
Nunca ha sido fácil encuadrar a este trío de Canadá en un solo estilo. ¿Demasiado duros para los amantes del prog clásico? ¿O demasiado pop en su etapa de los años 80-90 para los adictos al rock duro? Y es que llegaron un poco tarde a la primera ola del hard y del prog pero tomaron buena nota de esos ingredientes (y más adelante de otros) para dar lugar a un sonido propio.
En realidad Rush siempre fue un grupo aparte, con tres músicos nada endiosados y muy bien avenidos. De hecho, desde el principio decidieron repartirse la autoría de los temas a tres partes iguales (música de Geddy Lee y Alex Lifeson y letras de Neil Peart), lo cual ha sido uno de los secretos de su longevidad, como el propio Geddy ha confesado. Ajenos al mundanal ruido de la fama, con muy poco apoyo por parte de los medios y una base de fans acérrima y creciente, el grupo siempre se centró en ofrecer la mejor música posible. Y en cierta manera sentaron las bases del metal progresivo, teniendo como antecedentes a los seminales Led Zeppelin y como herederos directos a Dream Theater.

El grupo se formó en Toronto en 1968 con Alex Lifeson (guitarras) y John Rutsey (batería), y poco después entró un colega del instituto de Alex, Geddy Lee (bajo y voz). Tardaron cinco años en grabar su primer single, “Not Fade Away”, de Buddy Holly, aunque tomando como referencia la versión que habían hecho los Rolling Stones. Y en la cara B, su primera canción original, la impersonal “You Cant’ Fight It”. En 1974 sacaban su primer disco homónimo, Rush, tomando la esencia de los primeros Zeppelin pero también inspirándose en bandas como The Who o Cream. Luego, Alex y Geddy tuvieron que reemplazar a Rutsey debido a sus problemas con la diabetes, aunque también a que no compartía su creciente interés en el rock progresivo. Y ahí fue providencial la incorporación de Neil Peart a la batería (y letras) para poder hacer una música más elaborada y ambiciosa, con piezas más largas y pasajes instrumentales, además de incluir teclados (que tocaría el propio Geddy).
Con su cuarto disco, 2112 (1976), Rush empezaron su etapa más fructífera y aplaudida, que llega hasta el emblemático Moving Pictures (1981). En los años 80 incorporaron más teclados, secuenciadores y baterías electrónicas, alejándose del rock duro y el progresivo para adaptarse a los nuevos tiempos. Más cercanos a una versión vitaminada de Ultravox o The Police (con esos ritmos reagge-rock) que de Led Zeppelin, para entendernos. Y no es una comparación gratuita: algunas texturas de guitarras de Alex Lifeson en Grace Under Pressure no difieren tanto de las que hacía Midge Ure con Ultravox en “Dancing with Tears in my Eyes”, por ejemplo (y además, compartían temática en la letra, sobre la Guerra Fría y la posible guerra nuclear). Pero sobre el tema de etiquetas, Geddy me dijo en 1997: “Nos han llamado de todo, bueno y malo, así que si la gente piensa que somos un estilo determinado, pues vale. Rush siempre hemos intentado evolucionar y con cada disco hemos perdido y a la vez hemos ganado seguidores. Cada persona siempre parece esperar una cosa distinta de cada disco, pero nosotros siempre intentamos ir adelante, ¡aunque a veces hayamos podido ir hacia atrás!”.

Nunca tuvieron un single que fuera nº1 y aun así pasaron de ser un grupo de culto a vender más de 40 millones de discos, gracias también a incesantes giras (desgraciadamente, nunca tocaron en España, así que tocó ir a verles al extranjero, en el caso del abajo firmante, en París en 1992). Desgraciadamente su carrera quedó truncada con la muerte de Neil en enero de 2020 (aquí va un enlace con un artículo: https://www.ruta66.es/2020/01/hemeroteca/adios-a-neil-peart-1952-2020-bateria-de-rush/). En estos últimos años, Alex ha montado la banda Envy of None, un proyecto de synth-pop con dos discos un tanto descafeinados y melodías poco inspiradas, todo hay que decirlo (prueba antes con Cocteau Twins, por ejemplo). Curiosamente, Alex solía quejarse que en los discos de Rush de los 80’s a veces los teclados tapaban sus guitarras, por lo que resulta chocante que en Envy of None la guitarra ya casi pase desapercibida (sobre todo en el primer disco), creando texturas y poco más. Geddy, por su parte, tocó el bajo con Yes (“Roundabout”) ocupando el puesto de su idolatrado Chris Squire cuando los indujeron en el Rock and Roll Hall of Fame en 2017.
Al año siguiente sacó un libro sobre bajos, Geddy Lee’s Beautiful Book of Bass, y en 2023 su formidable autobiografía, My Effin’ Life (2023), donde explica un sinfín de anécdotas de su vida con Rush (y temas más personales, como problemas con la cocaína o crisis de pareja). Además, dedica un largo capítulo a sus padres: se conocieron siendo adolescentes en la Alemania nazi y sufrieron el infierno de los campos de concentración. De hecho, su padre llegó a estar en siete campos distintos (!!!) y, casi milagrosamente, sobrevivió a todos ellos (no así buena parte de su familia). Y en diciembre de 2023, se estrenó la mini-serie de Geddy Are Bass Players Human Too?, cuatro episodios donde se encuentra con otros bajistas: Les Claypool, Robert Trujillo, Melissa Auf der Maur y Krist Novoselic.

