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JEFF TWEEDY – Paral·lel 62 (Barcelona)

Cuando el pasado verano me reencontré con Wilco en directo, en su pletórico concierto en el Poble Espanyol de Barcelona, poco podía imaginarme que apenas siete meses después su líder iba a regresar a la ciudad para presentar un álbum triple a su nombre –el opíparo banquete titulado Twilight Override, tercer mejor disco internacional de 2025 en esta casa–, que lo haría acompañado de cinco músicos con los que se lleva casi treinta años y que la escenificación de ese regreso iba a dar lugar a uno de los mejores conciertos que servidor ha visto en mucho tiempo.

La tarde del concierto veraniego de Wilco, Jeff Tweedy se acercó a la librería Finestres para firmar ejemplares de los tres libros que ha escrito hasta la fecha. Salí del encuentro con su dedicatoria estampada en mi copia de Un mundo en cada canción. La música que me cambió la vida y la vida que cambió mi música (Contra, 2023) y con una por estrenar de Vámonos [para poder volver]: acordes y discordias con Wilco, etc. (Sexto Piso, 2019). Su posterior lectura, en apenas tres sentadas, me hizo conectar de una forma muy íntima con la persona detrás de uno de los cancioneros más deslumbrantes de las últimas cuatro décadas, ese rico muestrario melódico que ha ido confeccionando con Son Volt, Wilco –también junto a Billy Bragg–, Golden Smog y Loose Fur; uniéndose a la gran Mavis Staples y rodeándose de cómplices que son familia en sus discos en solitario

Todavía hechizado por la sinceridad emocional con la que se muestra en esas páginas –un pasito más allá de la que ya conocíamos por sus canciones–, recibí Twilight Override con agradecido pasmo primero –al leer la noticia– y, posteriormente –al ir escuchando una y otra vez sus 30 canciones–, con la insaciable voracidad con que un comensal recibiría un bufé con 30 platillos que sintetizaran la esencia culinaria de su chef favorito. Sigo descubriéndole matices con cada nueva cucharada…

Debo admitir que las semanas previas al concierto estuve algo dubitativo: sus fechas en solitario en Lisboa, A Coruña y Donostia me hicieron temer que ese fuera el formato con el que se presentaría en Barcelona. Aunque seguro que hubiera disfrutado de su versión más desnuda, me alegró saber que en Paral·lel 62 iba a escuchar un buen puñado de esas canciones con el respaldo de una banda. Me apetecía ver rockear al Jeff Tweedy casi sesentón –canoso, delgado y feliz–, acompañado de sus hijos Spencer y Sammy y de otros tres jóvenes talentazos made in Chicago –Sima Cunningham, su hermano Liam Kazar y Macie Stewart– que están actuando, de manera rotativa, como teloneros de papá Tweedy en esta gira.

En Barcelona fue Cunningham la encargada de abrir la velada, guitarra en mano, desgranando un precioso ramillete de canciones, entre lo melancólico y lo esperanzador, donde la cantautora de origen armenio y descendiente de supervivientes del genocidio navega por los claroscuros familiares con arrebatadores arreglos de folk etéreo y una cálida, penetrante voz. Me tocaron especialmente «Your Bones», donde le canta a su hijo de dos años “I don’t want to be your hero just to be your friend / Just to speak your language / Just to be a respite”, y «Nothing», en la que trata de imaginar lo que sucedía en la mente de su fallecido tío, aquejado toda su vida de una parálisis cerebral severa. Nos llevamos a casa una copia de su último trabajo High Roller (Joyful Noise, 2024) para seguir explorando su fértil repertorio.

En 2009 le pregunté a Jeff Tweedy, en una entrevista publicada en Ruta #262, cómo creía que la paternidad había moldeado su manera de relacionarse con el mundo y consigo mismo. “Poder estar tan cerca de mi mujer y mis hijos y disfrutar activamente de la consolidación de un núcleo familiar está siendo una experiencia reveladora para mí. Me siento muy afortunado al verles crecer como lo están haciendo; Spencer en particular me sorprende día a día y me emociona que a su edad sea capaz de expresarse de una forma tan madura. Supongo que eso pone de relieve que, en cierta medida, mi mujer y yo no lo estamos haciendo del todo mal.” Por aquel entonces, Spencer tenía 14 años y, aunque ya había acompañado a su padre a la batería en un par de temas recogidos en sendos recopilatorios, lo que por aquel entonces había captado la atención de la comunidad Wilcohead era la madurez observacional que transmitían sus escritos en un blog que todavía mantiene a día de hoy y que, posteriormente, iba a moldear el esqueleto de Mirror Sound, libro co-escrito con Lawrence Azerrad en 2020 donde se asomaba al proceso de trabajo de músicos que se grababan a ellos mismos.

Desde entonces, Spencer se ha revelado como un batería con una idiosincrasia mesmerizante en el baquetear, una pegada con agarre subido que él mismo describe como “minimalismo extremo” –Levon Helm approves– y que le ha llevado a acompañar en el estudio a artistas como Mavis Staples, Waxahatchee, Norah Jones, Sam Evian, The Minus 5 o su prometida Case Oats, cuyo último álbum Last Missouri Exit (Merge Records, 2025) también produjo. Por su parte, Sammy, cuatro años menor, ha mantenido un perfil más bajo –tres referencias domésticas en su Bandcamp; grabando y girando con la ‘Tweedy & Friends Band’– aunque, según comentó Jeff al presentar a sus acompañantes, esté a punto de ver la luz el disco en el que lleva siete años trabajando. ¡Estaremos atentos!

