
El concierto de Dora Morelenbaum en La Nau no se puede entender sin todo lo que hay alrededor. Y es que la artista de Río forma parte de una escena, la nueva ola brasileña articulada en torno a proyectos como Bala Desejo (quienes ganaron el Grammy Latino con su álbum Sim Sim Sim), que está reformulando la MPB desde dentro, sin necesidad de romper con ella.
Dentro de este ecosistema, su debut Pique (2024) funciona casi como una declaración de intenciones, pues aúna la tradición con sonidos más contemporáneos.
Morelenbaum viene, además, de un linaje difícil de esquivar. Hija de Jaques Morelenbaum, violonchelista y arreglista clave en la obra de Caetano Veloso, Ryuichi Sakamoto o Tom Jobim, y de la cantante Paula Morelenbaum, su biografía invita a lecturas rápidas. La alerta de “nepo baby” es inevitable, claro. Pero verdaderamente cuando hay calidad y criterio se nota, lo que hace que la etiqueta se quede corta.
Arranca con “Não Vou Te Esquecer”, haciendo gala de una economía de recursos, con una banda que entiende perfectamente su lugar, y una centralidad absoluta de la voz. Una voz que remite a la tradición de la MPB más clásica (concretamente a Gal Costa, ojo, palabras mayores). Esa tensión entre lo heredado y lo contemporáneo atraviesa todo el repertorio. “A Melhor Saída” introduce un matiz más psicodélico, tropicalista, mientras que con “Petrichor” vuelve a la contención. En paralelo, los temas más rítmicos, como “Sim, Não” o “Venha Comigo”, abren el sonido hacia coordenadas más cercanas al funk brasileño y al soul, en una línea que conecta tanto con Cassiano (del que versionará el clásico “Onda”) como con Marcos Valle, pero filtrada por una producción más ligera.

Y es que uno de sus grandes atributos es su capacidad para moverse entre registros muy diferentes sin perder coherencia. Uno de los momentos más reveladores es cuando sale la sección rítmica del escenario y queda ella junto al guitarrista. Ese tramo del concierto remite directamente a la intimidad de Domingo, el disco de Caetano Veloso con Gal Costa.
Ya en la parte final, Dora presenta sus temas más físicos y se la ve mucho menos contenida, dialogando incluso con la pista de baile sin perder un ápice de sofisticación. “Chorou, Chorou” y “Nem Te Procurar”, especialmente esta última, funcionan a la perfección como síntesis de su propuesta más funk-disco.
Al acabar el concierto, queda patente que lo interesante, en cualquier caso, no está tanto en el relato que la rodea sino en cómo su música lo desactiva. Hay en su propuesta una forma de entender la canción que parece mirar hacia atrás solo para avanzar con más claridad sin caer en el revival ni en la nostalgia fácil, algo bastante común en este tipo de propuestas. Porque al final, más que una promesa o una heredera, lo que se vio en La Nau fue algo bastante más sencillo: una artista que sabe exactamente lo que quiere hacer y cómo hacerlo.
Texto: Álvaro Rebollar
Fotos: Marina Tomás Roch