Geddy y Alex han dejado la puerta abierta a un nuevo disco de Rush, pero hay que tener en cuenta que el último fue en 2012 (Clockwork Angels), y sin Neil Peart no sería lo mismo. Sin embargo, después de once años sin salir de gira han decidido volver a la carretera con una serie de conciertos (2026 en EEUU, 2027 en Europa) y una nueva y estupenda batería, la alemana Anika Nilles, además de un teclista de refuerzo, Loren Gold. Pero conviene recordar que Alex hace ya muchos años que padece artritis y Geddy ya no tenía su mejor voz en sus últimas giras con Rush… Afortunadamente, hay numerosos discos y DVD’s en vivo para disfrutar de su música más allá de sus trabajos en estudio, como Exit… Stage Left (1981), Grace Under Pressure Tour (1985), Rush in Rio (2003) o Clockwork Angels Tour (2013), así como el documental Beyond the Lighted Stage (2010).
No podemos olvidar que Rush, aparte de su música a menudo compleja y unas letras que huyen de los clichés del rock’n’roll (su primera etapa, con connotaciones fantásticas, y después más de corte existencial y filosófico), siempre tuvieron un gran sentido del humor, como demuestran las introducciones de muchos de sus DVD’s, además del discurso de Alex Lifeson cuando fueron inducidos en el Rock and Roll Hall of Fame en abril de 2013 (con su hilarante “bla bla bla”), o sus cameos en Trailer Park Boys, Suck y Ecstasy.
Ordenar la discografía de Rush de peor a mejor no resulta nada fácil, en primer lugar porque va a depender de si tus gustos van más hacia el metal o hacia el prog. Y si además creciste en los años 80, quizás tengas una conexión especial con la denominada “etapa tecnológica” (repudiada por algunos, defendida por otros, entre los que me incluyo). Sea como sea, todas las etapas del grupo tienen material muy bueno, así que en un par de meses esta lista podría cambiar de orden. Pero hoy mismo es ésta:
20- FEEDBACK (2004)

Cuando los miembros de Rush tenían unos 13 o 14 años, empezaron a hacer versiones antes que a componer. Y Feedback es exactamente eso: un ejercicio de nostalgia puesto al día (también el año 2004 coincidía con el 30º aniversario del lanzamiento de su primer disco), y en cerca de media hora recurren a versiones que tocaban en la época 1966-67, con bastante acento blues-rock. Arrancan bien con “Summertime Blues”, de Eddie Cochran, aunque era difícil llegar al nivel de la interpretación que hicieron los Who para su tremendo Live at Leeds. Y de los Who curiosamente eligen “The Seeker”, por encima de otras de sus canciones más populares. Bastante acertada es la elección de un tema de Love, el western-rock “Seven and Seven Is”, que suena como un tren a punto de descarrilar. De los Yardbirds abordan “Heart full of Soul” y “Shapes of Things” (con una guitarra muy psicodélica), mientras que de Buffalo Springfield eligen “For What It’s Worth” (una versión demasiado fiel) y “Mr. Soul” (más lograda). Cierran el disco con la que quizás sea la mejor del lote, una vibrante “Crossroads” (de Robert Johnson), similar a la que hacían Cream, pero aquí Rush le imprimen su propia personalidad. En resumen, un divertimento más pensado para los propios Rush que para los fans de la banda, que quizás esperaban versiones de otros grupos más afines, como podrían ser Led Zeppelin o Yes. Pero también era una manera de llenar el tiempo de sequía creativa de los cinco años que hubo entre Vapor Trails (2002) y Snakes & Arrows (2007).
19- RUSH (1974)

Grabado en una semana, este debut suena mucho a los primeros Led Zeppelin, aunque sin el eclecticismo ni la genialidad de la banda de Jimmy Page. También se aprecian ecos de los Who más aguerridos en “Take a Friend” (Pete Townshend siempre fue uno de los héroes de Geddy Lee), de Black Sabbath en “Working Man” (con ese riff inicial grave y pesado de guitarra) y una pizca de los Cream de Eric Clapton. Repleto de potentes guitarras y esos agudos imposibles de Geddy, estamos ante un disco en general bastante básico, con desarrollos previsibles y melodías poco trabajadas. Pero aunque está claro que John Rutsey no tenía el toque magistral a la batería que aportó su sustituto (Neil Peart), la verdad es que no lo hizo nada mal, como demostraba en “Need Some Love” o “What You’re Doing” (además se encargó de varias letras, aunque son bastante pedestres). Con la sosegada (y algo larga) “Take a Friend” hicieron una incursión en el blues, como queriendo emular la magistral “Since I’ve Been Loving You” de los Zep. Pero lo mejor es la inicial “Finding my Way” (más ecos de los Who e incluso cierta conexión con Thin Lizzy) y la pegadiza “In the Mood”, que recuerda un tanto a “Gimme Three Steps” (1973), de Lynyrd Skynyrd, aunque Lifeson dijo que la habían compuesto dos o tres años antes de grabar el disco. Hay otra conexión sonora entre “In the Mood” y los Lynyrd: “Truck Drivin’ Man”. Pero Rush no podían haber escuchado esta canción, ya que era una demo que no apareció hasta 1987. Southern rock made in Canada.
18- VAPOR TRAILS (2002)

