal. Una transición espiritual entre lo acústico y lo pesado es súbita, magistral, cerrando el ciclo de “Sol” con una fuerza que deja al oyente listo para la oscuridad de La Luna.
EL DIRECTO
Este álbum salió en Enero (escribo estas palabras en Abril) y lo he quemado desde entonces deseando verles en directo. Por una parte, como amante y practicante de los dúos, no pierdo la oportunidad de disfrutar de un concierto como el que imaginaba que podían dar Gran Moreno, pero estas canciones despertaban mi lado más geek, pues no se me antojaba sencillo trasladarlas al directo en un formato tan minimalista. El 19 de Abril tuve la suerte de verles en The Cicada, un local a una hora de mi casa, junto a mis apreciados High Desert Queen; una noche de rock and roll perfecta. La puesta en escena de Ricardo y Christian es sencillamente aplastante. La capacidad para tejer dinámicas en el escenario, hilvanando el fuzz apretado a dolor sobre potentes grooves con los más delicados pasajes de El Sol es asombrosa. Ricardo domina el escenario a todos los niveles, con un sombrero del estilo Open Road de Stetson, botas y pantalón de vestir tiene la pedalera domada al extremo de que parece tenerle miedo. Es la primera vez en mi vida en la que veo a un guitarrista pasar de la distorsión más sucia luchando contra el wah pasar a limpio quirúrgicamente y sin un solo ruido, convirtiendo la experiencia en casi mística. Fue una experiencia de estas que pierden todo el sentido leídas.
Creo que fue Lightnin’ Hopkins quien que dijo que el blues era algo entre los amarillos y los verdes, una afirmación irónica, obviamente, pero creo que es una buena forma de describir a Gran Moreno, podemos encontrarles entre tonos amarillos y verdes, tan cercanos a una montaña sagrada de bosques frondosos como a un desierto árido. Tenéis que comprar su disco (en este enlace: https://granmoreno.bandcamp.com/album/el-sol) y exigir a vuestro promotor de confianza que los lleve a tocar a vuestra ciudad. Esta banda mexicana lo tiene todo para ser la próxima gran propuesta surgida de Austin, tendremos que esperar. Mientras tanto, podéis echarles un vistazo en YouTube, pues acaban de grabar para la KUTX de Austin.
Dolphin Riot






