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La Perra Blanco – La 2 de Apolo (Barcelona)

Si en su anterior visita a la 2 de Apolo le faltó poco para agotar el aforo, en esta ocasión lo hizo con un par de días de antelación. Prueba de la expectación levantada y del tirón que la gaditana posee en estos momentos: la gente que paga la entrada abarca un amplio espectro, diverso en edad, condición y gustos musicales. Cómo se logra aglutinar algo así es un enigma que todos —músicos, crítica y público— buscamos descifrar y no somos capaces de hacerlo. Esos intangibles aleatorios que, más allá de la calidad, hacen que un artista llegue a conseguirlo y otros no.

Con el ambiente bien caldeado, subieron al escenario con todo a su favor y ofrecieron un recital intenso, con la entrega habitual de Alba, que consigue conectar con el personal gracias a su desparpajo y simpatía, y de su banda. Un grupo de músicos que sabe todos los resortes que tocar en cada momento, que conoce los secretos de los géneros musicales que interpreta y que secunda a la perfección los trucos escénicos de su líder, sobre todo esa vehemente sección rítmica, con el contrabajo de Guillermo González —otro de los focos de atención sobre las tablas— y la batería de Jesús López.

Las cosas han cambiado desde que se presentaban como trío; aquellos conciertos eran más impulsivos, una rendición del rockabilly entusiasta y repleta de energía, conectando con la versión primigenia del estilo. Ahora, con más músicos sobre las tablas, es obvio que hay que tener las cosas algo más estructuradas: hay desarrollos musicales más extensos y los conciertos tienen un cariz más profesional, entiéndase siempre en el mejor sentido del término.

La Perra Blanco reina en escena, no para quieta ni un segundo, no se da tregua, presenta las canciones —por cierto, qué mala suerte tiene esta chica en el amor—, baja a tocar entre el público y se deja las cuerdas vocales en cada canción. Los temas del último álbum tienen tirón, con el plus de los que emplean el castellano en las letras; así, «Devil In My Bed», «I Need Your Lovin» y «Sin Amor» contaron con el rugido del respetable, rugido que no cesó con la pantanosa «Barracuda» y su riff embarrado, el blues de «I Feel Fine» o la pegadiza «Number One Feel». Ni con el resto de las composiciones interpretadas durante la velada, destacando una electrizante lectura de «Treat Me (Like a Man Should Do)»

Resumiendo, lo vivido en la sala barcelonesa es la constatación de que ya ha pasado el estatus de promesa emergente para consolidarse como una realidad. Ha evolucionado sin perder la frescura de su propuesta y lo que queda claro al encenderse las luces es que su idilio con la audiencia se refuerza cada noche. Es solo rock and roll, pero nos gusta.

Manel Celeiro

Fotos: Marina Tomás Roch

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