Después de la gira de Test fo Echo el grupo se separó a causa de dos horribles motivos: la muerte de la hija de Neil Peart (accidente de coche) y meses después la de su mujer (cáncer). Pero cuando parecía que la banda estaba disuelta definitivamente, volvieron cinco años después con este contundente Vapor Trails. Claro que supuso una alegría el regreso de Rush, pero los resultados fueron irregulares. Con el nuevo trabajo parecían querer demostrar que no estaban obsoletos y que podían codearse con otras bandas duras del momento, y es que posiblemente Geddy aportó la influencia del grunge tras haber grabado en Seattle parte de su primer disco en solitario (el normalito My Favorite Headache), con el batería Matt Cameron (Pearl Jam). En Vapor Trails Neil volvía a estar en buena forma, pero el principal problema es que las canciones tienen un tono muy similar y carecen de la magia de tantos discos de la banda en sus diversas encarnaciones. Además, su excesivo minutaje (67 minutos) le hace restar puntos. Recordemos que Hemispheres o Permanent Waves contienen mucha más variedad y creatividad en tan solo 36 minutos. Vapor Trails es un disco áspero, con rabia y riffs feroces pero sin solos de guitarra (ni teclados), y requiere de varias escuchas para disfrutarlo. Destacan “One Little Victory”, “Ceiling Unlimited”, “How It Is”, “Earthshine” y “Ghost Rider”, con una letra muy personal de Neil sobre sus viajes en moto para superar el duelo.
17- SNAKES & ARROWS (2007)

Snakes & Arrows tiene una variedad de la que carece su anterior trabajo, Vapor Trails, y más énfasis en las guitarras acústicas, algo propiciado tras un encuentro entre Alex Lifeson y David Gilmour. Pero aunque los cinco años transcurridos entre ambos álbumes ayudaron a recargar un poco las pilas de la creatividad, el resultado global no está a la altura de tantos discos estupendos del grupo. Una de las peculiaridades es que incluye hasta tres piezas instrumentales: “The Main Monkey Business” (la mejor de las tres), “Hope” y “Malignant Narcissism”. Desgraciadamente, ninguna queda para el recuerdo, porque incluso la acústica “Hope” palidece en comparación con la introducción de “A Farewell to Kings” o “Broon’s Bane”, ese tema inédito que hizo Alex como introducción de “The Trees” para el directo Exit… Stage Left. Sin embargo, a pesar del largo minutaje del disco, hay algunas canciones destacables: la contundente “Far Cry” (buen arranque del disco), “Workin’ Them Angels” (con una juguetona mandolina, una novedad en la música de Rush) o “The Way the Wind Blows” (la preferida de Neil Peart del disco), que combina muy bien una intro de marcha militar, un punteado blues rock (casi crees escuchar a Clapton), un riff 100% Rush y un estribillo acústico.
16- FLY BY NIGHT (1975)

Segundo disco de la banda pero el primero con Neil Peart a la batería (y letras), y eso se nota, porque su excelencia ya está bien patente. La música sigue siendo en parte deudora del heavy-rock algo primario de su primer trabajo, caso de “Anthem”, “Best I Can” e “In the End” (su intro engaña). Y la influencia de Led Zeppelin continúa en piezas como la acelerada “Beneath, Between and Behind”, con ecos de “Heartbreaker”. Más amplitud de miras demostraron con “Making Memories” (con una bonita guitarra slide mezclada con acústicas) y la balada “Rivendell” (con guitarra clásica). Pero lo más significativo es la primera piedra que ponen en su particular edificio de hard-rock progresivo, “By-Tor and the Snow Dog”, que con sus casi nueve vitamínicos minutos tenemos los ingredientes de muchos grandes temas que facturarían a partir de entonces: ritmos feroces (con un Peart desbocado en redobles que ni Keith Moon, oiga), melodías más trabajadas, pasajes instrumentales y diversos cambios.
Pero también eran capaces de facturar singles con gancho, como es el caso del tema que da título al disco, uno de los mejores de la primera etapa del grupo. La letra está inspirada en la aventura de Peart cuando, antes de unirse a Rush, se fue a Londres a buscarse la vida como músico. Acabó trabajando en una tienda de souvenirs en Carnaby Street pero volvió de vacío. Juguemos a las posibilidades: ¿En qué gran grupo prog británico de los 70 hubiera encajado Neil? ¿Emerson, Lake & Peart? ¿O formando base rítmica en Yes junto al sensacional Chris Squire? Poco importa, porque nos habríamos perdido su estupenda carrera con Rush.
15- TEST FOR ECHO (1996)

