Encuentros

Los Vinagres, rock con sabrosura

 

 

 

 

Venían de un largo parón, demasiado para los tiempos que corren. Un disco que no terminó de funcionar, problemas personales, cambios de formación y cuatro años desde su último largo. El escenario perfecto para desaparecer o para volver a empezar. Rober y Abel atravesaron ese momento oscuro en la música donde todo se pone en duda.

Lejos de rendirse, Los Vinagres regresan con Amores de Verbena (Warner), su tercer álbum. Un disco que suena a reencuentro y a propósito. Rock tropical, raíces latinas y canciones hechas desde la calma y la convicción de quien, después de tocar fondo, vuelve a creer en lo que hace. Y lo hacen desde la alegría.

Tras el parón y los cambios en el grupo, ¿qué significa para vosotros sacar este disco?

R: Una alegría. Después de publicar nuestro segundo trabajo, el bajista se fue y fue todo un break, un palo. Además, ese disco tampoco funcionó. Fueron tres años dedicados a investigar y a volver con un álbum en el que nos sintiéramos naturales. Volver al origen.

Más allá de la fusión tropical que os caracteriza, este disco destaca por la alegría que desprende.

R: Es un disco de decir: “Tío, toqué fondo, pero para arriba otra vez”. Si volvíamos no queríamos hacerlo desde la tristeza o el enfado, sino con ganas e ilusión. Hubo un momento en el que nos perdimos musicalmente: sentíamos que las canciones no eran ni rockeras ni latinas. Para hacer un disco de fusión teníamos que investigar y trabajar la música latina, no quedarnos solo en la intuición.

A: Hicimos mucho curro de investigación en distintos géneros latinos. Hay rastros de merengue, salsa o bolero. En «Quédate», por ejemplo, hay una parte que es una folía, un género folclórico canario.

Además, habéis incorporado instrumentos que le dan otro sabor a las canciones, como el tres cubano o el timple.

A: El tres cubano ha estado en muchísimas canciones, incluso más que el timple.

R: En «Tuyo» todo lo musical lo lleva ese instrumento.

A: Y en «Solo quiero bailar» el punteo se hace con un tres cubano procesado. Siempre quisimos integrar eso en nuestro sonido. La idea era mezclar la música latina con un trío de rock básico. Si metes un poco de fantasía o tocas de una manera peculiar, acaba encontrando su sitio.

Otro regreso al origen está en la forma de componer: gran parte del disco nace en vuestra isla, La Palma, en el viñedo familiar de Abel.

R: En la casita del viñedo, sí. Desde el principio ha sido nuestro sitio para componer. Está en Las Manchas, Abel tiene allí un pequeño home studio y no hay cobertura ni nada.

A: Mi padre hace vino con mi tío, es una herencia familiar que viene de mi bisabuelo. En esa casa nos encerramos y fluye todo. Siempre que voy a la isla, vivo allí.

Esa traducción de la música latina al pop rock atraviesa todo el disco y se hace muy visible en temas como «Si me das tu cariño», versión de una bachata de Juan Luis Guerra.

A: Es un ejercicio de traducir una bachata, con una instrumentación completamente distinta, a un trío de rock y ver qué pasa en el local.

R: Replicamos las cadencias de un instrumento latino con otro distinto. Por ejemplo, solear como si fuese una trompeta, pero con guitarra eléctrica, como en «Mentira».

A: Ese solo es una trompeta de un tema de Buena Vista Social Club pasada a guitarra.

R: Son códigos. No hace falta tener el instrumento para que alguien diga: “Vale, llevan el patrón”. Garry toca mucho tumbao al bajo, pero de forma rockera. A mí me pasa lo mismo con la cadencia de la batería. Aunque suene rock, por detrás siempre está ese rollito latino.

La marcha de Sergio Acosta tuvo que ser un golpe duro. ¿Cómo llegó Garry?

G: Les vi tocar desde los primeros conciertos en La Palma. Somos del Valle de Aridane, nuestras familias se conocen. Les dije que me venía a vivir a Madrid y me soltaron: “Trae el bajo”.

R: Fue el soplo de aire fresco que necesitábamos. La salida de Sergio fue dura, era miembro del grupo en todos los sentidos. Abel y yo llevamos toda la vida juntos y podíamos seguir, pero si entraba alguien tenía que ser Garry. Es de La Palma, de nuestro pueblo, y un tío de diez. Siempre supimos que acabaría viniendo. Cuando nos dijo que se iba a Madrid fue como: palante. Nos devolvió la ilusión, y eso es lo bonito. Veníamos de una época en la que sentíamos que todo era como una nube negra encima de nosotros.

Muchas cosas han cambiado respecto a vuestro anterior trabajo, salvo una: volver a grabar en La Mina con Raúl Pérez.

A: Teníamos claro que ahí no estaba el fallo.

R: Es el Rick Rubin español. Te habla en el idioma que necesitas. Es una persona maravillosa y un músico de diez. Hizo de hermano mayor cuando estábamos hundidos.

A: Nos hizo ver que el proyecto merecía la pena y que teníamos cosas que enseñar.

R: Cogimos nuestros ahorros, nos fuimos doce días a La Mina y le dijimos: “Nos ponemos en tus manos”. Esos días fueron clave.

 

Texto: Víctor Terrazas

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