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The Last Dinner Party – Razzmatazz (Barcelona)

En muy poco tiempo The Last Dinner Party han entendido algo fundamental: no basta con citar la tradición británica, sino que hay que entenderla y ocuparla. En Razzmatazz, lo que podría haber sido un ejercicio de estilo que simplemente toma prestado lo mejor de sus referencias fue, en realidad, una relectura consciente de una genealogía femenina dentro del pop inglés que va de Kate Bush a Suede, con ecos de Sparks o Bowie, y que conecta con el dramatismo glam y el art-rock más ceremonial y literario.

La sala, mayoritariamente joven y con fuerte presencia femenina, parecía prolongación natural del escenario: terciopelo, encajes y mucha estética barroca. Antes de que apareciera sobre el escenario la banda conformada por Georgia Davies (bajista), Lizzie Mayland (guitarrista), Abigail Morris (cantante), Aurora Nishevci (teclista) y Emily Roberts (guitarrista), sonó Scott Walker. La elección desde luego no era casual, sino que servía como punto de partida para situar al concierto dentro de esa tradición de sofisticación británica que el grupo reivindica.

Sin necesidad de artificio alguno, establecieron desde el primer minuto, con “Agnus Dei”, el tono solemne que caracteriza su propuesta. “Count the Ways” confirmó rápidamente la eficacia de la banda: estribillo expansivo, tensión dramática bien administrada y mucha teatralidad correctamente dosificada y nunca sobreactuada. En “The Feminine Urge” ya quedó claro que, aunque Morris ejerce de eje, la identidad es colectiva. Se intercambian posiciones y micrófonos, diluyen jerarquías y refuerzan la idea de conjunto y no de banda de acompañamiento. El protagonismo está repartido y eso consolida una identidad grupal sólida.

“I Hold Your Anger” marcó uno de los momentos más delicados de la noche. La canción se interrumpió por un desmayo en pista; la banda detuvo el concierto con naturalidad y retomó el tema exactamente donde lo habían dejado, tras el solo introductorio de piano de Nishevci.

La sección central, con temas como “Woman Is a Tree”, “Gjuha”, “Rifle” o “Big Dog” mostró la parte menos inmediata de su repertorio. Aquí se alejan del formato pop convencional y apuestan por texturas más abiertas, armonías corales y una atmósfera casi ritual. No buscan únicamente el impacto, sino consolidar un universo simbólico propio que rehúye la linealidad. Por momentos, más que un concierto parecía una ceremonia cuidadosamente coreografiada.

Con “The Scythe” la respuesta del público fue contundente, con una sala coreando cada verso. Morris explicó que la compuso sola en Londres, y el contraste entre el origen íntimo de la canción y la recepción masiva aportó una dimensión adicional al tema. También hubo espacio para mencionar apoyo al banco de alimentos, subrayando su posicionamiento y compromiso.

Desde “Sinner” hasta “Nothing Matters”, el concierto entró en un crescendo sostenido. Riffs más densos, que, salvando todas las distancias, remiten a cierta tradición británica de contundencia eléctrica, y estribillos diseñados para la comunión colectiva. Presentaron “Knocking at the Sky”, que también había sonado la noche anterior en Madrid y que reafirma la fórmula reconocible del grupo. Aun siendo familiar dentro de su propio lenguaje, funciona.

El bis con “This Is the Killer Speaking”, acompañado de coreografía guiada desde el escenario, y el reprise final de “Agnus Dei” cerraron un concierto que las confirma ya, lejos de aquel recurrente “the next big thing”, como una de las realidades británicas más sólidas del presente. Viendo la respuesta en Barcelona, la siguiente parada será en el Sant Jordi.

Sunday

Abrieron la noche Sunday (1994). El dúo de Los Ángeles presentó una puesta en escena sobria pero bien definida y un sonido que oscila entre el dream pop y cierta melancolía alternativa de los noventa. Canciones como “Tired Boy” o “Stained Glass Window” funcionaron especialmente bien en los pasajes más etéreos. Sin necesidad de grandes gestos, ofrecieron una actuación coherente y estilísticamente alineada con la sensibilidad del público.

Texto: Álvaro Rebollar

Foto: Marina Tomás Roch

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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