Cuando terminó la gira de Counterparts el grupo paró un año y medio, tiempo en el que Geddy se dedicó a su familia (acababa de nacer su hija), Neil montó un interesante tributo al batería de jazz Buddy Rich (Burning for Buddy) y Alex sacó su primer disco en solitario, el justito Victor. El sonido global es de un hard rock más alternativo que el que venía haciendo con sus colegas, y seguramente influyó en la música de Rush. Así, varias canciones de Test for Echo suenan más ásperas, una mezcla de Victor y canciones de Rush como “Stick It Out” (del anterior Counterparts). Es el caso de “Test for Echo”, “Time and Motion” o “Virtuality”, cuyas partes duras mezcladas con un estribillo pop poco inspirado no acaban de encajar del todo. Más equilibrio entre riffs potentes y melodías trabajadas tienen la vibrante “Driven”, “Half the World”, “The Color of Right” o “Totem”. Lo peor del disco es un tema instrumental bastante anodino, “Limbo”: no solo está muy lejos de maravillas como “La Villa Strangiato” o “YYZ”, sino de “Leave that Thing Alone”, de su anterior disco. Lo mejor, dos canciones fantásticas que quedan para el recuerdo: “Resist” (bonita letra) y “Carve Away the Stone”, con un bajo de Geddy que recuerda al gran Tony Levin.
14- CARESS OF STEEL (1975)

Si en Fly by Night empezaron a coquetear con el rock progresivo (“By-Tor and the Snow Dog”), en su tercer disco (publicado solo siete meses después) dieron un paso adelante. Por un lado, la pieza de doce minutos “The Necromancer”, con una introducción ambiental totalmente diferente al material de los dos primeros discos y un punto de psicodelia. Le sigue una parte de hard rock blues que luego se acelera, y finaliza con unos acordes que recuerdan bastante a “Baba O’Riley”, de los Who. Pero a pesar de las intenciones sinfónicas, las tres partes no están del todo bien entrelazadas. Mucha más cohesión tiene la suite que ocupa la segunda mitad del disco, “The Fountain of Lamneth” (atención a su estupenda 5ª parte, “Bacchus Plateau”), aunque le sobra un mini-solo de batería totalmente innecesario. Ya sabemos que Neil tocaba de maravilla, pero estas cosas siempre funcionan mejor en los directos… Las otras dos piezas del disco son la inicial “Bastille Day” (un tema de asalto muy en la línea de “Immigrant Song”, de Led Zep, y casi anunciando el sonido de Iron Maiden) y “Lakeside Park”, uno de los mejores temas de su primera etapa. Caress of Steel es uno de los discos de Rush que más desapercibidos pasan, pero sirvió de trampolín para desarrollar esa mezcla de hard rock y prog en sus siguientes y más elaborados trabajos.
13- CLOCKWORK ANGELS (2012)

Su último disco en estudio es un ambicioso trabajo conceptual (el primero entero de su carrera), conectando más con los Who que con Led Zep o cualquier banda de prog. Y es que abundan los riffs a lo Pete Townshend y casi parecen querer emular obras como Tommy o Quadrophenia. Repitieron con el productor Nick Raskulinecz y, aunque no todos los temas brillan por igual, el resultado global es muy superior a los dos trabajos anteriores (Vapor Trails y Snakes and Arrows). Neil armó una historia distópica de corte steampunk, con influencias diversas que van desde el Cándido de Voltaire (donde satirizaba el optimismo de Leibniz, que defendía que vivimos en el mejor de los mundos posibles) a escritores como John Barth, Joseph Conrad, Daphne du Maurier o Cormac McCarthy. De las doce canciones destacan “Caravan”, “The Anarchist”, “The Wreckers” (empieza tan The Who que casi esperas escuchar a Roger Daltrey), “Headlong Flight” (con una pincelada sacada de “Bastille Day”), “Wish Them Well” y, sobre todo, “The Garden” (con piano a cargo de Jason Sniderman, que ya lo había tocado en “Anagram”, de Presto). Por cierto, el reloj de la portada marca las 21:12, un guiño a uno de los discos más celebrados del grupo, 2112. Clockwork Angels requiere de varias escuchas para apreciar sus múltiples detalles y es un muy digno cierre a una discografía cuya mayoría de álbumes no baja del notable.
12- ROLL THE BONES (1991)

