Ayer fue mi sexta vez con Los Lobos, y la primera en la que dejaron constancia de que son humanos. Las cinco anteriores rozaron la perfección: ni un error, repletas de pasión, entrega y sabiduría artística. Los años no pasan en balde, ni para ellos ni para nadie, y se nota. Hay que calentar más las voces, mimar los dedos, tomarse un tiempo. Todo ello, sumado a un sonido inicial claramente deficiente, hizo que el arranque del concierto no fuera el que uno soñaba. «La Venganza de los Pelados», «Love Special Delivery» o «Angel Dance» sonaron algo deslavazadas, caóticas por momentos, mientras el técnico de sonido perdía la cabeza frente a la mesa.
Pero entonces llegó «Flap Top Joint», de The Blasters, y todo cambió. Fue el punto de inflexión. Las guitarras crujieron como deben, la cacofonía dejó paso al habitual buen trato a los oídos de la sala Apolo y las gargantas de Cesar Rosas y David Hidalgo se asentaron, encontrando su sitio. Y regresaron a instalarse en el Olimpo de los elegidos hasta el final, tirando de bazas seguras: «How Will The Wolf Survive?», «Emily», «Set Me Free (Rosa Lee)», «Dream in Blue», y una versión de Grateful Dead, «Bertha», ejecutada con elegancia suprema, todo ello sostenido por el aura y el empaque de un grupo de músicos que siempre, siempre, deberían figurar en letras mayúsculas.
Cuando llegó la hora del acordeón, el público coreó, bailó y recordó que las raíces hispanas no son un mero adorno ni una concesión, sino una parte esencial de su propuesta. Cantaron a la revolución con «Carabina 30/30» (con recadito a Trump incluido), parrandearon con «Ay Te Dejo en San Antonio», del Flaco Jiménez, y nos rompimos el corazón y las cuerdas vocales con «Volver, Volver», antes de volver —valga la redundancia— a rocanrolear.

Regresaron ante el clamor del respetable que llenaba la sala para centrar el bis en conmemorar el aniversario del día en que la música murió, aquel 3 de febrero en que Buddy Holly, The Big Bopper y Ritchie Valens perdieron la vida en el maldito accidente aéreo. Un final explosivo con temas de Valens: «Ooh My Head», «Come On, Let’s Go» y «La Bamba», mezclada con el «Good Lovin’» de The Rascals. Lástima de un gesto fuera de lugar, una aparición innecesaria sobre el escenario, un ruido ajeno a la magia: una señorita que subió a posar junto a ellos haciéndose selfis. Si fue cosa de ella, no se ha visto con mis ojos; y si la banda consintió, pues mal.
Pero vaya, un detalle así no puede empañar ni el recital ni la trayectoria de uno de los grupos más destacados de la historia de la música popular. Pocos como ellos, pueden tocar tantos palos diferentes y hacerlo tan bien como lo hacen. Y conseguir que la gente salga de sus conciertos con una sonrisa de oreja a oreja. Llevan cinco décadas repartiendo felicidad en forma de canciones. El lobo sobrevive; y ojalá lo siga haciendo durante un buen tiempo más.
Manel Celeiro
Foto 1: Marc Picanyol
Foto 2: Jesús Moreno







De moment, el bolo de lany
Hombre, el 6 de febrero y ya hablamos de bolos del año…
Buena crónica pero del desaparecido y FUNDAMENTAL, miembro fundador y CO-COMPOSITOR, LOUIE PÉREZ, ni una referencia, en un TOUR 50 ANIVERSARIO, donde se anuncia como información falsa LA BANDA COMPLETA ORIGINAL
Es cierto lo del principio del concierto, que no sonaba muy bien.( Incluso se equivocaron en la letra en Ay te dejo en San Antonio), y que luego se entonaron y el concierto fue muy bueno. Pero, desde el respeto que te tengo por tu abnegación, no se de donde sacas que tocaron Set me free (Rosa Lee) y Dream in blue. La que si sonó en el set de Ritchie Valens fue Donna, ademas de las otras. Y lo de la chica, fue David Hidalgo el que la invitó a subir al escenario.