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Miles Kane – Razzmatazz (Barcelona)

 

 

No siempre, pero muchas veces la intención es lo que más cuenta, y Miles Kane la tiene toda. Se cree lo que hace y lo transmite. Por ejemplo, antes de salir a tocar con la elección de las canciones que suenan en la sala como previo.

Y claro, podían haber sonado T. Rex (la influencia en su último disco, Sunlight In The Shadows, es evidente), pero lo que nos pone sobre aviso y llama la atención es que suenen los Strokes. En común, ese toque gamberro y callejero (y glammy con los bafles, batería y teclados forrados con piel de leopardo). Esto, lógicamente, va por la vía de lo inglés (por pinta y actitud él no lo niega), claro está, si bien también podría ir por una senda más neoyorquina. En el fondo, es el asfalto que les une. Y en esta gira Miles va por esa línea, patear culos haciendo lo que, en principio,  mejor sabe: tocar rock n’roll (aunque en su día también bordaba ir de crooner alternativo en The Last Shadow Puppets). En este caso, justificado por el tipo de disco que ha grabado, al grano y con herencia guitarrera.

En otro momento podría ir hacia algo más pop o íntimo (de hecho en la parte central del concierto tira más por ahí), pero ahora toca esto. Y en un futuro ya se verá. Miles ha demostrado ser un músico inquieto y muy listo. Cuando el concierto parecía que entraba en una fase de cierta monotonía, se quita la americana y se queda solo con su camiseta de interior de tirantes blanca (sí, como la de los mafiosos) para soltarse con el «Lust For Life» de Iggy Pop. A ver, no se mueven igual, es obvio, pero da el pego. A continuación, Coup de Grace”, una pieza con tralla psicodélica. Sin embargo, y aunque los teloneros (The Boy From The South) anunciaron durante su actuación (curiosa y valiente propuesta con un cover de «A Hard Day’s Night” y la exitosa “Space Party”) que viendo la prueba de sonido de Miles, recomendaba el uso de tapones por el volumen, pero muy a nuestro pesar, aquello no sonó tan atronador como pensábamos (su cancionero actual merecía otra cosa), funcionando solo a tramos.

Y esto, no cabe duda que penalizó. Porque a pesar de la corta duración (hora y cuarto sin bises), como decíamos, la intención (y la actitud) también cuentan. Y la habilidad: para (casi) cerrar, reservándose el himno «Dont Forget Who You Are» con sus correspondientes ‘la, la, la’. Parecía la última (de hecho llevaba un buen rato así, parecía que se iba pero no) y no fue así. A la hora de los postres se apuntó los platos más apetitosos. Y ya se sabe, no hay nada como acabar con un buen sabor de boca.

Texto: Toni Castarnado

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