
Elliott Murphy y sus colegas Olivier Durand (guitarra), Alan Fatras (percusión) y Melissa Cox (violín) están de nuevo en la carretera (de hecho no la han dejado de recorrer en los últimos tiempos) de la mano de una gira (doce fechas españolas) llamada “The Miracle Zone”.
En este Tour 2026 presentan “Infinty” (2025) y el EP “The Tree of Life (2025), sus dos más recientes trabajos de los que, como pueden imaginarse, tan solo escuchamos ciertas porciones. En el caso del de Rockville Centre (New York) poco importa lo que toque.
En la preciosa y repleta (sould out) sala El Siglo de Sant Cugat del Vallès) se marcó el enésimo set, sin mácula, al que nos tiene acostumbrados desde hace muchos años. Cierto es que hubiera estado bien extenderse en el espléndido “Infinity” o tocar las cuatro canciones que componen su reciente y pequeña creación (sólo apareció “The Miracle Zone”), pero a un show que comienza con “Last of the Rock Stars” y termina con una “Rock Ballad” descomunal, es imposible buscarle deficiencias; podría tocarlas en bucle y nadie se enfadaría.

En una visita al W.C. del recinto, escuchamos una curiosa frase: “es un trovador que anestesia”. Es evidente que el caballero que adquirió la entrada, con anterioridad, no tenía ni la mínima idea del espectáculo que iba a presenciar y, además, creemos que debería visitar urgentemente al otorrino. Suponemos que hablamos de un caso aislado, ya que, en general, (excluyendo la parroquia parlanchina de costumbre), el concierto se recibió con algarabía, pasión, reconocimiento y fue despedido con ovaciones infinitas, de ahí los regalos de cortesía con “Drive All Night” (que no es un cover de Springsteen sino un tema propio) y la nombrada “Rock Ballad”.
No interpretó la solicitada “Anastasia”, no obstante, el enloquecido fan no pudo quejarse del repertorio escogido. Si obviamos las excelentes y novedosas “The Miracle Zone” (bonita creación de aires parisinos) “Granny Takes a Trip”, “Makin’ It Real “The Lion Winter/The End of the Game” y “Baby Boomers Lament”, el resto fue más o menos lo esperado.

Como no encandilarse con “Green River”, la preciosa balada “Sunlight Keeps Falling”, “Fix Me a Cofee” (“take my heart prisoner, that’s so easily done”), “You’ve Never Know What You’re in For” (remate colosal), la incalificable lectura de “On Elvis Presley’s Birthday” (introducción de libro) o “Come On Louann”, Murphy pidió que encendieran las luces de la sala para que el resplandor de la pieza y la alegría llegaran a su punto máximo.
No debemos olvidarnos de ese teórico final (faltaban las propinas), muy feliz, con “A Touch of Kidness”, “Deco Dance” (dedicada a Lou Reed y recordando las conversaciones entre Reed y su madre) o la definitoria “Just a Story From America”. En ella, con voz triste nos contó que después de haber superado los 50’s, 60, 70, etc… ahora le toca vivir otra pesadilla americana. Sin palabras.
Después de disfrutar con su generosa y nuevamente óptima exhibición, tan solo nos queda decir que Durand, Fatras y Cox son unos cracks insustituibles (se superan en cada concierto) que el amigo Elliott, cantando o recitando, mejora día a día y que te lo llevarías a casa para siempre.
Su nueva camiseta reza: “LITERATURE IS MY RELIGION…ROCK ‘N ROLL IS ADDICTION”. Ahí queda eso para la posteridad. Elliott, no te mueras nunca.
Texto: Barracuda
Fotos: RAMROD