Cuando la banda irrumpió en escena, el público que llenaba Paral·lel 62 bramó con el acogedor entusiasmo propio de quienes hemos acompañado a nuestro héroe de carne y hueso por el sinuoso camino de una vida plasmada en emotivos acordes y truncada a veces por dolorosas discordias en las que de algún modo todos hemos podido vernos reflejados. El concierto arrancó emulando la secuencia inicial de Twilight Override, cuatro temas que sirvieron para calibrar los raíles por los que va a discurrir el resto del disco / de la velada: la overture de «One Tiny Flower» nos ubicó en una ciudad donde la hierba está creciendo de entre las grietas de las aceras allí donde las tiendas cerraron; en «Caught Up In The Past» emocionaba escuchar a Jeff cantar con agudo trémolo “There’s no crown on my head / Golden light instead” elevado por los angelicales coros de su banda y el violín en modo dron de Macie Stewart; nos citamos en «Parking Lot» para escuchar al rapsoda de la Ciudad del Viento dialogar con sus múltiples personalidades –”There’s a version of me that hangs out in parking lots … / I or the me I most am”–; y en «Forever Never Ends» nos llegó el primer calambrazo al ver a Sammy desplazarse desde detrás de su teclado Korg hasta el micro de su padre para gritar eso de “Forever never ends / I’m always back there again and again and again” con una pasión que nos recordaba a la de aquel cuando hace justo 30 años escupía “In school, yeah, I fooled ya, now I know I made a mistake”.

Metidos como estábamos ya en su bolsillo, nos dejamos mecer por el salto a la cara F del triplete que es «This Is How It Ends» –con ese riff que avanza cual rompehielos–, antes de sentir como la banda fluía caliente en la dupla funk-blues que conforman «Low Key»  y «World Away», dos cortes de Sukierae, álbum doble que grabó mano a mano con Spencer en 2014 y al que volvieron avanzado el set con una perla que usa el carácter cíclico de la naturaleza para establecer paralelismos con nuestra propia necesidad de regeneración –«Flowering»– y otra donde los temblores internos ante la soledad no deseada –«Diamond Light Pt. 1»– dictaban el baqueteo motorik de un Spencer que se agitaba como el hijo adoptivo de Jaki Liebezeit (Can) y Animal (Sesame Street). 

Esbozamos una sonrisa al recordar cuando Stray Cats y Wilco compartieron cartel en el Azkena Rock de 2019 –«Stray Cats In Spain»–; agradecimos el silencio sepulcral, reforzado por unos shhhh que nunca están de más, para que la banda pudiera cantar al unísono la subyugante letanía de «New Orleans» –esas vocales alargándose cual salmo, ese punteo deshilachándose–; sentimos escalofríos con la desapacible bruma sónica de «Mirror» –aunque se abrió un claro cuando Sammy tecleó esa secuencia de notas que apuntala la canción–; imitamos los minimalistas pasos de baile de Aranivah en el videoclip de «Out In The Dark» y asentimos cuando Jeff reconoció al cronista del street hassle como uno de sus mentores en la muy velvetiana «Lou Reed Was My Babysitter» para que no olvidáramos que, efectivamente, “The dead don’t die, the dead don’t die”

Cuando en los bises la banda nos regaló una vibrante versión, aprendida esa misma tarde, del «Spanish Bombs» de The Clash, fue imposible no sentir un estremecimiento al pensar en la larga historia de violencia que ha marcado nuestro país –la noche del 17 de julio 1938 bombardeos de las aviaciones italiana y alemana causaron muerte y destrucción en los aledaños de donde ahora se alza Paral·lel 62–; también al romper la burbuja de empatía y consuelo en la que nos refugiamos durante hora y media y ser conscientes de la maquinaria de odio y sangre que destruye otros vecindarios alrededor del mundo. 

Contra la barbarie, amor y libertad. Libertad para, como nos anima en «Feel Free», plantarnos como una semilla y tomarnos nuestro tiempo en quedar enterrados, para enamorarnos de la gente que conocemos y enamorarnos más fuerte de la que no, para no escuchar nunca y hablar siempre y para no aprender nunca e intentar enseñar, para poner nuestro amor por encima del papel que interpretamos y para mantener nuestro amor lejos de aquello por lo que nos pagan… Y, nunca es tarde, para grabar un disco con nuestros amigos y cantar una canción que no se acabe nunca.

Seguiremos cantando contigo, querido Jeff.

PD: como postrero regalo de San Valentín –a su mujer Sue Miller y a todos nosotros–, Tweedy acaba de compartir hoy mismo en su bitácora Starship Casual una versión del Love Takes Time del disco en solitario de Cameron Winter, frontman de esos Geese que se encaramaron al top 1 nuestros discos favoritos de 2025. Jeff escribe: “Creo que puedes sentir esa sensación inmediata de enamorarte una y otra y otra vez. Pero el amor de verdad necesita muchas millas, mucho tiempo. Es el tipo de amor que vuelve el suelo más duro bajo tus pies y los colores más intensos.”

Texto: Roger Estrada
Fotos: Marina Tomàs Roch

 

 




 

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