Seguramente intentando capitalizar el éxito de Presto, repitieron la jugada con Roll the Bones: mismo productor (Rupert Hine), mismo ingeniero de sonido (Stephen W. Tayler) y mismo estilo en la mayoría de canciones, muchas de ellas medios tiempos y énfasis en melodías con acento pop, antes que en guitarras y teclados. Por lo tanto, se puede apreciar un ligero estancamiento, un déjà vu, con algunos temas intercambiables en los dos discos. Así, el inicial “Dreamline” (uno de los mejores del álbum) es muy similar a “Show Don’t Tell”, y “Bravado” sigue la estela de “The Pass”, aunque con una notoria influencia de U2, algo que también se aprecia en “The Big Wheel” y “Heresy”. Pero quizás más sorprendente es el tema que da título al disco, con un simpático interludio de rap. Sin embargo, la canción del disco realmente floja es la anodina “Face Up”, que sigue la misma senda árida de “Scars”. Aquí sí se puede usar el término “comercial” en su sentido peyorativo. Mucho mejor les salió el tema instrumental funk-rock “Where’s my Thing?”, una curiosa mezcla entre Living Colour y los Genesis de los años 80. Y “You Bet Your Life”, que cierra el disco, es una vitalista canción que podría haber firmado Pete Townshend en los 80’s, dentro o fuera de los Who.
11- PRESTO (1989)

Su anterior trabajo, Hold Your Fire, vendió menos que la mayoría de sus discos precedentes, por lo que hubo un cambio de discográfica (de Mercury a Atlantic). El grupo cambió también de productor, en este caso ficharon a Rupert Hine, quien ya había trabajado con artistas prog como el ex Genesis Anthony Phillips (Wise After the Event y Sides) Camel (el infravalorado I Can See Your House from Here) y Saga (Worlds Apart y Heads or Tales). Y el sonido también cambió: hay aquí menos teclados y un ligero acento más rockero, como se aprecia en las dos piezas iniciales, “Show Don’t Tell” (de lo mejorcito del disco) y “Chain Lightning”. El resto del álbum en general está dominado por melodías bastante pop-rock y profusión de guitarras acústicas. Canciones como “The Pass” (de las preferidas de Geddy Lee), “War Paint” (con otra de esas baterías en la onda de Stewart Copeland) o “Superconductor” son realmente accesibles, pero con esos arreglos marca de la casa que hacen que casi siempre Rush estén en un nivel superior. Lástima que incluyeran una cosa tan amorfa como es la repetitiva y un tanto irritante “Scars”, que quizás funciona en una pista de baile en Saturno, pero poco más. Afortunadamente Presto tiene otras piezas destacables, caso del tema que da título al disco (bonito solo de guitarra), “Red Tide” o “Available Light”, un muy buen cierre.
10- HOLD YOUR FIRE (1987)

Uno de los trabajos más infravalorados de Rush, por ser quizás aparentemente el más comercial (algo discutible: los dos siguientes seguramente lo sean más). Y uno se pregunta: ¿desde cuándo facturar melodías con gancho, envueltas con buenos arreglos e instrumentación de primera clase es algo negativo? Porque si comparamos Hold Your Fire con las listas de éxitos de los últimos años (o lustros), canciones como “Force Ten”, “Time Stand Still”, “Prime Mover” o “Mission” suenan a gloria bendita. El disco es la lógica continuación de Power Windows, con Peter Collins produciendo y Andy Richards añadiendo teclados y programaciones. Geddy hace algunas líneas de bajo formidables, como en la citada “Prime Mover” o “Turn the Page” (atención a las muy logradas versiones en el directo Show of Hands).
De hecho, Geddy está tan omnipresente con melodías vocales, bajos y teclados que Hold Your Fire casi podría pasar por un disco suyo en solitario (aunque, en este sentido, este álbum es muy superior a su único disco solo, “My Favorite Headache”). Lifeson, por su parte, ya estaba un poco harto de tanta tecnología moderna (incluso detestaba “Tai Shan”, con un toque étnico), y se quejaba de que le resultaba difícil meter sus partes de guitarra. Sea como sea, se marca algún solo sensacional (al final de “Mission”, por ejemplo), y las muchas texturas que aporta son de gran calado. Y eso le emparentaba con lo que había hecho Andy Summers con The Police unos años antes.
9- 2112 (1976)

Caress of Steel, su tercer disco, no había satisfecho las expectativas de la discográfica, las ventas eran flojas, y además se habían atrevido a hacer una suite ocupando una cara entera. El mosqueo por parte de los capitostes era grande, ¿tanto les costaba a estos melenudos facturar singles de rock sencillo, y todos contentos? Pero la reacción del grupo fue apostarlo de nuevo todo a la carta de la desmesura y dedicaron otra vez la mitad del disco a una larga suite. “2112” incidía en esas historias de ciencia ficción que seguía escribiendo Neil Peart, (en este caso inspirada en la novela Anthem, de Ayn Rand), denunciando una sociedad futura totalitaria. Tiene momentos excelentes, sobre todo sus dos primeras partes (“Overture” y “The Temples of Syrinx”), pero le falta la consistencia global de otras suites superlativas de esos años, caso de “Echoes” o “Shine on You Crazy Diamond” (Pink Floyd), “Close to the Edge” (Yes) o “Supper’s Ready” (Genesis). Pero incluso si ponemos esta pieza en el contexto de toda la carrera de Rush, han facturado otros temas largos más redondos: “Xanadu”, “Hemispheres”, “Jacob’s Ladder” o “The Camera Eye”. Por cierto, nunca llegaron a tocar la suite entera hasta 20 años después, concretamente en la gira de Test for Echo.
La segunda cara tiene cinco canciones cortas: “The Twilight Zone” (inspirada en la estupenda serie de TV de Rod Serling y, atención, compuesta y grabada en una sola tarde), la vitalista “Lessons”, la balada “Tears” (en la que Hugh Syme, autor de la mayoría de las portadas de Rush, toca el mellotron), la rockera “Something for Nothing” y, la mejor de todas, “A Passage to Bangkok” (escucha la versión del directo Exit… Stage Left). Lifeson dijo que se inspiraron en “Kashmir”, de Led Zeppelin, pero la verdad es que Rush ya empezaban a mostrar una personalidad propia muy marcada. Sí, 2112 fue su mejor disco hasta la fecha, puso a Rush en el mapa debido a sus inesperadas ventas y salvó la carrera del grupo. Pero lo mejor estaba por venir.
8- COUNTERPARTS (1993)

