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Depresión Sonora – Sala Apolo (Barcelona)

Depresión Sonora, el proyecto liderado por Marcos Crespo, vino a la Sala Apolo en un momento de consolidación evidente. Lejos queda ya la narrativa del proyecto nacido en una habitación durante el encierro pandémico. Lo que hoy se presenta sobre el escenario es una propuesta plenamente profesionalizada, con una banda engrasada, un sonido definido y una audiencia que no acude por curiosidad, sino con pleno conocimiento de causa.

Desde los primeros minutos quedó claro que la etapa estrictamente lo-fi forma parte del pasado. El directo apuesta por un cuerpo sonoro más amplio y contundente: baterías secas y repetitivas, bajos prominentes, guitarras procesadas con precisión y una voz que mantiene su característico tono plano, casi desapasionado, convertido ya en seña estética. La pulsión rítmica, mecánica e insistente, vertebra buena parte del repertorio y sitúa el concierto en una línea de continuidad muy marcada. Eficaz, si bien con escasos contrastes dinámicos.

El repertorio se desplegó como un bloque coherente más que como una sucesión de momentos diferenciados. “La Balada de los Perros”, “Sin Volverme Loco”, “No te Hables Mal”, “Desordenarlo Todo” o el himno generacional y transversal “Generación Perdida” encajaron dentro de una misma atmósfera, sin grandes rupturas.

La conexión con el público, mayoritariamente veinteañero, fue inmediata y constante. Se percibe, además, un relevo claro, ya que buena parte de la audiencia parece que ha conocido el proyecto en su fase más reciente, lo que se traduce en una recepción distinta de los primeros temas, menos celebrados que los más recientes.

En ese tránsito reside una de las claves del momento actual de Depresión Sonora. Si el último disco, Los Perros No Entienden Internet (…Y Yo no Entiendo De Sentimientos), ampliaba el espectro sonoro y reivindicaba matices, el directo opta por la cohesión. La desesperanza y el nihilismo se convierten aquí en energía compartida. En cierto momento, Marcos Crespo tomó la palabra para reivindicar el trabajo y la trayectoria recorrida, poniendo en valor el proceso y la construcción consciente de una identidad artística. El cierre, con la aparición de Pablo (“admin” de Alcalá Norte), reforzó la sensación de escena interconectada que ha crecido al calor de internet y que ahora se valida en espacios físicos con naturalidad.

En este sentido, la actuación confirmó que Depresión Sonora ha dejado de ser una anomalía digital para convertirse en uno de los nombres centrales de su generación. Más sólido y estructurado, el proyecto avanza con determinación. La evolución es innegable.

 

Texto y fotos: Álvaro Rebollar

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