
Es el minuto 10 y la camisa planchada de Brett Anderson está empapada del sudor de la evolución, involución e intrahistoria del Brit pop (elegante, o no). Conservó la banda tras la salida de Bernard Butler y protegió la calidad de la formación tras ello; resistió a los tsunamis Oasis/Blur, mantuvo vivo el grupo en el nuevo milenio-aunque no lo pareció- y dejó al pop orquestal inglés el poso ácido de Stone Roses. Y, por supuesto, almacenó ecualizados los mejores falsetes desde Bowie.
Todo esto lo hizo él, ese frontman estratosférico que es el cantante de Suede, y lo hizo, lo sigue haciendo y, visto lo visto, continuará así por tiempo desde cualquiera sea el atril: sala, macro festival o simplemente, a capella (como en la intimidad al piano que generó a mitad del directo “The Asphalt Song”). Además, al contrario que otros, los elepés actuales no son meras excusas para atiborrarse de ego y capital mediante una ristra de conciertos a piloto automático. Antidepressants (BMG, 2025) es oscuro pero sutil, más laxo en registros agudos, duro pero suave como el tipo de cuero que da nombre a los londinenses.

También es vigoroso, con una mayoría de temas capaces de defenderse por sí mismos sin recurrir a viejos himnos. Por eso, la confección del set list en el repertorio fue ecuánime con sus diez discos, justo con el pasado y el presente, soslayando la nostalgia, que bien sabemos que es una industria millonaria. Una hora y media justa de bolo, comenzando con las recientes y poderosas “Disintegrate” y “Antidepressants y pasando, directamente, a “Trash”, “Animal Nitrate” y “We are the Pigs”, la triada de canciones que entre 1993-96 les hicieron cotizar como el oro. Capaz de mantenerse con la ropa igual de inmaculada en los medios tiempos (“Pale Snow”, “June Rain”) que en los hits (“So Young”, “Beautiful Ones”), lo de Anderson, es química natural para el recuerdo. Y el redactor aprovecha para darle las gracias por haber incrustado en su imaginario parte de las canciones de su vida.
Texto: Álvaro Fierro
Fotos: Dena Flows