Después de dos discos de gran éxito comercial con un estilo tirando a un pop-rock de buena factura (Presto y Roll the Bones), endurecieron un tanto el sonido con Counterparts, que globalmente es más consistente. Seguramente fue providencial que contaran de nuevo con Peter Collins como co productor y, sobre todo, con Kevin Shirley como ingeniero de sonido, cuyas credenciales futuras incluyen a Dream Theater, Aerosmith, Iron Maiden o Beth Hart. Geddy admitió que la escena grunge les motivó para volver a sus raíces rockeras, y ese sonido más agresivo se mantuvo ya hasta su último disco, Clockwork Angels, de 2012. Hay en Counterparts un buen equilibrio entre riffs de guitarra potentes y melodías con gancho, caso de “Cut to The Chase”, “Between Sun & Moon”, “Double Agent” o la formidable “Cold Fire” (con riffs de guitarra y un solo muy The Who, y unos coros del propio Geddy muy logrados). Incluso el primer single del disco, la un tanto repetitiva “Stick It Out” (que llegó al n.º 1 en las listas estadounidenses), tiene más substancia que canciones anodinas de discos anteriores, caso de “Scars” y “Face Up”.
Con la instrumental “Leave That Thing Alone” (con un solo de guitarra que podría haber firmado Steve Howe) mejoran lo ya expuesto con “Where’s My Thing?”, de Roll the Bones. Uno de los elementos más destacables es lo bien que empiezan y cierran el disco con las estupendas “Animate” (casi parece una versión con esteroides de “Fascination Street”, de The Cure) y “Everyday Glory”. Pero la perla de Counterparts es “Nobody’s Hero”, con una fusión perfecta entre una gran melodía, una letra estupenda y unos arreglos de cuerda que realzan el conjunto, facturados por Michael Kamen (ya había dado lustre a canciones de Pink Floyd en The Wall). De esas pocas ocasiones en que un grupo de rock y una orquesta armonizan que da gusto.
7- POWER WINDOWS (1985)

Tras prescindir de Peter Henderson como productor, esta vez contaron con Peter Collins, además de Andy Richards y Jim Burgess añadiendo multitud de teclados y programaciones (a veces por encima de las guitarras). Pero el trabajo de Richards/Burgess es fantástico, en ocasiones pura orfebrería. Eso sí, en los directos tuvieron que echar mano de varios teclados pregrabados, porque Geddy no podía con todo… Neil Peart también apostó por la tecnología punta, pero con un plus: se fue un día de tiendas en Londres con su técnico de sonido para alquilar instrumentos de percusión indios y africanos y luego samplearlos para tocarlos con su batería electrónica, dando lugar a cosas tan molonas como “Territories” y “Mystic Rhythms”. El disco, a nivel lírico, versa sobre el tema del poder, como la inicial y potente “The Big Money” (y aunque Geddy cante el título en la canción un millón de veces, nunca aburre, algo sorprendente), la citada “Territories” (sobre el problema sin fin de los nacionalismos) o “Manhattan Project” (sobre el espantoso poder de las bombas atómicas). Y por si el aluvión de teclados y secuenciadores no fuera suficiente, también se contó con arreglos de coro y orquesta a cargo de Andrew Jackman (hizo un trabajo estupendo en Fish Out of Water de Chris Squire, bajista de Yes), aportando un acento más épico en algunos temas. Atención también a “Marathon” (con un buen solo de guitarra) y la estupenda “Grand Designs”, con una ligera influencia de The Police.
6- HEMISPHERES (1978)

