
Saben eso que se dice sobre que uno no es profeta en su tierra, ¿no? Pues con Biffy Clyro sentí algo parecido. Esto no es porque la banda liderada por Simon Neil no lo sea en su amada Escocia, y doy fe de ello porque los vi hace un par de semanas en Glasgow, sino porque en Madrid es una admiración desmedida la que el público siente por un grupo que, las cosas como son, merecen cada reconocimiento.
Lo dije la primera vez que los vi en La Riviera hace 5 años y me reafirmo: la conexión que Biffy Clyro tiene con el público madrileño es algo que pocas veces he visto. Un conglomerado que canta todas y cada una de las letras y que destila efusividad con los no pocos guitarrazos de Neil. Una experiencia única, en el amplio sentido de la palabra, pues, como he dicho antes, los vi en su tierra madre y ni de cerca me fui con la misma sensación. Y tengo mis dudas sobre si en otros recintos será igual.
Con una banda más poblada que la vez anterior y con la sonada ausencia de James Johnston por problemas personales, lo que le ha hecho retirarse durante un periodo indefinido, Biffy Clyro se presentó en La Riviera con un maravilloso disco bajo el brazo. Ese Futique que cuenta con joyas como “A Little Love”, “Hunting Season” o “Friendshipping”, esta última dedicada al bajista, y que nos hizo entrar en calor…como si lo necesitáramos.

Sin embargo, la magia de Biffy Clyro reside en sus grandes clásicos. Temas que la banda, reflejada en su carismático líder, toca siempre como si fuera la primera vez. “That Golden Rule” y “Who´s Got a Match” fueron de lo mejorcito del concierto; “Mountains”, “Wolves of Winter” y “Biblical” son las canciones que miden la temperatura del público y “The Captain”, “Bubbles”, “Black Chandelier” y, por supuesto, “Many of Horror” para poner el broche nos recordaron que nos encontramos ante un grupo con una cantidad ingente de hits.
No hubo fuegos artificiales ni una puesta en escena grandilocuente, como sucedió en Glasgow y seguramente en recintos más grandes, pero es que Biffy Clyro no los necesita. Y no los necesita porque los Biffy –Fuckin’- Clyro son pura esencia rocanrol, y en la simplicidad tanto de lo que transmiten como del escenario desde donde lo transmiten es lo único que debería contar. En esto de la música no tendría que ser de otra forma.
Texto: Borja Morais
Fotos: Sergio Albert






