
Hace tres años se dio a conocer con Carta aberta, un disco autoproducido que presentaba en sociedad a una cantautora gallega que iba más allá de los límites que podrían definirla o encorsetarla. Ahora dobla la apuesta con Anfibia por veces, donde hay distintos registros y varios colaboradores, todo bajo la producción de Hevi. Charlamos con ella para que nos lo presente y nos comente sus motivaciones y aspiraciones.
¿Cuándo germina el proyecto de este nuevo disco? ¿Fue un impulso de esos que hay que seguir a ciegas cuando aparecen o algo largamente pensado?
Creo que en los últimos años sí dediqué mucho tiempo a pensar cómo sería el segundo disco pero durante el proceso creativo fueron surgiendo ideas que posteriormente confluyeron en lo que es Anfibia por veces. Cuando compongo, en mi cabeza siempre hay múltiples y diversas posibilidades, porque me apetece hacer cosas diferentes, experimentar… Es en el momento de ponerte con la producción cuando se acaba de definir. Lo único que tenía claro desde el principio es que quería que fuese un disco con cierta experimentación, con cierta contemporaneidad, pero manteniendo la esencia acústica de mi sonido. Lo demás vino después.
¿Hay algún nexo común entre las canciones seleccionadas, incluso aunque lo hayas descubierto después y no fuese intencionado o consciente en un principio?
Creo que hay un nexo en lo que a las letras se refiere: las reflexiones acerca de la identidad, el amor, la búsqueda de la belleza, la afirmación de quien soy. Y lo he descubierto después. Veo que hay una búsqueda constante de la belleza como concepto, como idea que me reconecta y reconcilia con el mundo. Siempre ha habido en mis letras un ligero tinte existencialista y en Anfibia por veces reflexiono también acerca del amor, que no deja de ser otro concepto que impregna el acto de vivir. El disco es una celebración de la vida, con sus luces y con sus sombras.
¿Cómo ves la evolución de este segundo álbum respecto al primero, «Carta aberta»?
Carta aberta fue un disco autoproducido, hecho con mucho amor y con la inocencia de quien hace algo por primera vez. Con la única intención de recoger en un soporte lo que venía haciendo hasta el momento, sin tener muchas expectativas de a dónde me iba a llevar. Creo que en este sentido, Anfibia es un disco más ‘maduro’, en cierto modo más pensado. Hay una producción detrás que le da unidad y coherencia, hay una pretensión de exploración y de juego. En muchos sentidos ha sido un reto. Por otra parte, en este disco me he descubierto más a mí misma no sólo como guitarrista y compositora, sino como letrista, que es un campo que en la época de Carta aberta me imponía mucho. En este disco aflora más esa faceta y se ven más claramente reflexiones y pensamientos que ya había adelantado en algunos temas de «Carta aberta».

¿Qué artistas eran los que más escuchabas mientras componías este disco?
En general, no soy de escuchar muchos discos cuando estoy en este proceso, porque siento que los analizo y no me dejo llevar por la música. Sí que me gusta y además me inspira mucho ir a conciertos, sentir la música en vivo me ayuda en muchos sentidos. Además, prefiero que haya un impulso mucho más inconsciente cuando estoy componiendo, sin fijarme en referencias concretas de otros músicos.
Compones tus canciones a la guitarra. ¿Cómo es la transformación hasta las piezas que podemos escuchar y que tienen muchos más elementos y siguen otros caminos?
El proceso de cada canción es diferente. Hay algunas que desde el principio tenía clara la formación y otras que fueron evolucionando según íbamos probando cosas. Cuando empiezas un disco hay ideas que están ahí pero es en el proceso cuando aparecen otras nuevas; se va construyendo en el camino. A veces en el proceso de maquetación, otras en el estudio, y otras aparecen simplemente por casualidad, porque conoces a una artista que de repente te hace reconsiderar un arreglo.
Tocas neofolk, pasodoble, ranchera, chacarera… ¿Tienes algún prejuicio musical o algún estilo en el que crees que no podrías aventurarte?
Mi manera de crear es mucho más orgánica; en general, no decido de antemano si voy a hacer una canción que encaje en uno u otro estilo. Creo que esas son etiquetas que aparecen una vez que el trabajo está montado. Pero a priori nunca hago ‘ejercicios de estilo’, sino que me dejo llevar por lo que las ideas musicales me piden.
¿Tiene que ver el título del disco con todas estas influencias o cuál era la intención?
«Anfibia por veces» es en primer lugar el título de una de las canciones; es una imagen que me sirve para hablar y reflexionar acerca de la identidad, de mi relación con la tierra que habito. Tanto en las letras como en la propia música, me gusta trabajar con imágenes, con evocaciones, más que con conceptos muy explícitos. Por eso la idea de lo ‘anfibio’ me pareció muy atinada como título del disco, porque conecta con esa capacidad de vivir y de moverme en diferentes elementos, de sentirlos propios y necesarios, tanto a nivel musical como a nivel vital. Siempre me ha parecido difícil identificarme con algo de una manera categórica. El disco es una exploración de lo íntimo, lo individual e introspectivo, pero también una invitación a la celebración colectiva, a lo liviano e incluso lo irónico. Quise con el título poner de manifiesto los contrastes que impregnan la vida.
