
Pocas cosas son tan espinosas como enjuiciar un concierto de Los Hermanos Cubero. Primero, porqué la devoción que les tenemos es inmensa y, en segundo lugar, intuimos, sin dudarlo ni un segundo, que nunca nos defraudarán. Con ellos la imparcialidad no existe.
Quique y Roberto (no importa el orden) han creado otra joya a la que han apellidado “Cubero Bueno Cubero Malo” (2024). Esta nueva gema, de su tan insólita como benefactora obra, bien merecía paladearla en vivo y a poder ser en un recinto acogedor, dónde las distancias de sus primorosos mensajes llegaran como explícitas dagas; la sala 1 del Jamboree parecía la plaza perfecta para esta exquisita peripecia. El terco (suyo es el adjetivo) dueto de Guadalajara (la nuestra, no la de un llano que cantaba Jorge Negrete), sigue empeñado en fragmentar moldes. La jota-country regresa enérgica, imaginativa, a ratos irreflexiva (no podía ser de otra manera), continuamente sorpresiva.
Esta presentación barcelonesa, ciudad que les ha acogido siempre con cariño infinito, resultó majestuosa, aunque un poco apretujada. Ya sabemos que los Cubero no serán ni, probablemente lo desean (escuchen la vertiginosa canción que titula su última entrega y entenderán sus reales pretensiones) ser carne de engrandecimientos superficiales. Eso no significa (lo manifestaron con célebres colaboraciones en “Amantes Telúricos”, 2021) que repudien la gloria. Sin embargo, el pequeño formato y la perfecta conjunción mostrada, en dueto fraternal, no admite comparación ninguna; la fórmula perfecta.

Varias cosas nos agradaron o sorprendieron de esta reciente propuesta en directo. Quique luce bigote preponderante, rivaliza en protagonismo escénico con su hermano (habitual entertainer), canta mejor que nunca (bordando las jotas en tesitura aguda, sin ningún desacierto) y el gozo vuelve a brotar, al menos en apariencia. Este, supuesto, subidón moral nos congratula. El infinito sufrimiento no dejará de existir (inadmisible repetir la infausta historia confesable), pero escucharle entonar las recientes “Balas y fuego”, “Sambenito”, la esplendorosa y cínica “Muy tonto para Madrid, muy feo para Barcelona” o las “Seguidillas de Mondejar”, con firmeza y satisfacción, es un respiro mutuo; así lo creemos.
Comenzando por “Las Seguidillas de Zarzahuriel”, el par de enlazadas mazurcas, “Jota Antigua” y ese primordial “Corrido de Fuenterrebollo”, inducen a comentar la importancia que prestaron a los temas instrumentales, más que en otras ocasiones; puedo equivocarme (la memoria confunde). No tuvimos tiempo de tratar este aspecto con ellos (las muestras de afecto y admiración, post show, lo impidieron), aunque, estos sutiles acordes, en gran parte, obra y gracia de la mandolina del simpar Roberto, sostuvieron, con elegancia y pericia, una importante parte de la función que duró unos 90 minutos; en esta ocasión el Jamboree optó por un único pase.
Comentábamos, anteriormente, que Quique Cubero se mostró suelto, convencido y gozoso. Esa muestra de contenida impavidez no cesó ni en los momentos de mayor crudeza. Pese a ese, presumible sosiego, lloramos con “Tu recuerdo es mi consuelo”, “Tenerte a mi lado” (imposible no quebrarse) e incluso nos conmovimos con “Olvido, alegría y autoestima” (uno se siente reflejado) y la encantadora “Como si alcanzar pudiera”, dos flamantes alhajas destinadas a la inmortalidad.
Sin ánimos de que saliéramos desolados, nos indujeron a disfrutar con “En el baile” y unas reparadoras seguidillas en el acto de despedida. El regodeo y el estremecimiento, cosidos, resultaron la receta sanadora.

Voz, guitarra, mandolina y conciencia trabajadora. Pueden añadir temple, calidad, pasión y un atrevimiento inusual. Eso y bastantes cosas más destilan Los Hermanos Cubero. Quienes no los entiendan abrigan un serio problema de sensibilidad.
Forajidos como Willie o Waylon. Adivinen los apellidos.
Los Cubero. Ni buenos ni malos. Elegantes y milagrosos.
Texto: Barracuda
Fotos: Marina Tomás Roch







Me encantó, mantuvieron en todo momento las ganas de seguir escuchando con interés y deseando que durara más. Consiguieron con su entusiasmo, complicidad y calidad artística que nos sintieramos como en un encuentro de amigos. Seguir así Cubero’s !!!