
Hay una frontera en Millás donde el lector pierde conciencia de qué es verdad y qué es fantasía. Sus anécdotas, disparatadas por momentos, pero no inverosímiles, acaban por resultar creíbles, sabiendo que hay pequeñas puertas a la probabilidad de que sucedieran. A ello añade un barniz de ironía y algún detalle fantástico.
A punto de cerrar su etapa laboral, el columnista Juan José Millás recibe el encargo de una última entrega sin tema y de estilo y contenido libres. Algo para lo que, aparentemente, no se encuentra preparado el protagonista. Convertido en personaje, Millás narra el surrealismo que rodea su vida, así como los impulsos mágicos que la rigen. Él mismo envejece realizando una revisión vital que por momentos se confunde con la literaria, como se apuntaba. Irónicamente, con un título tan provocador como sugerente, uno podría esperar una mordaz crítica hacia todas aquellas plumas que copan los superventas y los premios.
Este desvarío inicial, que plantea el autor, donde valora la perspectiva de causales escenas comunes, acaba en una revisión vital hilada sin aparente coherencia. Millás entrega una novela con esa capacidad de dotar como lugar de aventuras lo cotidiano. Y, para rematar, la dedicatoria es a un señor inventado con la cita de A Dos Metros Bajo Tierra.
David Vázquez






