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Rambalaya – Aniversario Rocksound – Razzmatazz 3 (Barcelona)

 

Anton Jarl, líder y baterista de Rambalaya, nos comentó, en un encuentro improvisado, que el vocalista Jonathan Herrero, sin estar en plenitud de condiciones (alguna fastidiosa dolencia le impidió rendir a tope), había arrasado en un ensayo; este apunte demuestra las capacidades del fundador de A Contra Blues (entre otras inmejorables colaboraciones).

Hablamos, sin usar el sobado probablemente, del mejor cantante de rhythm and blues o soul que existe en nuestro territorio. Sin restar méritos al resto del descomunal grupo compuesto por Héctor Martín (guitarra), Matías Míguez (bajo), Alberto Burguez (teclado), Pol Prats (saxo) y Àlex López (trompeta), su aportación resulta vital en este indispensable combo que prometía deleitarnos en el Razzmatazz 3 con un brillante show, el primero incluido en los fastos del XVIII aniversario de la infalible productora  Rocksound.

Rambalaya ha publicado su tercer larga duración, bautizado con el nombre de “Plays for the Brokenhearted” (2025), otra selección de temas que bascula entre la intimidad y el nervio sin ninguna necesidad de pelearse entre ritmos desiguales. La opción de decantarse por las nuevas creaciones (alguna interpretación de Jonathan nos recuerda mucho a Meat Loaf e incluso a Roy Orbison, pásmense del tipo de registros manejados) invitaba a visitarlos, aunque un repaso general a su trayectoria también apetecía. Repuestos de la exuberancia expuesta por Maika Makovski, en su 20º aniversario, regresamos a la habitual familiaridad. La variación enriquece siempre.

La sala más pequeña y rockera del complejo musical del Poble Nou barcelonés se llenó hasta los topes (profunda alegría), sonó como nunca y sus paredes se estremecieron gracias a la portentosa exhibición de Jarl y sus colegas de viajes. Los Rambalaya jugaban en casa y se notó, aunque estamos seguros que  la acogida en todas las ciudades del mundo por donde ha pasado su tour les ha abrazado del mismo modo; la categoría no sabe de nacionalidades. En este sentido debemos congratularnos y saber que, a menudo, encontramos muy cerca lo que parece estar muy lejano.

Con la introductoria “Back in The Race”, ya quedó demostrado el colosal poderío de Jonathan Herrero (espléndido de facultades vocales e irónico como siempre) y que con esta banda cojonuda que le respalda nos lo íbamos a pasar muy bien; así sucedió.

La jarana continuó con “Buzzing Alarm”, primera de las siete piezas contiene once) interpretadas de su postrera grabación. En este apartado, nos quedamos con “Take Your Own Advice” (Meat Loaf vestido de mayor calidez), “The Border” (excelente apoyo coral de Maria, Cloe y Anna, alumnas de Herrero), “Loaded” (recuerdos a “Shout”), “Telephone” y “Lonesome Road”, canción concluyente a ritmo de góspel (dedicada a todos los que nos han dejado) y que contó con la espléndida aportación de Burguez en los teclados, magnífico durante toda la velada.

Por lo que se refiere al resto del set escogido, no encontramos mácula, pero  deseando destacar los mejores momentos, nos encantó la apertura (a lo ragtime) de “Bootlegger”, “Cry” (inicio de trompeta con el “Concierto de Aranjuez”), la dupla, encadenada, formada por las arrolladoras cuotas souleras “Can’t Take It No More” y “Chickens” o el par de espectaculares bises labrados: “Only In My Dreams” (Jonathan subiéndose a las alturas de Otis Redding) y “Flowers”, toque rodeo del concierto.

El público botó, bailó agarrado, acabó haciendo cola en el merchandising y sobre todo, marchó con una sonrisa de oreja a oreja que no se borró hasta acostarse. Jonathan nos comentó, antes de comenzar, que les llueven las peticiones de bolos, no nos extraña lo más mínimo. Manel Rodríguez, les adjetivó de estratosféricos; no es necesario añadir nada más.

Durante aquella conversación mantenida con el jefe Anton Jarl, de la que hablamos al principio del relato, apareció el nombre de John Coltrane, Jarl es docto en el mundo jazzístico. Esa inmensa noción le permite juguetear donde le plazca. Rambalaya y cualquier conjunto en el que tome contacto con las baquetas o ejerza de comandante mayor, se sentirán, en todo momento, beneficiados de su sabiduría. Los estudios todavía sirven de algo. Para algunos, claro.

 

Texto: Barracuda

Fotos: Fernando Ramírez

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