Con este álbum incidían en la senda iniciada con Caress of Steel, 2112 y, sobre todo, Farewell to Kings, es decir, temas largos hard-rockeros con elementos progresivos. Volvieron a grabar en los mismo estudios de Gales donde ya habían disfrutado grabando A Farewell to Kings. Y aquí tenemos la tercera suite concebida por el grupo ocupando medio disco, mejorando lo ya expuesto en “The Fountain of Lamneth” y “2112”. “Hemispheres” es una suite estupenda y deliciosamente anacrónica, habida cuenta que en 1978 incluso bandas clásicas del prog ya estaban mutando lentamente su sonido para adaptarlo a los nuevos tiempos (aunque Rush también empezarían a cambiar en sus siguientes discos). La segunda mitad del disco tiene dos canciones cortas pero no por ello menos valiosas: “Circumstances” y “The Trees”, condensando en pocos minutos todo su buen hacer (incluyendo un bonito arsenal de percusiones a cargo de Peart). Cierran el disco con uno de los temas claves de toda su carrera, la exuberante e instrumental “La Villa Strangiato”, con un sinfín de cambios y piruetas que han hecho las delicias tanto de los hard-rockeros como de los amantes del progresivo. Dream Theater tomarían buena nota a finales de los 80 a la hora de definir su sonido, porque el metal progresivo que se les atribuye seguramente estuvo inspirado en esta espléndida pieza. Y no es una apreciación gratuita: su batería, Mike Portnoy, ha comentado que su tema preferido de Rush es precisamente “La Villa Strangiato”.
5- GRACE UNDER PRESSURE (1984)

Para este disco dejaron de contar con la producción de Terry Brown, con quien habían trabajado desde el primer álbum (aportando además arreglos a diversas canciones). Tantearon a Steve Lillywhite e incluso a Trevor Horn, que acababa de marcarse un gran tanto con el disco 90125, de los revitalizados Yes. Y aunque finalmente cogieron a Peter Henderson (había trabajado con Wings, Zappa o Supertramp), el disco fue producido básicamente por la banda. Suena más oscuro que otros trabajos del grupo, en parte debido al contenido lírico, con letras que versaban sobre la Guerra Fría y una posible amenaza nuclear (los tiempos no han cambiado mucho). Y con “Red Sector A” tocaban un tema delicado: los campos de concentración. Y es que parte de la familia de Geddy había sido asesinada en esos espantosos lugares de la Alemania nazi.
La primera canción del disco, “Distant Early Warning”, es sencillamente perfecta, con un gran equilibrio de la melodía y los distintos instrumentos: bajo, teclados, batería y, sí, guitarra. Y es que aunque Alex siempre se quejó de que su instrumento quedaba en un segundo plano en los discos de los años 80, la verdad es que Grace Under Pressure no está precisamente huérfano de buenos riffs, tal y como se puede apreciar en la vitamínica “Kid Gloves” o el solo de “Between the Wheels”. La influencia de The Police, patente desde unos años antes, sigue en “The Enemy Within”, mezclando hábilmente rock y reagge. El único momento flojo del disco es “The Body Electric”, con un estribillo algo reiterativo. Y posiblemente la mejor pieza del álbum (y en el top 5 de las mejores de su carrera para el abajo firmante) sea “Afterimage”: gran melodía de Geddy, teclados que encajan como un guante, estupenda batería de Neil, unas guitarras de Alex muy originales (y un inspirado solo) y una emotiva letra inspirada en la muerte accidental de un amigo del grupo.
4- A FAREWELL TO KINGS (1977)

Empezar el disco con una pincelada de guitarra clásica (a lo Steve Hackett o Steve Howe) es toda una declaración de intenciones. Y es que Rush querían escapar de la posible etiqueta de heavy metal y ampliar su paleta sonora (ya venían haciéndolo con Caress of Steel y 2112), teniendo como referentes a bandas progresivas del otro lado del atlántico. Pero esa guitarra inicial de “A Farewell to Kings” también se prestaba a cierta confusión, ya que Rush seguían siendo un alud sonoro en muchos momentos. El disco contiene una de sus canciones más populares, “Closer to the Heart”, además de la estupenda “Cinderella Man” (en la línea de “Lakeside Park”) y la balada “Madrigal” (casi podría haberla cantado Phil Collins en los Genesis de la segunda mitad de los 70), un pequeño respiro antes de la final “Cygnus X-1”: tras una misteriosa introducción, el tema va creciendo sobre un potente riff de bajo de Geddy, el cual pasa de una voz delicada a esos agudos imposibles del final que seguramente hayan impedido que muchos fans del progresivo clásico disfruten plenamente de una banda tan grande como Rush. Pero Geddy era quien más se esforzaba por tener lo mejor de ambos mundos, el hard y el prog, y eso lo consiguieron totalmente con la monumental “Xanadu”, once minutos de pura magia, combinando sutileza con fuerza, ambientes sugerentes y riffs portentosos y un despliegue de percusiones de Neil Peart apabullante. En fin, todos esos elementos que han hecho de Rush uno de los grupos más originales del rock. Y la grabaron de un tirón y en una sola toma…
3- SIGNALS (1982)

