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Lee Fields & The Expressions – Razzmatazz 2

 

No importa lo jodida y complicada que esté la situación. Da igual si estás al borde del abismo, si el mundo a tu alrededor ha enloquecido, si todo arde bajo tus pies. Ver a Lee Fields en directo es algo, mucho más, que limitarte ir a un concierto. Es otra cosa mucho más profunda y –para los que llevamos muchos años tratando de no perdernos un solo recital del artista de Carolina del Norte– cada vez más necesaria y reparadora.

A sus 75 años, su metro sesenta mantiene intacta su torbellinesca capacidad de transmitir amor entre el personal, de contagiar un sentimiento de hermandad entre un público que se olvida, de inmediato, de sus miserias. Curtido sobre millones de escenarios, sabedor de que ahí arriba no hay que limitarse a interpretar canciones, sino que hay que convertirse en esas canciones, Fields agarra tus tristezas, tus daños, y los arranca a base de gritos y movimientos de cadera. A base de alma y canciones que calan muy dentro.

Y nunca falla. Estás ahí y, de pronto, sabiendo por qué, aunque no muy bien cómo ha sido, te ves sonriendo, feliz, ante un Fields y su banda, The Expressions, capitaneados por su fiel escudero Toby Pazner a los teclados y que incluye músicos excepcionales como Benny Trokan al bajo o Freddy DeBoe al saxo. Como si, de pronto, te hubiesen teletransportado a un lugar que pensabas que sólo existía en tus sueños, pero que compruebas que existe también en el mundo real.

Arranque a lo grande con You can count on me, y el público, las 800 almas apretujadas en un Razzmatazz 2 que colgaba el cartel de todo vendido, ya en sus bolsillos. La magia en el aire. Work to do y, seguidamente, uno de sus grandes caballos de batalla, Ladies. El amor está en el aire. Más hits. Still hanging on, Talk to somebody y otra de sus grandes cimas, My world. “Hipocresía, esta nueva democracia, fabricada con engaños y mentiras. La verdad que buscamos saldrá a flote en una semana. Permanezcan atentos o se la perderán”. Ni una alusión a lo que pasa en su país, nada de peroratas políticas. No hace falta. La canción lo dice todo. Todos y todas ya sabemos.

Y, después, un momento de silencio entre el público, mientras Fields avisa que la próxima canción la ha vuelto a recuperar ahora, y que no la interpretaba desde la muerte de su padre. Con Wish you were here desnuda su espíritu. Las ganas de subir al escenario y darle un abrazo están en el aire. El show prosigue. Don’t Walk, con impresionante solo de DeBoe; Never be another you, una demoledora versión del Got to get through you de TSU Toronadoes, himno del soul texano, y cierre con Forever, el corte de su álbum Sentimental Fool que sonó en la Super Bowl de 2022.

Aplausos, silbidos, ruegos. El público pide otra, otras, cuantas más mejor. Por favor. La banda vuelve al escenario. Un instrumental y el riff del You can’t blame me de Johnson, Hawkins, Tatum & Durr dan la bienvenida de nuevo a Fields que se arranca con Honey Dove. Despedida a lo grande. Nuestras almas han sido reparadas. Ya podemos salir a la calle y seguir creyendo –o volver a creer– que el amor no ha muerto y que no hay nada más bonito en la vida que un abrazo.

Y, una vez más, le damos las gracias a Lee Fields por volverlo a hacer.

Amén, hermano.

Texto: Alberto Valle

Fotos: Marina Tomás

Eneida Fever a los platos 

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