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Alfa Mist – Apolo (Barcelona)

Aparece en escena el trompetista Johnny Woodham, con su camisa de ir a buscar conchas a la orilla del mar y los pantalones cortos con calcetines Nike subidos, y piensas, por enésima vez, que la imagen ya no importa. Nada que objetar, sin embargo, con lo que desprendía escénicamente la bajista Flo Moore, todo clase y elegancia.

Luego andaba el baterista Nathan Shingler, un tipo capaz de crear figuras con su instrumento que no pensaba que existían. Así, como leen. Este llegó con el celular en la mano y respondió algún mensaje antes de ponerse manos a la obra con la introducción in crescendo que presenta el tema «Roulette».

Pero es que el jefe, Alfa Mist (nacido Alfa Sekitoleko, en Londres), sentado detrás de su rhodes con sudadera grisácea, tampoco desprende un aura mitológica. Es el jazz de 2026, colega; se acabó el elitismo y los trajes elegantes. Estos tipos tienen más que ver con su audiencia que con cualquier músico del pasado. Y es genial, porque su aura aparece cuando se expresan con su instrumento, sin parafernalia extra de por medio. Y en eso, una vez más, esta generación es alucinante, sorprendentemente buena técnicamente, pero también imaginativamente y muy situada a romper con el pasado.  ¿Qué carajos echan al Támesis para que todo lo que proceda de ese lado británico sea tan sumamente excitante?

Al concierto de ayer, que presentó un lleno hasta la bandera pese a ser día de futbol (había mucho foráneo en la pista del Apolo, todo hay que admitirlo), le faltó defender un poco más la canción y no tanto la improvisación casi numérica; turno para el guitarra, turno para el baterista, el trompeta… Tocan lo que tocan, obviamente, pero es que en los discos de Mist hay muchos más matices que el mero hecho de pasar de uno a otro dependiendo de quién está por lucirse más.

Pienso en esa obra de arte llamada Antiphon y en qué tipo de recital pudiera haberse convertido de haber defendido esos matices casi cinematográficos, a veces incluso con texturas de soul aterciopelado, en lugar del registro más clásico en el sentido del turno constante para el momento estelar de cada músico. Hay que reconocer, que el más sencillo en la tocada (habiendo estudiado los postulados de Joe Pass), el guitarrista Jamie Leeming, fue el que voló hacia esa sinergia que te hace adicto a los discos de Mist.

Hacia al final, sonaron «Keep On» y «Breathe», ambas del citado álbum, con sus cadencias y estructuras de composición original, y el público se vino arriba. Antes también habían gozado, obviamente. Pese a lo dicho, es imposible no rendirse a músicos con esa entrega y esa destreza. Pero me hubiera encantado un poquito más de lo otro.

Pd: Ojalá hubiera más audiencia como la que asistió a este concierto, gente muy joven en su mayoría. Apenas teléfonos móviles visibles y silencio sepulcral en gran parte del recital.

 

Texto: Sergio Martos

Fotos: Alberto Belmonte

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