La tercera etapa del grupo, tras el musculoso directo Exit… Stage Left, arranca con este Signals, con más prominencia de teclados. Y aunque la música se concretó en temas de duración más corta (4-6 minutos), el nivel compositivo y el de los respectivos instrumentos sigue muy alto. Empiezan con “Subdivisions”, uno de los grandes temas de la banda, donde Geddy utiliza los teclados de manera muy acertada, igual que en el tema final, “Countdown” (inspirada en una visita que hicieron a la NASA). Y si alguien pensaba que Geddy rebajaría su talento como bajista, anda muy equivocado: ahí están la estupenda “The Analog Kid” (con un trepidante solo de Alex) o “Digital Man” con unos riffs de bajo increíbles. Otro de los elementos notorios de Signals es la clara influencia de The Police (sobre todo en las baterías de Neil Peart), como se puede apreciar en “Chemistry”, la citada “Digital Man”, “The Weapon” o “New World Man”, la última canción compuesta para el disco y que salió como single. A destacar también la bellísima “Losing It”, con una gran letra de Peart (con una referencia a Hemingway). Es de las pocas baladas que ha compuesto la banda, aunque decir “balada” sería quedarse corto, porque el tema va despegando en su parte instrumental con la ayuda del violinista Ben Mink (del grupo FM) hasta llegar a un gran clímax. Solo la han interpretado una vez en vivo, y afortunadamente quedó grabada para la posteridad, tal y como puede verse en el DVD R40 Live (2015), de nuevo con Mink como invitado.
2- PERMANENT WAVES (1980)

A pesar de los grandes méritos que contiene Hemispheres, el grupo estaba en parte repitiendo la fórmula iniciada con Caress of Steel y mejorada con 2112 y, sobre todo, con A Farewell to Kings, por lo que era necesario un cambio de timón. Y eso es Permanent Waves, una puesta al día del sonido Rush iniciando la senda de los 80. La mejor muestra de esa adaptación es la vitalista y vibrante “The Spirit of Radio”, un tema perfecto para cargarte las pilas, con unos riffs deslumbrantes, una melodía saltarina y un delicioso interludio reggae. Tranquilamente, entre las 5 o 10 mejores piezas del grupo.
Pero es que le sigue otra en la misma línea, “Freewill”, llena de buenas vibraciones (y quizás la última vez en la que Geddy Lee ofrece alguno de esos chillidos estratosféricos).
Para los más progresivos, dos piezas: “Jacob’s Ladder” y “Natural Science” (casi 10 minutos), con buenos pasajes instrumentales. Y para darte un respiro, “Different Strings”, una balada con un final tirando a blues. Otro de los temas del disco que presentan el sonido de Rush más concentrado, y que desarrollarán todavía más en Moving Pictures y en Signals, es “Entre Nous”, una pequeña maravilla con una excelente mezcla de guitarras eléctricas y acústicas y un bonito estribillo. Para escuchar en bucle sin cansarse.
1- MOVING PICTURES (1981)

Este disco hizo de puente entre su etapa hard-rock progresiva y la siguiente, con canciones más cortas y más teclados. Arranca con la pegadiza “Tom Sawyer”, con un trabajo de Neil Peart impresionante, contenido a ratos o tocando 1001 redobles como si le fuera la vida en ello. Pero aunque es una pieza emblemática, lo que sigue es todavía mejor. Al principio de “Red Barchetta” la banda va calentando motores para acelerarse después, acorde con el tema automovilístico de la canción. Luego viene esa bomba sonora instrumental titulada “YYZ” (compuesta básicamente por Geddy y Neil haciendo una jam), que en cuatro minutos y medio concentran lo que ya hicieran en “La Villa Strangiato” tres años antes, pero con extra de vitaminas. Dream Theater tomaron muy buena nota de este tema para facturar el no menos soberbio “Ytse Jam”. La vitalista “Limelight” sigue la línea iniciada en Permanent Waves en temas con un sonido más contemporáneo, como “Free Will” y “Entre Nous”.
El cupo progresivo lo cubren a la perfección con “The Camera Eye”, que con sus once trepidantes minutos será el último tema largo de su discografía. Después viene la inmensa “Witch Hunt”, que con su inquietante introducción nos mete de lleno en una caza de brujas (esto es, cualquiera que sea demasiado diferente y nos moleste…): “Rápidos en juzgar, rápidos en enfurecerse / lentos para entender / que la ignorancia y los prejuicios / y el miedo van de la mano”. Muy cinematográfica, y con un final épico. El disco se cierra con “Vital Signs”, con un original uso de un teclado secuenciado al que dobla Geddy con su bajo mientras canta encima como si nada. Un crack. Moving Pictures es seguramente el disco perfecto para iniciarse en la música de Rush, y sus cualidades siguen intactas décadas después.
Texto: Jordi Planas







Val, JORDI.
Descansa de. Tanto. RUSH.
Apa, pren-te. algo, un Bon. Calmant, si. Cal.
Se. Agradece el. esfuerzo…puedes. ir a. tomarte. algo…a. discreción.
Excelente artículo Jordi felicitaciones muy completo comparto tus opiniones sobre la banda La conocí a los 15 años tengo 61 soy fan acérrimo de Rush
Cordial saludo desde Bs As Argentina Hugo Zambrano