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Shawn James – La 2 de Apolo (Barcelona)

Si hay algo que impresiona es la conexión con la audiencia que consigue el de Chicago. Da igual el formato  —y nos ha visitado de todas las maneras: en solitario, junto a la panda de rednecks que respondía por The Shapeshifters, acompañado solo por violín o respaldado por banda completa—, esa comunión se mantiene durante todo el concierto, creando un clima especial que otorga un plus a sus actuaciones. En Barcelona lo hemos visto en salas pequeñas, como Koitton Club o Rocksound, y en otras de mayor aforo, como Razz 2 o Wolf, sin que esa sensación haya variado en lo más mínimo. Y ayer, en La 2 de Apolo, no fue la excepción.

Público entregado de antemano: devoto, silencioso y atento cuando la ocasión lo requiere, y bullicioso y juerguista cuando es necesario. Shawn acapara toda la atención en escena, con permiso del violinista Sage Cornelius. Su hierática presencia contrasta con esa voz descomunal: unas cuerdas vocales de amplio registro y excelsa modulación que polariza el ambiente con un poderío casi sobrehumano. Capaz de pasar del susurro íntimo y melancólico al rugido telúrico sin despeinarse en unas canciones que beben del folk, el blues, el góspel y el rock a partes iguales.

Canciones que cosechan la respuesta más entusiasta cuando echa la vista atrás en su discografía. Es difícil fallar con temas como «The Thief & The Moon», «Burn The Witch» –acompañada de su rechazo a Trump y al ICE en la presentación-, «Through the Valley» que sigue cautivando con la misma fuerza que la primera vez, o «Flow» y «Six Shells (The Outlaw’s Anthem)». Los temas nuevos que presentó, recordemos que su nuevo trabajo todavía no ha salido a la venta, encajaron con naturalidad con el resto del repertorio, destacando «Icarus», con ese adictivo riff de violín. También recurrió a composiciones que no suele interpretar habitualmente en directo, como la emocionante «Brother», con la presencia del telonero Gravedancer para interpretarla.

El bis, largamente reclamado, llegó con «Muerte Mi Amor», que parecía poner cierre al recital. Pero no fue así: con toda la banda al completo —excepto James y la guitarrista— disfrazada de rana, rompiendo el habitual tono sobrio con un guiño festivo al St. Patrick ‘s Day, encararon una recta final demoledora. «No Blood From a Stone» y el medley de «Delilah» y «Haunted» mostraron su cara más contundente y rockera, desatando el entusiasmo del respetable.

Como único pero, quizás se podría afinar la dinámica, alternando con mayor equilibrio los pasajes más pausados y los más intensos en lugar de concentrar el golpe final en los últimos compases. Mejoraría en fluidez y ritmo global. En cualquier caso, hablamos de un matiz menor dentro de una velada sobresaliente.

Manel Celeiro

Fotos: Fernanado Ramírez

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