La melancolía, la morriña, la saudade, la nostalgia, está muy presente en tus canciones. ¿Te sientes cómoda en ese registro? ¿Representa bien tu personalidad?
Soy una persona con cierta tendencia a la nostalgia pero, a la vez, me considero una persona alegre y optimista. No me veo nada representada en esta idea romántica del ‘artista atormentado’. En general, toda esa intensidad vital y reflexiva la dejo para mis canciones. Siempre digo que para mí escribir y componer tiene algo de terapéutico y supongo que es una manera de canalizar todas esas emociones que también están dentro de mí. Pero en mis canciones, aunque puedan tener un aire nostálgico o melancólico, siempre hay optimismo, hay luz. Le canto a la belleza del mundo, a la celebración del amor. La melancolía no es para mí tristeza, no es oscuridad; es una zona de penumbra, con una cierta luz que la hace profundamente bella.
La música tradicional es una de las bases de tu música, pero parece que haber nacido en Galicia marca incluso más toda tu obra y la vía de expresión es una consecuencia.
Creo que la ‘identidad gallega’, que era otra de los conceptos que quería que respirase este disco, va mucho más allá de la música tradicional o del idioma incluso en que se cante. Hay en el disco una influencia de la música popular en general y otras referencias a esta ‘galleguidad’ que se infieren de las letras o de la propia manera de cantar. También al utilizar instrumentos propios de la tradición gallega en temas alejados de este estilo, la utilización de coplas populares o la inspiración en ellas a la hora de escribir algunas letras, etc.…
Trabajar con Hevi, que viene de un mundo musical distinto, supongo que tenía una intención, ¿no?
Sí totalmente. La intención era contemporaneizar el disco, alejar a las canciones de los clichés que a veces puede tener la canción de autor o el folk. Sobre todo me interesaba la idea de trabajar con alguien despegado de mis referencias pero que, por otra parte, también me conociese bien a nivel musical. Y Hevi, además de productor de este disco, también trabaja con nosotros de técnico de sonido en los directos, por lo que esta relación ya venía de atrás.
A finales del año pasado editaste un EP con Abe Rábade y en tu disco hay varias colaboraciones. ¿Cómo cambian tu percepción de la música estos trabajos?
El moverme en diferentes elementos me da la oportunidad de moverme también en distintas escenas y conocer a músicos que vienen de mundos diferentes. Esto aporta a mi carrera artística muchas visiones y perspectivas diferentes de la música. No solo a nivel creativo, sino también a nivel profesional y laboral. Esto me parece super enriquecedor. Poder trabajar, tocar, cantar y grabar con músicos a priori diferentes, de escenas distintas, me inspira mucho y me ayuda en mi propio proyecto personal.
¿Cómo te sientes en la vorágine musical de hoy, donde una artista tiene que estar en las redes y dedicarle tiempo a muchas cosas para poder tener una carrera y vivir de ello?
Es sin duda lo que menos me gusta de este trabajo. Siento que todas estas cuestiones accesorias te ‘roban tiempo para dedicarlo a la música, que es para mí lo verdaderamente importante. Pero es cierto que, hoy en día, es parte del trabajo, y no puedes descuidar este punto porque es también, entre otras cosas, tu medio de contacto con el público. Trato de mantener un equilibrio y darle la importancia justa.`
¿Y cómo encaras las expectativas ante la publicación hace poco de este segundo disco? ¿Ves que va creciendo el interés por tu música en distintos lugares?
Creo que todavía es pronto para saberlo y veremos en los propios meses si este interés ha crecido o no. Por ahora tenemos una gira de presentación que nos va a llevar por más de 15 ciudades, y la mayor parte fuera de Galicia. Así que por ahora el arranque de gira está siendo muy positivo.
Por último, ¿cuál ha sido la mejor anécdota que has vivido en el mundo de la música en estos años?
Hay muchas; me quedo sobre todo con la capacidad que tiene la música de conectarme con la gente, con el público. Que alguien se acerque después de un concierto y te diga que tu música le ha ayudado a superar una depresión o un duelo. También sentir en primera persona el poder y la carga emotiva que puede tener la música; por ejemplo, notar que la gente se emociona en países tan diferentes como Marruecos o República Checa. O que de repente un día te llegue una notificación a Instagram y sea de una chica de la India, que está versionando una canción tuya. O que un artista de Brasil te llame para colaborar porque tu disco le ha tocado profundamente. Esa capacidad de conectar a las personas con algo común, es quizás lo que más agradezco de poder dedicarme a este oficio.
Texto: Xavier Valiño






